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El maldito decepcionante mundo del deporte | Columna de Alma Barajas

Capitana #13

 

 

Solo a veces se puede aplicar esa expresión, no siempre. La mayoría de las veces aprendemos a creer en los milagros gracias al deporte, aprendemos a soñar gracias al deporte, aprendemos a llorar y a reír gracias al deporte, mezclamos sentimientos de todo tipo y los canalizamos en uno solo: el orgullo, ya sea para bien o para mal, el orgullo sobresale.

Se dice fácil  â€œsé humilde”, pero cuando la habilidad sobresale en tu persona es difícil mediar con la humildad y la soberbia. Recuerdo mis buenos tiempos, 18, 22 años aproximadamente. Un mundo lleno de habilidad y cadencia, de drible perfecto, ahora con 28 años se está quedando atrás ese mundo que tanto me gustaba vivir.

Recuerdo lo fascinante que era poder sentir la calidad que desprendían mis pies al llevar un balón hasta dejarlo al fondo del arco, recuerdo también el decepcionante pasaje del tiempo aquel que, con sus “banqueadas” me llenaba de frustración y ansiedad, porque sí, había mejores que yo dentro del cuadro titular.

El fútbol y sus 11 titulares, el futbol y sus límites, los buenos y los malos. He ahí la decepción, el punto de quiebre entre creer en tu equipo, tu director técnico, y en ti mismo, porque, no es sencillo aguantar ser la segunda opción, el plato de segunda mesa. No es fácil ver cómo aquel que está dentro, ocupando tu lugar, comete errores garrafales mientras tú te comes las uñas por poder demostrarle a todos que puedes hacerlo mucho mejor que aquel.

Ese coraje que sale de la nada apoyado por la soberbia, es decepcionante. Yo le viví mil millones de veces, todo deportista lo vive, es un proceso normal en la vida de un competidor, de un triunfador. Pero, con el paso de los años aprendí que jugar en equipo es precisamente eso, aguantar las decepciones, para salir adelante, porque soportar, tolerar y respetar las decisiones de quien te está guiando, y por mucho que cuesta ver el trabajo de algunos compañeros, verlo y aplaudirlo y tragarte el coraje para sacar una sonrisa sincera, eso es ser un equipo.

Dicen que aquel que peca y contradice las leyes de Dios no puede entrar al reino de los cielos, pues siempre he comparado esa frase con “aquel que no sabe aguantar, apoyar y respetar las jerarquías de un deporte de competencia, no tiene nada que hacer en él”. Las decepciones del deporte son muchas, esta es una de ellas, esa parte de quedarte atrás, de ser invisible, de ser quien tiene potencial pero es superado muchas veces, de ser quien se queda sin estrenar los tachones por ver como se equivocan los que si los están usando.

El crecimiento de un deportista humilde radica ahí, en el respeto a las decisiones, a las jerarquías, y sobre todo en la búsqueda de un objetivo en común, el triunfo. Sí, hay muchas decepciones en todo ambiente, el valor del ser humano siempre crece cuando sabe cómo aceptarlas, canalizarlas  y superarlas para poder dar el siguiente paso.

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