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El papá y su hija futbolista | Columna de Alma Barajas

La Capitana #13


Ya son más de 15 años jugando futbol en ligas femeniles, qué difícil ha sido ver crecer este deporte en dicha categoría. Constantemente se presentan obstáculos envueltos en la discriminación que surge del legado machista o de la ignorancia social misma. Por suerte, y según mi criterio la ignorancia no es mala. Las personas acostumbran a emitir burlas sobre la gente ignorante, eso es tan común, no entienden que la ignorancia se va con el tiempo, con el aprendizaje, con el conocimiento, la mala educación es la que difícilmente se retira del ser humano que con terquedad se decide a ser maleducado a través de las burlas y señalamientos absurdos.

Precisamente la evolución social ha disuelto la ignorancia en ideologías cerradas y exclusivas, que dejaban a la diversidad de género estancada. Actualmente el conocimiento y tolerancia han tomado caminos similares en pro del bienestar de género. Un ejemplo claro es el tema del fútbol femenil y su aceptación entre los varones, este deporte a pesar de seguir aún con trabas inminentes, se ha desarrollado como hace 30 años no lo imaginaba ni el mismo Comité Olímpico Internacional (COI), cabe destacar que fue hasta 1996 cuando fue incluido en competencia olímpicas.

Lo anterior solo son datos complementarios, el punto más importante a expresar, es el respeto que se han ganado los padres de las jugadoras futbolistas, aquellos que apoyan, que gritan, que aconsejan, que se enojan y aplauden el esfuerzo de aquellas chicas que dan todo en la cancha por su equipo. Padres que como varones saben respetar y motivar a un equipo femenil y eso merece todo mi respeto.  

En más de 15 años no había podido ser testigo de algo como lo que me ha tocado vivir en estos meses. Cada domingo la liga femenil de la cancha de fútbol rápido de Muñoz recibe a mi equipo, “Coconuts”, y en el acto es inusual para mi observar todo el apoyo que los papás de las integrantes otorgan al equipo. Que si el juego es a las 8 de la mañana, ahí está toda su familia presente, que si es cuando el sol más quema, también.


La emoción que aparece al momento de ver el entusiasmo y la pasión que estos padres imprimen en sus rostros y expresiones es enorme, y en mi caso, al ver esto, lo proceso, y lo devuelvo con profundo agradecimiento. Porque sin ellos el equipo que nació ya hace casi un año no sería el mismo, y sé que aquella persona que lo inició debe estar feliz, viéndonos desde un cielo lleno de colores ganar nuestros primeros partidos por ella.


Maravilloso es el único término que describe esos momentos de fraternidad donde se demuestra que no son solamente jugadoras en un equipo de fútbol, este equipo es el vivo ejemplo del cariño familiar dentro de un grupo, todo generado por nuestro deporte favorito, y a través de estas experiencias puedo decir que somos un equipo que ha demostrado ser como una familia. Aunque suene a cliché lo escribo basándome en la más pura realidad. Y esta percepción es por ellos, por los papás, las mamás, los hermanos y novios que asisten, vitorean y animan cada domingo sin falta a mis coconuts.

No me imagino a estas alturas un domingo sin Luis aconsejando desde las gradas a sus hijas y reclamándole al árbitro sus metidas de pata. Qué sería de Judith sin la voz de Temo, nuestro entrenadorsito, y su papá Antelmo que con tanta experiencia, guía, corrige y aplaude las hazañas. Javier es otro de los papás que siempre presenta su carácter de líder en la cancha, y Lore su hija lo sabe. No puede haber un domingo sin ninguno de ellos, sin Miguel dirigiendo oficialmente a las Coconuts, con su temple sereno y solidario, con su visión. Gracias papás por estar ahí, por aguantar las golizas y tener una sonrisa y un “bien hecho” ante los fracasos, ya estamos ganando, el equipo creció por sus consejos, igual sé que a pesar de todo, el equipo de sus hijas, es el mejor del mundo.

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