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El Peje que vio Rioverde | Crónica de Jorge Saldaña

Alrededor de 5 mil personas presenciaron el evento

¿A cómo da el Amlito?, preguntó una señora en el puesto autorizado de “souvenirs” de Morena instalado durante el tempranero pero masivo evento que tuvo ayer Andrés Manuel López Obrador en Rioverde.

Los “Amlitos” son esos muñecos de fieltro y tela con la figura caricaturizada y sonriente del candidato y que, justo igual que el tabasqueño, van a la alza.

—150 ya es lo menos porque si no ya no le gano, confesó la vendedora.

López Obrador atravesó a la multitud reunida en la calle de Morelos, aproximadamente desde la calle de Abasolo hasta la esquina con la calle de Colón donde estuvo instalado el templete del evento.

El sol cayó con fuerza, el calor semi-húmedo era insoportable al mediodía del martes en el municipio más significativo de la Zona Media de nuestro Estado. Aún así se calcularon entre 4 y 5 mil personas las que estuvieron presentes celebrando las bien ensayadas propuestas hechas frases del candidato de la coalición “Juntos haremos historia”.

“Presidente, presidente” coreaban las voces de miles de maestros que fueron felicitados por el tres veces aspirante a la primera magistratura, sobre todo cuando soltó la conocida arenga de dar marcha atrás a la reforma educativa.

Primo Dothé, el candidato a Senador a duras penas pudo llegar al templete pero no le valió la carrera porque cuando llegó, lo bajaron.

Primo se bajó corriendo de un pequeño auto rotulado con el logotipo del partido y siguió su carrera a pie. “Veníamos atrás de él, pero no sé por dónde lo metieron”, confesó al reportero que le siguió el paso apresurado.

Ni su cercanía al candidato, su camisa de campaña o su rostro impreso en varias mantas instaladas en el lugar fueron suficientes para que la comitiva lo esperara o se le pudiera abrir paso entre el gentío, por eso prefirió tomar un atajo por la calle Hidalgo, paralela a donde se llevó a cabo el evento. No obstante, cuando llegó por fin al pie del templete, el maestro de ceremonias pidió a todos los arriba presentados (diputados locales, federales, alcaldes y presidentes de los partidos) dejar al candidato solo con su gente.

Durante su discurso, mismo que manejó un día antes en Ciudad Valles y semanas antes en Matehuala, Andrés Manuel recibía sin mucho entusiasmo a niños y niñas que se le acercaban para entregarle papelitos como si se tratara de mensaje o recordatorios de su equipo, pero parecía más bien una tierna pantomima de campaña que AMLO no supo aprovechar del todo porque, aunque tomaba los mensajes y eventualmente abrazaba al niño o niña mensajero, en ningún momento se distrajo de su mensaje.

Atrás una pantalla hacía eco visual del candidato en una especie de circuito cerrado limitado a una cámara que seguía en medium shot al aspirante presidencial.

Si acaso como novedoso, el de Macuspana adelantó que no hablaría de cómo iba en la elección y se justificó anunciando los resultados que un día antes presentó el periódico El Financiero, en los que lleva más de 20 puntos de ventaja, pero además agregó: “hasta en las apuestas de las Vegas, nos dan un 85 por ciento a nuestro favor”

Así, saltándose la explicación de su posición en la tabla, se arrancó con sus célebres frases convertidas casi en lemas: “No vamos a usar el avión presidencial, no voy a vivir en Los Pinos porque está embrujado y se aparece el Chupacabras, vamos a poner el ejemplo bajando el sueldo del presidente a la mitad de lo que gana Peña, cancelaremos los 5 millones que reciben de pensión los expresidentes, se robaron 500 millones en el galerón que hicieron para el avión”. Y una de las favoritas de todos: “Los vamos a vencer, les guste o no les guste a los de la mafia del poder”.

No importa cuántas veces han sido escuchadas esas frases y parece que a nadie le importa, pues cada una de las expresiones son celebradas por todo lo alto.

No es el debate, no es la dialéctica, ni siquiera el discurso. La narrativa que construye en la plaza pública definitivamente es el fuerte de Andrés Manuel.  

“Si por bajarle el sueldo a los de arriba, para subir el salario de los de abajo soy populista, entonces… que me apunten en la lista” y los aplausos que no se dejan esperar.

El Peje se despide, canta el himno nacional y promete regresar a Rioverde como candidato electo. Bajando las escaleras ya están los medios locales y nacionales esperando la declaración post evento.

No cae en provocaciones ni se mete en honduras, responde con frases cortas, muy apegadas a su discurso, defiende sus posición sobre la reforma educativa y evade hablar sobre por qué suavizó su posición respecto a cancelar el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México asegurando en la semana que no dará marcha atrás pero se construirá bajo un sistema concesionado.

Andrés Manuel está seguro que ahora sí será presidente. Habla fuerte en la plaza, sí, pero se le nota que acaricia ya la idea de tener el primero de diciembre en su pecho la banda presidencial, y por eso ya suaviza su postura en los temas de la agenda nacional. Se prepara para que las condiciones de la transición sean más tersos, casi como el fieltro que cubre su cabeza en los “Amlitos”, esos que están, definitivamente a la alza.

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