El ánima sin descanso. Historia de Larry Zavala

17:48 11-Noviembre-2016
El ánima sin descanso. Historia de Larry Zavala

EL ÓRGANO DEL TERROR

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Por mucho tiempo había buscado esta historia sin poder encontrarla. Claro que la sabía perfectamente, pero es mejor encontrar ese archivo original que ahora con tiempo y dedicación se puede pulir un poco más para lograr mantenerlos cautivos y transmitirles el terror que yo sentí al conocer esta historia -lo repito- increíble, por el miedo que causó en mí el día que la escuché de viva voz por la persona que la vivió en carne propia. Es así que decidí llamar esta historia El Ánima sin Descanso.

Desde el año de 1950 comenzó este espeluznante relato, y digo comenzó porque hasta el momento en que yo la conocí no había terminado y como dicen vulgarmente, ni terminará.

Bertha, el personaje principal de nuestra historia, tenía en aquel tiempo apenas la edad de 16 años. En compañía de su familia habían tenido el honor de ser invitados a una fiesta que se realizaría en un municipio cercano a San Luis Potosí.

Tomaron la decisión de ir a pasar la noche a la casa más grande y cercana al punto de partida para tomar camino al festejo. La casa elegida fue la de los padres de Bertha, donde pasarían todos la noche para por la mañana tomar camino al destino del festejo, el lugar en el que iban a dormir era la planta alta de la casa la cual en aquel tiempo era como una vieja galera o galerón, como la gente llamaba en aquel tiempo a esos enormes lugares repletos de camas de lado a lado y sin que ninguna tuviera una división o privacidad por lo que más que un lugar para dormir parecía una verdadera fiesta, con el estruendo y con tanto alegar de los hospedados.

Bertha, que era muy jovencita, tenía mucha ilusión de asistir, ya que en ese tiempo tenía un tórrido romance con un joven de buena familia que le quería sinceramente, pero lo que comenzó ahí esa noche no permitió que su vida volviera a ser la misma.

Ella tenía la consigna por su padre de levantarse más temprano que todos para preparar los desayunos o lunch para el viaje, ya que el camino sería largo y no comerían hasta llegar a su destino. Se percató de que todos estuvieran en sus lugares y hubieran alistado sus equipajes, se recostó cuando se dio cuenta de que estaba todo en orden y que todos hubieran realizado sus obligaciones.

Cerca de las 3 de la mañana, un extraño resplandor le avisó que el sol estaba por salir. Ella se despertó y se levantó lo más rápido que pudo, tomó una vieja bata herencia de su extinta abuela, fue hasta donde estaba el reloj y pudo ver que este marcaba las 3:05 de la mañana y el plan de ella era levantarse hasta las 5.

En el momento en que ella decidió regresar a su cama para volver a dormir hasta que diera la hora que ella tenía programada, vio que el resplandor aún destellaba en la habitación pero que no provenía de la ventana, ni del traga luz de ese caserío.

Esa rara luz venía de las escaleras, por lo que comenzó a bajar para indagar de dónde salía. Cuando solo le faltaban unos pocos escalones para llegar al final de la escalera la luz se movió como si tuviera vida propia. Los primeros movimientos que ella vio iban de lado a lado, entonces ella, lejos de temer, bajó rápidamente los escalones que faltaban para llegar al piso, fue cuando pudo ver esta luz como si fuera una bola.

Al estar ya en la planta baja logró ver como esta luz llegó hasta donde estaba una vitrina llena de santos que tenían en la casa. Al llegar ahí la luz parecía que huía o se desvanecía, se hizo escurridiza, se metió bajo la vitrina escuchándose ruidos como de voces de personas murmurando, como cuando uno se encuentra en lugar público y escucha los cuchicheos de los demás, sin que en ese lugar hubiera nadie, enchinando la piel de ella como si hablaran en su oído.

Bertha se paró frente a la vitrina. Justo en ese sitio desapareció la luz y los murmullos, ella no podía creer lo visto y escuchado, pensó que todo lo había visto entre sueños, que era una alucinación. Comenzó a rezar y a pedirle a dios y a todos los santos en los que tenía fé que si era un alma sin descanso, o algo malo, encontraran el descanso eterno. Subió las escaleras, volvió a recostarse pero no pudo conciliar el sueño, ya que el extraño fenómeno le causó un muy peculiar sentimiento conocido como miedo y terror.

Pasó un tiempo, casi un mes sin que ella viera nada en su casa, hasta que repentinamente escuchó unos ruidos como de movimientos que iban subiendo de intensidad. Despertó, se dio cuenta que no era nadie, solo aquel extraño resplandor que había visto anteriormente bajando por las escaleras. Giró de su cama, bajó los pies y se levantó, vio que era la misma hora que la vez anterior, camino detrás de esa luz despacio, paso a paso, como si no la quisiera espantar.

¡Vio cómo el resplandor se desaparecía en el mismo lugar! La vitrina donde estaban los santos se dejó de -como se puede decir vulgarmente- tonterías y extendió su mano. De la vitrina tomó con fuerza un rosario de plata de su madre, con cuencas negras en la división de cada misterio, dejó a un lado su miedo al pegar con fuerza el rosario a su pecho. Se hincó ante todos aquellos empolvados santos y comenzó a rezar con muchísima fe sin parar hasta que llegó el amanecer. Justo antes de terminar su devota oración, estando aún hincada, una mano la tomó del hombro y al intentar voltear a ver qué sucedía, una siniestra voz susurró a su oído diciéndole “Bien hecho”.

En ese momento toda la paz y tranquilidad que el rezar le había traído se fue de inmediato y cayó al suelo fulminada. Duró varios minutos inconsciente ahí, hasta que su madre bajó, la movió y despertó preguntándole qué era lo que hacía ahí, ella solo se paró y realizó sus actividades normalmente, pero no podía sacarse de la mente la idea de lo que estaba pasando en su casa, ya que no era normal.

Continuará…

Otras historias de Larry Zavala.

Aquí sí tenemos al verdadero Amo del Terror y no copias.

 
 
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