#4 TiemposColumna de NefroxDeportesRusia 2018

El equipo de todos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Testeando


Amo los mundiales. Estados Unidos 94 fue el culpable de dos cosas: aprender y enamorarme de la geografía, y volverme un desaforado amante del futbol.

Pero, ¿por qué tanto amor a los mundiales? La respuesta es simple: en los mundiales no tengo un rival, todos los que yo conozco, somos del mismo equipo.

Ok, en mi casa hay varias aficiones: mi hermano le va a las Chivas, mi madre “al que gane”, mi padre dejó su corazón con el Atlético Potosino y ahí sigue y seguirá; por mi parte he aprendido a amar a los equipos potosinos y digo con orgullo: yo le voy al SAN LUIS. Mis amigos le van a otros equipos: Necaxa, Tigres, Rayados, Cruz Azul, América y hasta Puebla o Morelia son algunos de estos; obvio no faltan los que comparten el gusto por San Luis, y está bien, esto le da sabor al juego. Sin embargo, cuando llega el mundial, todos somos del mismo equipo.

El mundial sirve para detener al país; dicho esto con todo el respeto a las cosas importantes. Sirve para emocionar a cualquiera, y para discutir jugadas o marcadores, pero cuando juega México no importa si mi hermano es Chiva o mi amigo del Azul, todos vamos juntos y todos queremos gritar gol. De día, de noche, por la mañana o hasta en la madrugada, no importa la hora, solo importa el partido de mi selección.

Pero no todo es genial, también existe la otra cara. Vivo en un país acostumbrado a la crisis, un país que siempre busca culpables para las tragedias, y normalmente los culpables están lejos de lo cotidiano; por eso es tan fácil culpar a la selección del dolor mundialista.

Increíblemente entre prensa, aficionados y fanáticos la selección puede pasar de sublime a risas, de presunción a culpas, de esperanza a terquedad. Vivimos en un país de contrastes, y el futbol es reflejo de esto. El equipo de todos que se festeja cuando gana, es recriminado por muchos cuando pierde. Una lástima el buscar culpables entre los derrotados.

En fin, así es el equipo de todos: presumible e imperdonable. A diferencia del club de nuestra piel que es irremplazable, la selección solo es nuestra cuando ganan y resulta ajena cuando la derrota lo aprisiona.

Perdimos, sí perdimos 3-0, pero lo que este equipo no ha perdido es mi fe, mis ganas y mi aliento; soy un incondicional, soy un mexicano que busca el milagro, soy un aficionado que los vio ganar contra Alemania y contra Corea; y este es el equipo de todos, el único equipo que me puede hacer celebrar con un Gallo del Querétaro. Es el único equipo que nos puede hacer soñar.

Hoy ese equipo tiene moral baja, pero esperanzas vivas. Nos tocó Brasil, un rival al que todos escribíamos desde antes del mundial, y hoy está por fin el reloj apuntando a unas horas, para un juego que estuvimos 6 meses visualizando y 4 años esperando. Llegó la hora, el equipo de todos: o se consagra o seguirá siendo el mismo de toda su vida.

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