#4 TiemposLuces de variedad

El chantaje emocional de “El Mijis” | Columna de Carlos López Medrano

Luces de variedad

El diputado potosino Pedro Carrizales —alias “El Mijis”— ha sido entrevistado por los periodistas más famosos del país. Cadenas internacionales han realizado reportajes laudatorios sobre su figura. Tiene el respaldo del presidente electo (a quien se refiere como “el mero machín”). Gana más de 80 mil pesos mensuales, lo cual lo ubica en el decil más afortunado de la población. La editorial Dharma Books está preparando un libro sobre su vida. Recibió un doctorado honoris causa. Grabó un videoclip rap. Da giras por todo México. Ha sido contactado por la ONU. Sus proyectos obtuvieron financiamiento de la empresa trasnacional Cummins. E incluso ha sido llamado “líder espiritual”.

Pero el Mijis dice ser víctima de discriminación.

Tal es la carta que El Mijis ha sacado cada que necesita defender su postura o cuando una crítica llega a sus pies. Ante la adversidad o la oposición, el diputado local de San Luis Potosí no argumenta ni acepta deslices, sino que es el primero en recurrir a su carácter de foráneo para repartir culpas e instalar la idea de que hay algo personal en su contra.

Pedro Carrizales es protagonista del documental “Dicen de mí”, otro trabajo que lo ensalza como personaje. El armado del documental contribuye a la configuración del mito. En el metraje no se ahonda en el pasado obscuro del ser humano, y se pasa casi de inmediato a lo mucho que ha sufrido. Sus días como cabecilla pandilleril son mostrados como algo lejano, abstracto, inocuo. El propio diputado se nota evasivo con aquellos días. No entra en detalles y simplifica. Se limita a decir que son “errores que cometí como chavo banda”.

El Mijis llora ante la cámara. La mayor parte de los testimonios que aparecen en el documental añaden elementos para erigir la leyenda. Son amigos, académicos e intelectuales que justifican cualquier vacío y que dan acrobacias retóricas para sostener la posición que Carrizales tiene en la arena política pese a su falta de preparación.

Aquello no es novedad. El patrón se repite en cada uno de los espacios mediáticos en los que El Mijis aparece. Minimiza los asuntos que resultan cuestionables sobre su persona y a continuación lanza acusaciones y señalamientos contra quienes considera los opresores, todos esos que han conspirado en su contra. Una marabunta, hay que decirlo, tan torpe que no ha logrado detener su ascenso meteórico en la escena.

La entrevista que le realizó Buzzfeed hace unos meses deja en claro, de nuevo, su estrategia discursiva. Al Mijis le cuesta asumir culpas, así que, entredientes, admite alguna minucias para luego desviar la atención hacia a) lo mucho que ha sufrido o b) los males arraigados a la sociedad, a los que atribuye todo lo infame que pudo haber hecho. Son los demás, no él, los que se comportan de forma nociva.

Encomiar sus atributos y buenas acciones, que las tiene, debe ser suficiente para borrar cualquier falencia, de acuerdo a su lógica elemental. “Yo no voy a decir que vengo de la cuna de Moisés, ¿verdad? pero sí muchas cosas fueron falsas”, dijo en un hábil modo de ceder con sutileza; muchas cosas fueron falsas, así que debemos olvidarnos de las que no lo fueron.

La fórmula no termina ahí, posteriormente Carrizales tira la montaña con la que pretende enterrar cualquier duda razonable sobre su  historia. “Le pido a la sociedad que cheque mi trabajo. Ya tengo premios internacionales por mi trabajo con ‘Un Grito de Existencia’, que vean que nosotros sí luchamos por la gente”.

En la táctica de El Mijis hay mucho sentimentalismo. Un chantaje emocional. Un estratagema que busca diluir cualquier reproche. Y también hay mucho de trampa, verborrea nociva que frivoliza con los vicios que hay que extirpar de nuestra sociedad. Todo lo usa como escudo protector, como refugio.

Elucubra conspiraciones y se victimiza por cuestiones que en el fondo usa a su favor. Usa las penurias biográficas para inmunizarse, como si así pudiera eximirse. Él ha sufrido y ha hecho cosas buenas, así que si alguien osa mencionar rasgos que no le convienen, de inmediato ese alguien pasa al bando del clasismo y de la discriminación.

El Mijis es nebuloso en aspectos centrales. Acude al eufemismo como al agua. “Malas decisiones”, dice respecto a todo lo que le llevó a ser detenido por la policía. “Cometí muchos errores de más chavo”, dijo en otra entrevista. Errores, malas decisiones, los actos nunca son expresados en su justa dimensión, no vaya a ser que el cuento se caiga.

