#4 TiemposDesde mi clóset

El miedo fabricado | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

La homosexualidad como parte de la dinámica social es una forma más de vida. Por tal motivo debe ser vista como una simple orientación sexual. La homofobia es un absurdo, como lo es la ginefobia (miedo a las mujeres), xenofobia, incluso la misoginia.

En su hambre y sed de poder, el ser humano utiliza la violencia simbólica para determinar quién es la figura dominante. A lo largo de la historia de la humanidad, la violencia simbólica la ha ejercido el hombre, más que el hombre la construcción de una figura masculina. Ser hombre significa tener un pene, ser mujer una vagina y por ende las características fisiológicas que la diferencia sexual conlleva. Sin embargo la diferenciación genérica es una construcción cultural que a lo largo de la historia se ha formado y estructurado.

La masculinidad y la femineidad no son innatas, son prácticas sociales aprehendidas desde los primeros años de vida.  La carencia permanente de una educación sexual, además de la represión institucional hacia lo corpóreo, la exageración de lo etéreo y la desinformación que genera ignorancia, han sentado las bases para la prevalencia de la discriminación.

La discriminación es un fenómeno social que se vierte en diversas aristas. Existen varios grupos vulnerables víctimas comunes de segregación, rechazo y violencia. En el caso de los homosexuales, la discriminación se gesta en ocasiones desde el interior. La lucha interna del individuo por transgredir la norma dominante, se genera desde la toma de una decisión: Soy Gay.

Un individuo decide convertirse en homosexual en el momento en el que comienza a construir su identidad. Surge de la misma forma de quien decide ser vegetariano, panista, mormón y licenciado en comunicación. Es un proceso. Una búsqueda del ser, del yo, aquel que con tanto énfasis mencionó Sigmund Freud.

Pero, si la homosexualidad es una simple orientación sexual y ha existido desde siempre, ¿Por qué hay gente que teme al grado de sentir fobia? La respuesta es simple: la cultura. La cultura, vista como un tránsito constante de significados, símbolos, y signos, es la responsable de gran parte de lo que somos, si no es que de todo. La homofobia es una construcción cultural. Como lo es el miedo a las arañas o a la oscuridad, todo es un mito prefabricado con un fin específico.

Se llama la cultura del miedo. Citando a Pierre Bourdieu, el habitus ha obligado al ser humano a vivir atado a una realidad construida. La clase dominante ha sido la encargada de fabricar un habitus, de ponerle un nombre a todo, de apropiarse del poder, pero sobre todo de mantener al resto de la humanidad en un estado de letargo, amedrentada, asustada.

Desde la infancia el individuo aprehende a temer, al coco, al señor de la basura, a la bruja, a los fantasmas, miedo, miedo, miedo y más miedo. Temor, sumisión, terror, Diosito, Religión, todo se entrelaza.

La explicación es de lo más simple, el ser humano descubrió hace miles de años que el miedo funciona como herramienta de dominación. Lo supo explotar por lo que lo sigue utilizando.

La homofobia es el miedo hacia los homosexuales, de la misma forma la lesbofobia y la transfobia aluden al temor hacia las lesbianas y transexuales. ¿Miedo? Sí, el miedo no andara en burro, pero qué tal en seres humanos. El temor hacia las personas con preferencias sexuales distintas al habitus, es parte de la violencia simbólica que Bourdieu describe ampliamente.

La dominación masculina ha impostado roles de género específicos. El ser femenino y ser masculino se construyen a partir de un ejercicio para segmentar el poder. De disociarlo para luego encausarlo para beneficio del sector dominante de la sociedad.

El contar con un día mundial contra la homofobia no sirve de nada si no se comienza por educar. La educación sexual es fundamental, el enfoque de equidad de género y la igualdad de derechos son básicos si se pretende una revolución social.

Hace 30 años, la OMS (Organización Mundial de la Salud) eliminó de su manual de enfermedades psiquiátricas a la homosexualidad, según ellos “descubrieron” que no se trataba de un trastorno mental, sino de una simple orientación sexual.

Carajo, fue necesario casi un siglo de estudios científicos para darse cuenta de que la homosexualidad así como la heterosexualidad son construcciones culturales. Inventos viles del ser humano en su afán de controlar.

El exhorto es concreto, estudia, infórmate, aprende, aprehende, construye y destruye la norma, haz malabares, derrumba, edifica, busca y experimenta. Y que no suene a manual barato de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, lesbianas, gay, travestis, transexuales, transgénero, e intersexuales somos seres humanos, con los mismos derechos y obligaciones civiles, con las mismas oportunidades, con las mismas capacidades, lo contrario es discriminación, por tanto una violación a los derechos fundamentales de la humanidad.

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