#4 TiemposDesde mi clóset

El condón y su deserotización | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

En la medida en que fue avanzando el acceso a tratamientos para mitigar los efectos progresivos del VIH, las actividades de prevención enfocada en el sexo seguro y protegido fueron disminuyendo de manera significativa en México. En el último cuarto de los ochenta, era posible ver en televisión abierta a Lucía Méndez con una invitación directa a la población HSH para usar condón. Ella era en ese momento un ícono de esta comunidad. Durante el último periodo de los ochenta, la difusión de mensajes masivos orientados al uso del condón, lograron que este insumo fuera aceptado por el sector focalizado al que estaba dirigido el mensaje. Si bien, las alusiones homoeróticas eran sutiles, lo cierto es que la necesidad de contener la transmisión de este virus, impulsó al estado a emprender una campaña de comunicación de riesgos.

Llegado el acceso universal al tratamiento, y con las condiciones creadas para la obtención de insumos de prevención gratuitos para la población clave, la comunicación de mensajes preventivos fue a la baja. El Estado, con base en las recomendaciones internacionales, comienza a involucrar a la sociedad civil organizada para la realización de intervenciones comunitarias para la prevención-detección del VIH. Sin embargo, pareciera que desde 2006, el Gobierno Mexicano bajó la guardia en materia institucional para la difusión masiva de mensajes que permitieran a la población reconocer el condón como un insumo indispensable para la prevención.

Es cierto que el trabajo de las organizaciones es significativo, loable y fundamental para la respuesta frente al VIH, sin embargo, la necesidad de una directriz mediática en materia de comunicación de riesgos es fundamental. El talón de Aquiles podría tener dos posibles causas, que hubo un proceso comunitario de deserotización del condón, o tal vez nunca se estuvo erotizado sino más bien se impuso su uso. En ambos escenarios, la resistencia al uso constante del condón es legítima, pero en la mayoría de los casos no es justificada.

Si bien, dentro de la población HSH potosina, quien decide no usar condón lo hace con conocimiento de causa, lo cierto es que en un momento se opta por declinar en la protección, sin un específico aparentemente. Es decir, la multifactorialidad vuelve compleja la comprensión de este fenómeno. Ya que, hoy en día, un sujeto homosexual menor de 29 años, está realizando actividades eróticas que implican un riesgo para la transmisión de VIH. Lo que ha imposibilitado contener la epidemia, y por consecuencia reducir las afectaciones a la salud de este sector de la población.

La inexistencia de políticas públicas que fomenten el uso del condón de manera erótica entre los HSH potosinos, reduce las posibilidades de éxito a la hora de prevenir nuevas infecciones. En este sentido, el trabajo de las organizaciones que trabajan el tema en la ciudad, están mayormente enfocados en la detección y vinculación a los espacios de salud, además del acceso a los insumos. Sin embargo, hay un área de oportunidad para incorporar dentro de las estrategias, intervenciones pedagógicas que detonen procesos comunitarios para la incorporación de prácticas erótico-afectivas más saludables. En los últimos dos años (2016 y 2017) sólo una de las organizaciones que trabaja la prevención con HSH, ha incorporado prácticas educativas que involucren un cambio de comportamiento en materia de salud sexual.

Dicho lo anterior, cabe destacar que en la ciudad existen dos Centros Comunitario de Detección (CCD) financiados por el Censida, a través de los cuales se ofrecen servicios de detección y acceso gratuito a insumos de prevención. Los dos CCD tienen un fin similar, sin embargo, el enfoque y las prácticas son distintas, en ello radica el éxito de cada uno de ellos. Uno de ellos es además un lugar de encuentros sexuales, por lo que en las mismas instalaciones donde una persona se hace la prueba puede, en un horario nocturno, acudir con fines eróticos. En el otro, los servicios ofrecidos son de carácter médico y de atención a la salud, en este espacio pueden además recibir servicios psicológicos, nutricionales y educativos de manera gratuita.

Sin embargo, la principal deficiencia en ambos espacios radica en la limitación de los recursos financieros disponibles. Lo anterior se traduce en una capacidad de impacto limitada. A nivel estatal, las actividades de prevención se realizan sólo en espacios institucionales y el único acercamiento con la población clave se da el primero de diciembre de cada año, con la realización de una conmemoración por el Día Mundial del sida. Estas dos situaciones, tanto la limitación de los recursos de las organizaciones como la falta de políticas públicas estatales en esta materia, han dado como resultado la falta de atención para promover el uso erotizado del condón. Al contrario, es posible observar un efecto de deserotización de este insumo.

El personal de consejería, inmerso en la dinámica cotidiana, que enfatiza en las mortificaciones por una transmisión del VIH, ha dejado de lado el discurso orientado a promover los derechos sexuales de las poblaciones mayormente afectadas por la epidemia. En esta nueva era, la repartición masificada de condones, sin la incorporación de intervenciones cara a cara, y la educación entre pares, ha reducido las posibilidades de éxito de una campaña de promoción del sexo seguro-protegido. La situación se ha agravado de modo tal que la OMS ha tenido que probar distintas estrategias a nivel internacional con el fin de tener una variedad ampliada de posibles procesos de prevención. La incorporación de la Profilaxis Pre-Exposición (PrEP, por sus siglas en inglés) es un ejemplo de ello.

Vale la pena hacer una reflexión sobre los fenómenos de deserotización del condón que han llevado a los HSH a preferir tomar medicamento antirretroviral para prevenir la transmisión de VIH, antes que incorporar en su dinámica erótica el condón. En la actualidad, la apuesta por generar procesos de erotización del sexo protegido, en un reto para las organizaciones de la sociedad civil especialistas en el tema. Este es un campo fértil, poco explorado, que tendría resultados significativos en materia de prevención de nuevas infecciones por VIH.

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