#4 TiemposDesde mi clóset

El ejercicio sexual, entre la autodeterminación y el placer | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

El ejercicio de la sexualidad entre la población HSH potosina es un asunto complejo del que se desprenden distintas aristas. En primer lugar, debido al contexto generalizado de homofobia social, actualmente esta población no cuenta con las suficientes herramientas para una praxis erótica plena, libre de prejuicios y sin discriminación. Esto se arrastra desde la socialización de la identidad sexual, que en la juventud temprana se convierte en una barrera que condiciona las relaciones interpersonales.

Aunque existen diferencias significativas de acuerdo con el grupo etario al que pertenezcan, los individuos HSH mantienen una construcción heterosexualizada del pensamiento. La posición de estos frente al sistema los ubica en el margen. Los privilegios adquiridos durante los primeros años de vida relacionados con el hecho de ser macho de la especie, reconocido como hombre y educado desde la masculinidad, empiezan a tambalear en la pubertad, incluso desde antes. El descubrimiento de respuesta sexual derivada de estímulos eróticos con personas de su mismo sexo/género es un primer choque consigo mismo.

En un púber el descubrimiento erótico facilita la activación de procesos que en determinado momento favorecerán el establecimiento de vínculos eróticos que podrán desencadenar, o no, en vinculación afectiva. Sin embargo, este fenómeno no es un hecho aislado derivado sólo de un proceso de individualización, sino es el resultado de una construcción social de la sexualidad. El ejercicio sexual, en tanto praxis heterosexualizada, está validada por el contexto, cualquiera que este sea. Si una pareja hombre-mujer de no más de quince años se está besando frente al bachillerato donde estudian, no habrá mayor sobresalto en el ambiente, es una actividad cotidiana. Sin embargo, si ocurre la misma escena, pero quienes lo hacen son dos muchachos, habrá un señalamiento intrínseco al acto. Lo que hacen es impertinente, incorrecto e incluso aventurado.

En este sentido, las primeras prácticas eróticas atraviesan por un estadio de desazón, que se traduce en vergüenza y culpa, para después convertirse en miedo. Es de esta manera que el génesis erótico para un individuo con orientación homosexual, se convierte en un pesar, luego de las primeras fantasías. Al respecto, cabe mencionar que las expresiones comportamentales de la sexualidad se ejecutan a distintos niveles, el primero de ellos es la fantasía (Álvarez-Gayou, 2011). La excitación sexual en la pubertad forma parte del desarrollo de los caracteres que afianzarán la identidad. Un púber homosexual se excita imaginando un acercamiento físico con alguno de sus pares, o con un referente cultural, incluso una querencia cercana.

De esta manera, las primeras prácticas eróticas en individuos HSH potosinos suelen ser recurrentes a nivel fantasía durante un periodo considerable. Esto debido a que es necesario hacer un ejercicio de autodeterminación que favorezca la aceptación de los impulsos fisiológicos, sin tanto miedo. En la medida en que disminuyen los niveles de temor, dependiendo de la capacidad de resiliencia de cada persona, y lo fortalecidos que estén sus círculos de apoyo, será más fácil transitar a la expresión erótica sexual mínima. Hay jóvenes que, pasados los veinticinco años de edad, no han podido dar ese paso, y continúan neófitos en la praxis erótica. Sin embargo, cabe señalar que esa es la excepción, la regla indica que el 90% de los púberes sortean el embate social y deciden involucrarse erótica y afectivamente con sus pares, amistades o conocidos homosexuales.

Así pues, el inicio de la vida sexual se da regularmente de forma abrupta, accidentada, pero también riesgosa. El 90% de los HSH en la capital potosina (Diversificadores, 2017) señalan haber utilizado condón en su primera experiencia sexual. Entre los motivos documentados que justifican la decisión de no usarlo incluyen la apariencia física de la pareja sexual, la falta del insumo al momento de la actividad y la excitación excesiva que orilló a no utilizar la barrera. En relación al contexto, si bien la primera experiencia se da en circunstancias múltiples que dificultan la categorización generalizada, existe una tendencia moderada que indica el ejercicio de poder relativo en las relaciones eróticas. En aquellas prácticas donde algún miembro de la pareja ya tenía experiencia, se advierte una acentuación en el ejercicio de violencia simbólica. La cual se traduce en la coerción para tener prácticas inseguras con diversos alegatos que colocan en un nivel superior al sujeto experimentado.

Derivado de lo anterior, el ejercicio de la violencia es un elemento recurrente en la praxis homoerótica. Es por ello que resulta fundamental la educación en género y sexualidades, ya que, la impostación de los roles tradicionales fomenta la reproducción de patrones de violencia entre las relaciones de pareja homosexuales. La coacción durante el ejercicio sexual determina, en cierta medida, el nivel de protección de la salud; entre mayor sea la división sexo/genérica entre la pareja, mayor probabilidad de no usar condón. Esto debido a la reproducción de mitos del amor romántico a través de los cuales las parejas homoeróticas desarrollan un estilo de vida similar al de sus contrapartes heterosexuales.

En resumen, resulta fundamental realizar un análisis profundo de la forma en la que las personas, en general, se están relacionando erótica y afectivamente, ya que el sistema hegemónico promueve un modelo dicotómico y violento. El tránsito hacia un modelo de relaciones más igualitarias parece complicado, sin embargo, la educación integral en sexualidades, con perspectiva de género y derechos humanos, parece la apuesta más asertiva.

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