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El doctor Nava, la falta que hace | Columna de León García Lam

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Si usted leyó la columna de Leonel Serrato acerca del dr. Nava, publicada en Pulso y en La Orquesta, además de estar de acuerdo con el columnista y orador, seguro siguió usted una serie de pensamientos que desembocaron a la siguiente reflexión: la falta que hacen hombres y mujeres del talante del doctor. No solo de él, sino de toda una generación de personas críticas que más o menos rondaron nuestra sociedad en la última mitad del siglo XX.

Al morir el doctor, sus seguidores -los navistas- se sentaron en una mesa que tenía varias sopas a escoger. Unos se fueron al PAN, otros al PRD, y otros pocos se quedaron como solo navistas (y/o frenteciviquistas).

Los navistas que se fueron a AN y a quienes mejor conozco -por cuestiones de la existencia misma- llegaron a suponer que al navismo le faltaba institucionalidad, característica que al PAN le sobraba en ese tiempo (hay que considerar que hablo de hace mucho, mucho tiempo…). El navismo estaba sostenido por solo una persona, y por valiente y honesta que fuera, era finalmente solo una persona; lo que se requería, decían, es una institución que no dependiera de la bondad de los individuos, sino de objetivos ulteriores.

Bueno, pues el destino nos puso a todos en nuestro lugar: como sociedad, como individuos y como instituciones. Pasados los años, podemos comprobar que efectivamente, el doctor Salvador Nava, aunque ejemplar, fue solo una persona y que las instituciones son tan maléficas como sus integrantes.

Ciertamente, como afirman los navistas: el dr. Nava era único, pero faltando él, todo el movimiento democrático fue noqueado, sin capacidad para levantarse de la lona. No es que le falten “herederos” al doctor; al contrario, le sobran, pero ninguno es capaz de reunir con entereza a la inmensa oposición al mal gobierno (y ya no es solo contra el PRI, sino que también el PAN y el PRD tienen sus cositas).

Sin embargo, la tesis de la institucionalidad no resultó más afortunada que la de los personajes ejemplares, pues las instituciones están conformadas por personas que, al ser ambiciosas, deshonestas y cobardes, resultan capaces de subvertir sus objetivos y principios, como hemos visto que le ha sucedido al PAN. Porque más allá de estar de acuerdo o no con su presupuesto ideológico, es claro que este instituto vive hoy una inversión y perversión de sus propios principios y programas.

En conclusión, cuánta falta hacen personajes como el doctor Salvador Nava y otros, como don Salomón H. Rangel, en las instituciones.

Ahora bien, una paradoja del destino cruel: ¿Las personas extraordinarias, únicas e irrepetibles -como el doctor Nava- pueden ser ejemplo de los comunes y corrientes (unos más corrientes que comunes) como nosotros, ciudadanos de “a pie”? ¿Cómo podríamos cualquiera de nosotros repetir la historia del dr. Nava?  Son preguntas que nomás así dejaré aventadas, cultísimo lector de La Orquesta, porque si fueran fáciles de responder, no sufriríamos los problemas que tenemos, ni tendríamos que gritarles a nuestros diputados “si Nava viviera…” sino que, al ver sus escandalosos ridículos, la friega se las pondríamos nosotros mismos.

@Guaname

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