Pedro Carrizales y AMLO durante la visita del presidente electo a SLP en octubre de 2018

Pedro Carrizales tiene algunos puntos valiosos y sin duda ha realizado proyectos que suman. Sus aportes son notables entre ciertos sectores. Tiene carisma, además. Pero usar la discriminación como bandera se ha vuelto una manía que antoja ya cansina, un comodín que enturbia el ambiente y ensucia el debate.

El diputado debe comprender que el desacuerdo es parte de la democracia. Y estar en contra suya o pensar diferente en algunos sentidos no necesariamente implica que su aspecto físico sea la situación del fondo. En ocasiones lo suyo roza el delirio de persecución.

Día a día los políticos discuten, se enfrentan y son criticados por los medios y la sociedad civil. Y está bien que él esté incorporado en el espacio. Su estancia en tribuna y en medios es prueba de que no se le suprime, al contrario. Se la ha dado una palestra de la que ninguno de sus compañeros ha gozado. Su pasado y sus condiciones, lejos de condenarlo, le han abierto el camino.   

Introducirlo al debate sin complacencias, como se hace con cualquier otro, es lo correcto. A su edad ya es hora de que asuma las consecuencias de ser una figura pública y que acepte críticas como cualquier diputado, un oficio que, por lo demás, ha estado siempre asociado al escarnio, la mofa y la crítica popular.  Y está bien que así sea, es una forma en que la ciudadanía ejerce de contrapeso frente a los poderosos. No va a ser ahora diferente.

De igual forma, El Mijis debe entender que todos están en su derecho de descartar a quien le venga en gana para sus propios objetivos y espacios. Él mismo lo hace dentro de sus círculos particulares. Es imposible incorporarlo todo. Y así como él no incluye a ningún Chicago Boy entre su equipo de asesores, es válido que otras fuerzas políticas trabajen bajo sus propios esquemas de filias y fobias, siempre y cuando no contravengan a la ley.

Él es, encima, el primero en alimentar y sostener su segregación respecto al resto. Viste de forma diferente para no ser vinculado con los demás. Usa la falacia de asociación: como los políticos que han saqueado al país usaban traje, vestir formal es un mal síntoma. Se empuja la idea de que ir en mezclilla y en tenis al Congreso es una especie de muestra de honradez.

Preocupa además el extravío intelectual de la que El Mijis es presa. Lo mismo cita al Che Guevara que a Winston Churchill. Por un lado pugna por la legalización del aborto y los matrimonios igualitarios al tiempo que recurre a la iglesia, máxima opositora de tales medidas, para que bendigan su lugar de trabajo.

En su obsesión por el incluyentismo y la reivindicación cae ya en despropósitos, en colmos de la buena intención. La última de sus gemas es proponer seguro e Infonavit para los criminales que se encuentra en prisión.

Entrega del Honoris Causa para Pedro Carrizales

Hace unas semanas, cuando se dio a conocer que familiares de El Mijis tuvieron fricciones con trabajadores del Congreso, el flamante diputado dijo lo suyo en redes sociales. Casi un calco a lo que había expresado ya tantas otras veces sobre partidos políticos, opinión pública y compañeros de Legislatura. Sobre estos últimos, incluso ha dicho que han ejercido violencia de género en su contra. Ahí nomás.

Esta vez, sin embargo, había una floritura verbal, muy probablemente estructurada por su cuerpo de asesores. De ellos ya habrá tiempo de hablar.

Es mucha ya la fijación contra mi todas las críticas que hasta ahora he leído o escuchado, son el reflejo de una sociedad que no acepta que personajes venidos de los sectores populares estén en cargos públicos, en sus instituciones, en realidad llevan la discriminación en la mente. ¿Qué pasaría si en lugar del Mijis, fuera un hombre blanco de ojos azules, trajeado, venido del poniente de la ciudad? Pues se interpretaría como una excentricidad, y no pasaría de eso, no nos engañemos, detrás de las críticas hacia mí Pedro César Carrizales, el Mijis, está el abuso clientelar y la discriminación a los sectores populares, no les gusta que esté ahí, en su Congreso, no les gusta que un chavo tatuado, venido de barrio sea legislador, no les gusta ver pasar por los pasillos a personas diferentes, con hábitos distintos; en San Luis Potosí la discriminación se refleja en el elitismo”.

@Bigmaud

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