El graffiti y los sillones. Columna de León García Lam

11:05 03-marzo-2016
El graffiti y los sillones. Columna de León García Lam

CONTRAPUNTO.

Ardorosos reclamos provocó la noticia de los signos graffiteados en el edificio Ipiña. Desgraciados vándalos, ignorantes aquellos que atentaron contra el patrimonio cultural de nuestra ciudad, decimos. Alzamos airados reclamos como si realmente nos importara el edificio, el patrimonio y los bienes de la cultura, manteniendo la postura políticamente correcta en las redes sociales. Porque estar preocupado por las causas culturales o por los derechos humanos o medioambientales es al mismo tiempo estar a la moda sin el problema de ser muy mainstream.

Las redes sociales nos permiten además practicar la intolerancia aparentando justicia y tienen la ventaja de poder juzgar a los demás de una manera muy cómoda: en el sillón, dando clickazos a diestra y siniestra.

La gente que siente que le rayaron la potosineidad –que le mancharon su patrimonio–, no se ha preguntado por las causas sociales que mueven a algunos a graffitear las superficies de los bienes inmuebles y muebles (también coches, vagones, patrullas y helicópteros). Ni se ha preguntado por los valores que promueve la arquitectura profanada: el clasismo, aristocracia mezclada con alta burguesía que ostenta el edificio. Ni por lo que representa profanar un inmueble de esta naturaleza. En este caso, como en otros, cuántos no se convierten ipso facto en autoridades en materia de arte y de cultura.

Graffitear, bombear o taggear un edificio neoclásico como el Ipiña sí es una profanación. Claro que sí, pero como tal tiene sus causas, todas ellas interesantes de reflexionar.

¿Ese tal edificio no se está cayendo a pedazos? ¿Y a quién le ha importado? Sí, todos hemos visto cómo cada día resulta más difícil mantener un negocio redituable en un local del centro. ¿La parte anterior del inmueble no está ocupada por un estacionamiento más horrendo que las bombas pintadas? ¿Realmente es más digno un local de baratijas que un graffiti? Vea en lo que se ha convertido el edificio de La Sociedad Potosina La Lonja o la casa de La Exposición. ¿Es más importante el edificio que la juventud que se manifiesta? Afirmaré esto: Aunque el edificio se está cayendo de abandono, finalmente se va a restaurar y se invertirán más recursos en su recuperación que en la juventud ahí expresada.

Si a usted le molesta el edificio taggeado, piense un poco antes de juzgar a los profanadores del patrimonio: ese es el estado de nuestra sociedad. Edificios burgueses y aristocráticos que son bellos porque provienen de antiguas opulencias vergonzantes y, sin embargo, el día de hoy son insostenibles; estas joyas de la arquitectura ya no son redituables y por ello fueron abandonadas por sus dueños, porque los burgueses de hoy ya viven en otra parte de la ciudad. Esos inmuebles, antes señoriales palacios, hoy son los sirvientes del pequeño comercio global que es la única raja que le pueden arrancar a esos muros.

Los jóvenes que bombearon el edificio gritan desesperadamente por el estado de esta sociedad que se preocupa más por viejas piedras que por sus individuos. Umberto Eco, ese pensador italiano al que tanto se le lloró en las redes sociales, llamó apocalípticos a quienes se escandalizan por la destrucción de la alta cultura. Por supuesto que no se celebra aquí el daño a lo que en otro tiempo fue la cúspide del buen gusto; pero si se va a condenar el estado de las cosas, por lo menos se sugiere que se empiece por sus causas sociales y se apunte al abandono social de la juventud.

Por último ahí les va esta encrucijada: yo no sé qué es más dañoso ni que es más denunciante, si el cómodo click desde el sillón o el clic del aerosol de un joven que se expresa.

 
 
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