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El futbol nos une | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

Los amigos borrachos son la encarnación del diablo. Seguidores de satanás en las banquetas y los bares. Fieles admiradores de las brujas que arriban a Rockabilly entrada la madrugada, las mismas brujas que dejan marcas en la cerviz. Los mismos que convierten una partida de Xbox en un secuestro de 48 horas. Por esas y más razones los amigos borrachos de un hombre nunca serán bien recibidos por sus parejas. A menos que sea la final de Ascenso MX Bancomer y ellos cuenten con un par de boletos para el partido. Los resentimientos e insultos tendrán que ser reprimidos a cambio de las entradas.

El fútbol no sólo eliminará fricciones con los amigos, generará nuevas amistades en la larga espera en el baño. Una decena de mujeres formó una efímera amistad mientras el gol de Dorados cayó como balde de agua fría. Se echaban porras para que los restos de la cerveza saliera lo más pronto posible. Ese líquido devoto a Dionisio crea héroes sin capas; aquellos salvadores que llevan a un asiento seguro a los borrachos de medio tiempo. Esos hombres que sin importar el alto costo de la cerveza nos compartieron un poco en cada uno de los cuatro goles que el Atlético de San Luis nos regaló. Anotaciones que de nuevo le dieron significado a Carrancear. Y sí, de nuevo unió a cientos de potosinos, sin importar el horario y el día decidieron unirse en una sola barra. Una barra que no dejó de alentar los 120 minutos. Una barra que no perdió la esperanza por más que el marcador estuviera en contra. Una barra que demostró que si hay una plaza que merece un equipo en primera división es San Luis Potosí.

El fútbol como el himno nacional mexicano nos une contra los extraños enemigos. Esos enemigos que defienden las porterías. Esos que usan su tiempo para dar una clase de actuación. Esos que no son porteros son trabajadores de los burdeles. El fútbol es inspiración de cánticos, cánticos más coreados que una canción de Vicente Fernandez. Prueba de ello es la cancioncilla inspirada en d10s. “Maradona gusta de comer con un pequeño doblez” se escuchaba una y otra vez en el Estadio Alfonso Lastras Ramírez. Ese estadio que vio las mejores glorias de un extinto Club San Luis, al igual que, las terribles acciones de las barras. Esas riñas contra el Tigres y el Necaxa que terminaron por vender una de las franquicias más apasionadas del fútbol mexicano. Pero no importa el dueño ni los colores para los verdaderos aficionados al balompié, esos que no sólo van a una final para presumir una foto. Ni mucho menos para los que sólo vieron la final como un negocio.

Los verdaderos aficionados que llevan en su memoria a De Faria, pero agradecen a Sosa.  

Esos aficionados que se reunieron en la glorieta Bocanegra, para gritarlo y gritarlo fuerte porque la primer meta está cumplida: ser campeones del torneo.  Y así poder seguir soñando con volver.

¿Si se le ganó a D10s, quién contra nosotros?

 

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