#4 TiemposDesde mi clóset

El privilegio cisgénero en la vida cotidiana | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

Hoy en día distintas corrientes del feminismo han buscado visibilizar las diferencias que distinguen psicosocial y biológicamente a personas trans de las personas cisgénero. Para empezar, resulta fundamental reconocer que existe una norma de género que define las categorías sociales con base en las diferencias sexuales. Es así que las personas con características sexuales primarias, con base en la sexuación biológica, diferencia a la especie como machos y hembras. El énfasis de la genitalidad, categoriza al ser sexuado ya sea como hombre o como mujer, en relación con la anatomía.

La normatividad del sistema hegemónico ha establecido una correspondencia sexo-genérica. Esta correspondencia se convierte un privilegio. Esto debido a que las personas con una correspondencia entre el sexo de asignación, la identidad de género y el rol social de sexo, tienen una ventaja evidente de quien no cumple con esta disposición.

Si bien las mujeres cisexuales y cisgénero, tienen diferencias fundamentales en comparación que sus símiles trans, lo cierto es que ambas padecen los estragos de misoginia y el patriarcado. Sin embargo, a diferencia de las mujeres cisgénero, las trans no cuentan con la legitimidad mínima dentro de la especie sexuada. Ya que, han sido invisibilizadas, patologizadas y aniquiladas de la historia occidental. Por tanto, la vulnerabilidad que las coloca en riesgo frente a la violencia feminicida y la discriminación no dista casi nada de la que padecen sus homólogas cis.

Dicho lo anterior, derivado de la polémica causada por Lupita Jones, y las detractoras TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist), por sus siglas en inglés, de las poblaciones trans, es importante hacer un análisis más profundo sobre la importancia de mitigar los discursos de odio. Esto debido a que el machismo no distingue identidad de género. Tanto las mujeres trans como las cis son víctimas de la violencia que está provocando desde burlas y exclusión hasta feminicidios.

Foto: Juan Carlos Rojas para EspacioMex

Un imperceptible privilegio

¿Alguna vez has temido acudir al banco a cobrar un cheque por temor a que no te lo quieran cobrar porque tu apariencia no corresponde con tu nombre asentado en tu ID? ¿Cuántas veces has perdido una oportunidad laboral porque la ropa que usas, tu cabello, el maquillaje que traes, no corresponde con tu identidad legal?

Las personas trans, de forma cotidiana padecen los estragos de la normatividad del sistema sexo/género. Desde la primera infancia son reprimidas por la familia, una estructura social diseñada para la cisexualidad. Luego en la escuela, son víctimas de constantes ataques por su apariencia y la forma en la que expresan su género.

La violencia transfóbica está presente a lo largo de la vida, cada día, en todo espacio, por lo que es importante reconocer que existe un privilegio relacionado con la correspondencia del sexo asignado y la identidad de género. Nuestro deber es proteger los derechos de las personas trans, incluirlas en la dinámica social y favorecer el acceso a una vida libre de violencia.  

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