El maíz de los pobres y adorno de los ricos: El chamal. Columna de León García Lam

12:08 15-agosto-2016
El maíz de los pobres y adorno de los ricos: El chamal. Columna de León García Lam

CONTRAPUNTO.

Estábamos Ámbar y yo tomando café en una plaza comercial. Al salir, pongo atención a las macetas y observo sorprendido las plantas. Me transporto 20 años atrás, a las postrimerías del siglo pasado, a una clase de antropología, cuando el profesor Dominique Chemín nos habla a un grupo de estudiantes acerca de una planta extraordinaria: el chamal; la cual –nos explicaba en esa ocasión– es una especie rarísima porque además de longeva y persistente es extremadamente lenta en su crecimiento, apenas unos cuantos milímetros por año. Él la conocía muy bien, pues los indios pames del sur de San Luis Potosí y el norte de Querétaro hacen tamales con sus semillas, y, aunque los chamales son venenosos, los pames saben neutralizarlos y aprovecharlos culinariamente.

 

Es muy probable que usted, culto lector de La Orquesta, nunca haya escuchado hablar de los chamales, y sin embargo, como yo, quizá se ha topado con ellos en los últimos meses, solo que ha pensado que es un ornamento de plástico o por lo menos una palma simple. Permítame presentársela, seguro que se sentirá muy orgulloso de ser paisano de este vegetal único, milenario y tenaz.

 

¿Cómo es? Como mencioné ya, a simple vista parece una palma: un tronco del que salen tallos y hojas delgadas muy duras y brillosas, tanto que usted pensará que son de plástico; sus tallos se renuevan dejando restos en el tronco. En el centro del chamal, crece una bola carnosa, suave y protectora, que contiene las semillas. Desde el punto de vista botánico, las cícadas son las plantas con semilla más primitivas que se conocen, imagínese que en el Mesozoico alimentaron a los dinosaurios. Además, los chamales son plantas muy longevas, los especialistas afirman que algunos individuos logran vivir hasta 2 mil años.

 

Las especies de cícadas que se encuentran en el sur de San Luis Potosí (Dioon Edule) son muy venenosas. Una planta de chamal puede desorientar, marear o matar a una vaca de tamaño regular; no se diga a un cristiano o a una persona. Por esa razón maravilla el hecho de que los pames de San Luis Potosí sepan neutralizar las sustancias tóxicas del chamal y aprovecharlo para hacer ricos tamalitos. Regresando a aquella clase del profesor Chemín, se nos explicaba que el chamal sustituía al maíz, especialmente en los tiempos de hambre. 

 

Ahora le cuento que estuve en el mero corazón del territorio del chamal, en el norte de Querétaro, esquina con San Luis Potosí. Por invitación del antropólogo Luis E. Zapata tuve la oportunidad de conocer a algunos rancheros que lidian con la protección de esta planta, al mismo tiempo que con su perjuicio, aprovechamiento y consumo. A don Martín le pregunté: “oiga, y cree que pueda publicar en La Orquesta algo sobre esta planta y su problemática?” y me contestó: “Explique que aquí se usa la palabra desenchamalar”.

 

Su problemática. El chamal es una planta protegida por la NOM-059 y considerada en peligro de extinción. Lo más fácil es culpar a los pames por consumir tamales con su semilla, pero este consumo no es lo que pone en riesgo a las poblaciones de chamal, sino su comercialización masiva y, como dijo don Martín, “desenchamalar” el monte (y el que mejor lo desenchamale mejor desenchamalador será).

 

Los ganaderos, queretanos y potosinos, sufren grandes pérdidas económicas cuando sus reses comen chamales. Para evitarlo, en sus ranchos perforan con una barra el centro del chamal y le echan diesel; de esta manera se asegura que la resistente planta no vuelva a brotar. Los empresarios constructores también contribuyen con la desaparición paulatina y masiva de esta especie: pues se usa como ornato en los edificios modernos: es una planta exótica, barata, y que por desconocimiento, puede pasar por una palma cualquiera; en estos espacios los chamales pueden vivir tranquilamente, pero es imposible lograr su reproducción.

 

En San Luis Potosí el hábitat del chamal se encuentra al sur del Estado, en los municipios de San Ciro, Lagunillas, Santa Catarina, Tamasopo, Alaquines, Valles y Aquismón. En la ciudad de San Luis Potosí, podemos encontrar chamales en peligro de extinción adornando algunas de nuestras plazas comerciales, como El Dorado y Citadella (seguramente con todos los permisos necesarios), así que la próxima vez que ande de shopping, puede detenerse unos minutos frente a los maceteros de la plaza y conocer tan sorprendente especie oriunda de nuestro San Luis Potosí.

 

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