#4 TiemposDesde mi clóset

El legítimo proceso de resistencia al estado heterosexual | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

Este domingo, una mayoría de las personas votantes decidieron otorgarle el poder a un personaje particular en la historia política del país. Hoy, ese individuo cuenta con el poder de hacer lo que requiera para satisfacer sus ideales. Tiene mayoría en el Senado y en la cámara baja. Buena parte de las legislaturas en los estados estarán pintadas de algo parecido al marrón. Es decir, el país entrará a una nueva era donde el presidencialismo podría enfatizarse. No se necesitan pactos por México ni coaliciones legislativas, la simple mayoría en San Lázaro le da para incluso llamar a una nueva constituyente.

Dicho esto, las implicaciones de un cambio de paradigma, si bien son pertinentes debido al hartazgo social y la desazón popular por el gobierno, lo cierto es que para las personas no heterosexuales es un atentado de origen. El actual contrato social es heterosexual. La vida pública y política está asentada en principios que no toman en cuenta a las llamadas minorías sexuales. El hecho de que en su primer discurso como candidato electo haya mencionado el velo por el respeto a las “preferencias sexuales”, esta no es una concesión, ni mucho menos una dádiva, es el resultado de cuarenta años de lucha, de muertes, de resistencia.

El hecho de que el ahora presidente electo nombrara a las preferencias sexuales es un indicio de que sabe que existimos, sin embargo, no se habló sobre la ciudadanía trans, que, en un mundo cisnormado es fundamental su reconocimiento desde el discurso. Lo que preocupa, es que inmediatamente después, su discurso enfatizó en visibilizar a los líderes religiosos y creyentes. En un estado laico, que acaba de conceder por lo menos un octavo de curules en el Congreso de la Unión a la ultraderecha religiosa, no es menor que pensemos en atrincherarnos para dar la batalla como diversidad sexual.

Y es que hay evidencia documentada de la excesiva demagogia convertida solo en ilusiones endulzantes del oído del votante para conseguir el poder, que jamás se ven traducidas en legislación incluyente, políticas públicas focalizadas, ni mucho menos la etiquetación de recursos para mitigar los efectos de la violencia y la discriminación.

La lucha de clases no implica necesariamente una lucha por la igualdad entre los géneros ni las identidades sexuales. La pobreza y la riqueza son estadios exógenos, la construcción de la identidad sexual, el reconocimiento de los afectos y las vinculaciones afectivas son procesos endogénicos. Por tanto, ante la frase, no hay libertad política si no hay libertad sexual, tendría que existir una reflexión sobre la forma en la que el sistema naciente buscará desestabilizar el status quo cisheterosexual, para reconocer la existencia de identidades sexuales diversas.

Es plausible observar que de forma histórica las mujeres ocuparán un porcentaje superior al de los hombres dentro del Senado, por ejemplo. Sin embargo, cuántas de esas mujeres son lesbianas, bisexuales, y más aún mujeres transgénero o transexuales. Hoy en día además de luchar contra la violencia trasfóbica presente en la vida pública e instituciones, también las mujeres trans tienen que luchar desde la academia, para contrarrestar los postulados de un sector que niega su identidad, las TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist, por sus siglas en inglés). Lo cual, coloca a este sector de la población en una situación de desigualdad multinivel, ya que además de luchar contra los determinantes sociales que las han colocado en vulnerabilidad, además hay que luchar contra un sector de la ciencia, que, además de patologizarlas, las excluye teóricamente.

En este sentido, es importante puntualizar que la identidad sexual, como proceso primordialmente endógeno, atraviesa por las fibras más profundas del ser. Antes que pobre, soy homosexual, soy moreno, soy “feo”, soy chaparro, soy gordo, soy femenino. Si pensamos que la revolución empieza y termina quitando a grupo Atlacomulco del poder, algo estamos reflexionando mal.

En el poder siguen los hombres, siguen las personas cisgénero, heterosexuales, lo masculino continúa en la cúspide. Solo basta leer las notas que criticas el outfit de Beatriz, que, desde mi perspectiva ha sido exhibida como un botín de guerra. ¿Cuál es el objetivo de que esté todo el tiempo para un paso atrás junto al líder? ¿No es acaso un mensaje simbólico para legitimar a la familia nuclear monogámica heterosexual? ¿Qué hubiera pasado si la presidenta electa de la república fuera una mujer translesbiana, tendría que haber subido a sus dos parejas estables, con las que lleva más de diez años conviviendo?

Es necesario reflexionar sobre las implicaciones de un cambio a medias. Donde solo se piensa en la lucha aparente de clases, sin hacer un proceso crítico reflexivo sobre la forma en la que el régimen heterosexual cisnormado y patriarcal se transforma de manera tal que impide su salida.

La lucha sigue, y esta batalla apenas está por comenzar. La revolución será transfeminista o no será. La revolución será marica o no será. Esta elección no es ninguna cuarta transformación en el orden social del país, a otra perra con ese hueso. Esta perra (yo), va más allá.

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