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Él podría ser el mejor portero del mundo | Columna de Alma Barajas

Capitana #13


Recién se publicó mi columna de la semana pasada y mensajes de incredulidad aparecían en mis redes sociales. Que si “a poco era verdad esa historia”; la gente estaba intrigada por una anécdota que en palabras de amigos era “fantasiosa”. También llegaban mensajes preguntando por el “porterito” protagonista de mi columna.

Pues no sé cómo pasó, pero de alguna forma, de un día para otro estaba recibiendo un mensaje del protagonista porterito, que ahora ya es un joven de 18 años y que de manera muy amable me agradeció un detalle que nunca esperó llegara a tanto. Cuando lo vi, no podía creerlo, era él de verdad, era Adrián.

Quiero comentar que por privacidad cambie los nombres del portero y su papá la ocasión pasada. Esta vez él me autorizó a escribir sobre su historia, un poco más a fondo. Espero con esto se den cuenta que a veces en la vida, las historias “de película” también le suceden a mortales como nosotros.

Justo algunos me preguntaban por el paradero de aquel niño que en junio del 2011 recibió su trofeo de portero menos goleado de la liga, con sinceridad respondí que no tenía idea, que lo último que conocí sobre él fue que migró para la ciudad natal de donde era su mamá. Y vaya sorpresa la que me tocó vivir cuando en días pasado, este portero me contactó.

“¿Extrañas a tu padre?, fue tal vez la pregunta más importante de nuestra conversación. “Creo que eso se responde solo, él era todo para mi, era más que mi héroe, él me enseñó todo. Mañana se cumplen 7 años de su muerte”.

Ser futbolista profesional requiere de cualidades dignas de un gran deportista: juventud, temple, y una larga lista de características físicas y también emocionales que siempre son necesarias para desarrollarse en esta profesión. Sin embargo, a veces al mejor futbolista también lo encontramos fuera de las grandes ligas, lo vemos en un niño soñador con ganas de salir adelante, en aquel que sin los mejores tachones, sin el bloqueador en su piel, sin seguro médico o sin bebidas hidratantes sale al campo de tierra a luchar por un triunfo, esperando tal vez romperse un pie o un brazo ,pero dejando el corazón y todo su esfuerzo en la cancha.

Adrián es el mejor ejemplo de este tipo de jugador fantástico que no necesitaba de mucho para hacer grandes cosas. “Mi papá me enseñó todo lo que sé, siempre fue él y siempre lo será”, palabras que soltó dentro de una amena charla mientras yo imaginaba lo difícil que debe ser pasar por algo como aquello que a él le tocó vivir. Me contó de Giovanni, su compañero de equipo que salía a pedir con un bote ayuda económica para Adrián y su mamá. Me contó de las largas caminatas que su papá emprendía para convencer a pequeños jugadores de futbol de integrarse a su equipo.

Adrián ama ser portero. Adrián sigue siéndolo, y él sabe que su papá, el hombre que se fue aquel inolvidable día del padre del 2011, lo sigue guiando y apoyando. No hay mejor guía en la vida que el recuerdo de un gran hombre acompañándote en el camino. Adrián lo sabe y si ha seguido adelante es por este recuerdo hermoso que lleva consigo de su admirado padre. Pues sí, a veces en la vida también hay historias que por muy increíbles que parezcan, fueron reales, y a Adriancito le tocó vivir una de esas historias.

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