Daniel Esqueda

#Editorial | ¿Por qué no vamos a publicar el video de los últimos momentos de Daniel Esqueda?

– Nos parece perverso que a través de un vocero de las tragedias, se quiera revictimizar al compañero sembrando la duda sobre su honor.

 

 

Los reporteros, fotógrafos, camarógrafos, conductores, editores, diseñadores y todos los que de alguna manera trabajamos en los medios de comunicación, no somos delincuentes ni narcotraficantes.

El asesinato del fotoperiodista Edgar Daniel Esqueda Castro, acto sin precedente en nuestro estado, aún está bajo investigación y como lo hicimos desde el inicio de este terrible ataque, exigimos que se lleve hasta sus últimas consecuencias y se agoten todas y cada una de las líneas de investigación.

Mientras tanto, nos parece perverso que, a través de un vocero de las tragedias, se quiera revictimizar al compañero sembrando la duda sobre su honor, abriendo la puerta a que se le difame y su caso lo conviertan de un ataque a periodistas y a la libertad de expresión, a un vulgar asunto de crimen organizado.

Al menos para La Orquesta, difundir el video que un exconvicto presentó hoy y que, él mismo acepta, pudo llegar a sus manos de parte de un grupo delictivo, es una irresponsabilidad por partida triple.

Primero porque los medios de comunicación no podemos ser voceros del terror que quieren infundir en nuestra sociedad algunos criminales. Segundo, porque al circularlo se estaría creando un precedente del más alto riesgo.

A partir de la duda que quiere este video implantar sobre si el compañero asesinado, y otros colegas mencionados en el material anónimo, son parte o no de un grupo delictivo, cualquier otro periodista se pone automáticamente en peligro de muerte.

Se abriría la puerta a más homicidios y –al fin y al cabo para las autoridades- siempre estará la salida fácil, basada en la incertidumbre sobre si los asesinatos fueron por la condición de periodistas o porque “andaba en malos pasos”.

Finalmente, pero con la mayor importancia, nos parece infame y desalmado para su hija, su esposa y toda su familia, mostrar a Edgar Daniel semidesnudo, siendo torturado por los que, se asume, posteriormente fueron sus asesinos.

Esto no lo podemos permitir.

Bajo tortura cualquiera repite un guión.

Bajo tortura se dice lo que sea para terminar con el dolor.

Reflexionemos un poco: ¿A quién en este momento le interesa que el caso Edgar Daniel aparente ser un caso de Crimen Organizado?

No lo iban a expresar así las autoridades, ¿verdad?

Para ello usaron a un externo, a un mensajero lo suficientemente crédulo para hacerle pensar que está haciendo lo correcto cuando en realidad es parte de lo que, por donde se vea, se parece mucho a un montaje.

Edgar Daniel ya no puede defenderse. No levantemos encima de su todavía tibia tumba, los muros del encono, de la cobardía y de la incompetencia.

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