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Un dulce sabor a derrota | Columna de Adrián Ibelles

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Por envidia, por moda o por no quedarse sin una opinión. Todos odian a los New England Patriots. Los fans de Atlanta, Seattle, Philadelphia y Carolina (los de St. Louis alguna vez) por esas derrotas imperdonables. Los fans de Steelers, Packers y Saints porque sus QBs serán menos tramposos, tal vez más productivos, pero menos mediáticos y afortunados. En Indianapolis por desinflarles balones y en Oakland por cambiar las reglas. El resto porque están hartos de un grupo popular y ganador y controvertido como los Patriots. Hasta ayer. A partir de ahora el mundo dirá que las derrotas de Brady valen más que su legado. Insensato. 

Ser aficionado de este equipo conlleva pagar un alto precio. Son los mejores de dos décadas, un equipo del que siempre se habla, uno que vuelve héroe a cualquiera; pero va acompañado con el fantasma de la trampa y la sombra de esas dos derrotas tan dolorosas ante el Manning menos hábil. De la más reciente con el suplente de Philadelphia. Jugar con el desprecio del comisionado y la sospecha eterna de un arbitraje coludido. Portadores de récords brutales y una frialdad eficaz y muy cuestionable en los movimientos del roster. Tan frío como dejar a uno de sus héroes en la banca por seguir una filosofía de autoridad y respeto. 

Y la sensación de estar tan alto y haber llegado tan lejos, que será difícil que sea distinto. Porque aunque Brady diera una temporada fenomenal, tarde o temprano se irá. Y como en esas tres ocasiones, ya comprobamos que puede perder.

La derrota, lo decía semanas atrás, debe entenderse como un proceso de aprendizaje. La oportunidad de bajarse de la nube y sentir dolor, tristeza, impotencia y coraje, sentimientos que pueden motivar una revancha o simplemente hacernos mejores. Esto en el mejor de los casos.

No le encuentro sentido a negar que lo peor que le puede pasar a un deporte es volverse predecible. Las hegemonías son detestables aún cuando se trate de un equipo al que se le guarda cariño. No hay mayor deleite que ver a David derrotando a Goliat, porque si el deporte nos inspira algo es esperanza. Y donde hay esperanza hay satisfacción.

He tenido que ver a mi equipo perder. Veo también como aficionados (a cualquier equipo, menos a los que sí jugaron) exacerbados escriben “No eres nadie Brady” o “Muerte a Brady”. Es parte del show. Y comprender que esa felicidad ajena es tan válida como la decepción que acompaña la derrota. Ojalá conociera algún seguidor de los Eagles para felicitarle y desearle que este sea el nacimiento de una gran dinastía, tan longeva y humana como la que me tocó disfrutar con New England. 

Estoy triste, pero no por el partido. Triste porque se acabaron los juegos hasta septiembre. Porque serán meses de vacío en la vida de quienes gustamos del football. A partir de hoy, los domingos ya solo son un día más.

Felicidades a los que odian a los Pats, y también a los que sí le van a Philadelphia.

@Adrian_Ibelles

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