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El capotazo de Juan Manuel Carreras

El gobernador salió bien librado de una comparecencia en la que los diputados se negaron a soltar la cornada

Por La Orquesta

La primera comparecencia del gobernador Juan Manuel Carreras ante el Congreso del Estado recordó a algunas corridas de toros. Y no porque hubiera demasiada acción, sino porque el gobernador logró capotear las tímidas embestidas recibidas, sin tener que exigirse demasiado.

En las casi tres horas que duró la comparecencia, en donde los legisladores intercambiaron preguntas por respuestas con el jefe del Ejecutivo respecto a la inseguridad que reina en San Luis Potosí, el gobernador salió bien librado. A ello contribuyó un formato con telarañas, propio de otra época, y también las intervenciones de los diputados, la mayor parte de ellos inocuos, reacios a tirar la cornada.

Hubo, si acaso, dos momentos que pusieron a Carreras en ligeros aprietos. Uno fue cuando la diputada Sonia Mendoza le cuestionó cuáles de los seis protocolos para la prevención de delitos están implementados en el Estado. El gobernador no supo dar una respuesta concreta al respecto, aunque previamente aprovechó para mencionar algunas de las rutas estratégicas para atajar la problemática de drogas que hay en el estado y que incide en materia de seguridad. El gobernador señaló que la política prohibicionista, la norma durante años, no ha sido efectiva en el combate a distintos delitos.

En la mirada de Sonia Mendoza se percibía un dejo de tensión. O al menos de extrañeza. Hace tres años, ella compitió con Carreras por la gubernatura, una batalla que finalmente perdió como candidata del PAN. Su partido no se ha repuesto desde entonces. La esfera política, no obstante, ha rodado desde aquellos días y las circunstancias le permitieron una nueva oportunidad para lanzar señalamientos hacia una posición que ella pudo haber ocupado. Una cargo que quiso ostentar y que nunca lo fue.

El otro episodio en donde hubo cierta presión contra el gobernador llegó cuando Edgardo Hernández Contreras, diputado del PVEM, puso en la mesa la posibilidad de destituir a fiscal General del Estado (Federico Garza Herrera) y al secretario de Seguridad Pública (Jaime Ernesto Pineda), quienes a su juicio no han dado los resultados que la ciudadanía demanda.

Aun así, el tono fue amable y mesurado con el gobernador. “Aplaudo su voluntad de comparecer”, le dijo Hernández Contreras. “No lo puedo culpar de lo que pasa en inseguridad”, aduciendo que los yerros más bien correspondían a parte de su equipo. “¿No ha considerado oxigenar parte su gobierno?; ¿en qué sentido me pronuncio?, en la dimisión del secretario de Seguridad Pública y que haga uso de sus facultades del artículo 122 bis para dimisión del Fiscal y se le dé oportunidad a alguien que pueda controlar y afrontar este tema”, le dijo.

Para atajar el cuestionamiento, Carreras recurrió al estilo que fue la norma durante toda la sesión, un discurso conciliador, en el que el gobernador coincidía en varios puntos con el interlocutor a modo de defensa para a continuación plantear los esfuerzos que se han hecho, además de recalcar las dificultades que provienen del exterior, esa tendencia nacional que a juicio de Carreras termina por ahogar cualquier acción realizada por su administración.

Sobre posibles dimisiones dentro de su gabinete de seguridad, Carreras no mencionó nada. Adujo que la crisis de credibilidad de las instituciones es generalizada y viene de años atrás. De nuevo, dijo que no se trata de un tema de “ahorita” y de ese modo logró sacar el balón de la cancha. El jefe del ejecutivo mostró oficio y del otro lado no hubo habilidad (o voluntad) para contrapuntearlo. Algunos diputados subían de vez en cuando el volumen de la voz, pero poco más. Ante una crisis profunda de seguridad y una percepción negativa de la población (encendida por casos de crímenes recientes), nunca encerraron ni pusieron contra las cuerdas al gobernador.

Aunque para Carreras no fue un día de campo, tampoco fue el infierno que pudo ser. Ahí su victoria relativa.

Ni siquiera Pedro Carrizales del PT, una de las figuras más populares de la oposición, logró romper con la modorra de la crítica dispuesta en el Congreso. Durante su intervención, El Mijis se notó difuso, poniendo el acento en asuntos de prevención, en especial para evitar que los “chavos banda” se unan a la delincuencia. La oportunidad sirvió para que El Mijis destacara sus contribuciones como activista en colaboración con las autoridades, aunque lamentó no haber recibido en su momento el reconocimiento que merecía. Acto seguido, Carrizales procedió a leer un par de preguntas que tenía escritas en una hoja; preguntas largas y complejas sobre políticas públicas y de atención a personas con alguna discapacidad, mismas que apenas y logró terminar en un muestrario de trastabilleo.

Ya en su intervención, Carreras procedió a elogiar la labor que El Mijis realizó previo a su llegada a la arena política. Y a partir de ese momento, contestó con una rutina que para ese momento ya era su especialidad. Una exposición diplomática y de apertura en donde se resaltaban los esfuerzos de su administración y en donde los fallos eran desviados hacia la generalidad. “Usted tiene mucho que aportar”, le dijo el gobernador a El Mijis a modo de guiño. En su contrarréplica El Mijis no apretó y más bien abundó en la importancia de la inserción social para gente en situación de vulnerabilidad o con antecedentes penales. Nuevamente, también destacó las acciones que ha realizado como figura social.

El cortejo sirvió de poco. A media comparecencia El Mijis decidió salirse del Congreso a manera de protesta, ya que argumentó que no hubo un posicionamiento y que no lo dejaron hacer las preguntas que tenía preparadas. “Yo le agradezco mucho que haya venido […] utilícenos, jefe”, dijo antes de abandonar el recinto.

“Yo me salgo en protesta”, dijo el diputado y señaló que el hecho de que le cuenten el tiempo para hacer sus preguntas “es pura cochinada”.

Dijo que en cuestión de seguridad, solo se habla de “puras cifras”, pero que “todo está mal” y consideró que no se está haciendo nada al respecto. Apuntó que todos los diputados se deberían de salir. “Yo me salgo con todo respeto (…) cuando me hablen que vamos a hacer una mesa de trabajo, aquí voy a estar”.

La primera comparecencia de Juan Manuel Carreras tuvo el sabor de un round de estudio, en donde legisladores y gobernador midieron fuerzas, sin pisar a fondo el acelerador, como a sabiendas de que la confrontación directa no deja bien parada a ninguna de las partes.

Y pese a todo, la actividad no fue nada desdeñable. Con sus luces y sombras, la comparecencia fue un ejercicio democrático de excepción. En medio de la agitación que ha producida por el alza de inseguridad, el Poder Legislativo pareció encontrar sintonía con el ejecutivo. El punto en el que se encuentra San Luis Potosí ameritaba la civilidad que se presenció. Ahora falta que caigan los resultados.

Si bien el formato debería revisarse para que sea más ágil y ameno, es digno que un asunto tan delicado como la seguridad no se haya evadido. El gobernador plantó cara y no salió arañado. Eso, en estos tiempos, ya es decir mucho.

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