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El cuidado del cuerpo y el derecho a decidir en los homosexuales | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

La sexualidad es el lugar político que puentea lo público y lo privado a través de la construcción de la identidad sexual. Lo que facilita o dificulta, según sea el caso, la apropiación corporal. En la medida en que los diversos determinantes sociales atraviesen una corporalidad, más complicada resultará la emancipación con el propio cuerpo. Para un hombre cisgénero heterosexual, blanco, propietario, es potencialmente más sencillo una apropiación corpórea que le permita el accionar social. En la medida en que se incumple con alguno de estos determinantes, se incrementan las posibilidades de desvinculación corporal, lo que merma la salud sexual de un individuo.

En la actualidad, existe una brecha en el acceso a la salud sexual en distintos sectores de la sociedad. La Organización Mundial de la Salud (2018) expresa que la “inequidad es sistemática, es el resultado de normas, políticas y prácticas sociales que toleran o incluso favorecen una distribución injusta del poder, la riqueza y otros recursos sociales, y del acceso a éstos”. Para el caso de los hombres que tienen sexo con otros hombres, el cuidado del cuerpo es un área de oportunidad que requiere especial atención. En primera instancia en la generación de políticas públicas que incorporen a estas poblaciones dentro de líneas de acción que promuevan la promoción de prácticas saludables y de autocuidado.

La falta de políticas públicas específicas para HSH en conjunto con la cultura patriarcal y machista que coloca a los hombres como agentes alejados de la expresión de emociones, ha colocado en situaciones de vulnerabilidad a este sector social. Existe una frágil cultura, dentro de los HSH, para acudir a los servicios de salud. Es decir, el 65% de los hombres que tienen sexo con otros hombres potosinos no han acudido en ninguna ocasión al médico para diagnosticar o atender alguna infección de transmisión sexual. En ese mismo sentido, un 40% de los HSH potosinos le preocupa tener que hablar de su vida sexual con un médico. Lo que significa que existe una barrera asociada a la homofobia que limita el acceso a los servicios de salud por parte de esta población por el temor a ser juzgados o señalados por el personal de salud.

Dicho lo anterior, ¿de qué forma las inequidades sociales provocan, en cierta medida, que los hombres que tienen sexo con otros hombres adquieran una infección de transmisión sexual?

El primer reto al que se enfrenta la ciencia, al intentar resolver el anterior cuestionamiento, radica en la necesidad de establecer un parámetro para medir la forma en la que una persona “encarna las desigualdades de la sociedad” (Castaño, 2009) en la que vive. Si bien, existe una multiplicidad de factores que posibilitan o no la preservación de la salud, lo cierto es que la sociedad, e incluso el contexto económico juegan un papel fundamental en el estado de salud de cada individuo (Castaño, 2009). En general, los hombres homosexuales son más propensos a padecer cualquier tipo de enfermedad, esto debido a que las distintas intersecciones que lo condicionan, lo colocan en desventaja frente a sus pares heterosexuales.

El autocuidado del cuerpo para la salud sexual comienza con el reconocimiento de la identidad sexo-genérica, por tanto, por antonomasia los individuos homosexuales carecen de las herramientas necesarias para propiciar el autocuidado. El vivir en un contexto heterosexualizado, impide el ejercicio pleno de la identidad sexual. Lo que se traduce en una desvinculación corpórea que limita el derecho a decidir sobre su cuerpo. Esta es la intención principal del régimen heterosexual, desubicar al sujeto que no cumple con el mandato, le hace saber que sus decisiones son todas antinaturales, por lo que, en aras de la búsqueda de la supervivencia, se prioriza la vida, antes que el cuidado de la salud sexual.

Con base en estudios realizados por Mayo Foundation for Medical Education and Research, los hombres homosexuales las principales afecciones en este sector son la depresión, trastornos alimentación por problemas con su imagen corporal como la anorexia y la bulimia, abuso en el consumo de sustancias, la violencia doméstica, y las infecciones de transmisión sexual incluido el VIH (Mayo Clinic, 2018). Este dato revela las repercusiones que existen para un individuo que transgrede las disposiciones normativas de la heterosexualidad obligatoria.

En la medida en que se generen mecanismos que favorezcan la reducción del estigma y la discriminación en relación con la homosexualidad, menor será el número de afecciones que padezcan los HSH potosinos. El énfasis debe estar la promoción del autocuidado, orientado en el empoderamiento para ejercitar el derecho a decidir y el libre desarrollo de la personalidad, este segundo un derecho constitucional, al igual que el derecho a la salud. La eficacia en la implementación de políticas públicas relativas a la salud sexual de hombres que tienen sexo con hombres radicará en la incorporación de enfoques interseccionales. La perspectiva de género, el enfoque basado en derechos y la inclusión como ejes rectores, permitirán tener una población HSH más sana en San Luis Potosí.

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