Cartas de navegación

¿Dónde escuché esa canción? | Columna de Luis Moreno Flores

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Quedé sorprendido cuando un grupo de amigos del trabajo comentaron y pusieron Que perra mi amiga, esa canción de La montra que repite sin tregua el estribillo que le da nombre, lo hice no porque la encuentre buena o mala, sino porque para ellos resultaba novedosa y yo la había escuchado por primera vez tres o cuatro meses antes, cuando un grupo de mis alumnas de preparatoria la puso al concluir la clase.

Pensar en esa canción hizo que me surgiera la duda de cuáles son los referentes que hoy en día las personas utilizan para conocer música nueva y en dónde debe aparecer una canción para ponerse de moda, pues hoy una canción no necesita aparecer en televisión o radio para de pronto estar de moda en las calles. La pregunta también me toca a mí, pues aunque no tengo el más mínimo interés, en ocasiones descubro que estoy enterado de alguna canción de hip hop, reggaetón o trap, sin recordar exactamente dónde fue que la escuché (no me refiero a Despacito o Felices los cuatro, esas están por doquier).

A los diez años, cuando cursaba el quinto de primaria, compré, con el dinero de mis domingos, mi primer disco, fue The Marshall Mathers LP de Eminem, el segundo fue uno de un grupo coreográficovocalaustraliano que se llamaba S-Club 7. No guardan ninguna relación entre sí, pero al mismo tiempo son una muestra clara de cuáles eran los instrumentos que utilizaba para nutrir mi incipiente gusto musical: la televisión por cable.

No me avergüenza decir que, a principios del siglo veintiuno, Nickelodeon, Mtv y Telehit, eran mi principal fuente de conocimiento musical, la verdad es que cimentaron las bases para que luego buscara otras alternativas como canales de televisión de música inglesa, navegara durante horas en myspace para tratar de entender lo que ocurría en otras ciudades y finalmente empezar a ir a tocadas.

La trayectoria de muchos debió ser parecida a la mía, aunque algunos optaron por concluir su formación y se dedican a revisar una y otra vez lo que en la preparatoria y universidad les era novedoso, esto vuelve obvio que esos viejos puntos de partida se han marchitado y ya no generan sentido en nadie.

He preguntado a varias personas sobre sus herramientas para escuchar música nueva y casi nadie puede dar una respuesta contundente, solo flotan entre Spotify, YouTube y algunas páginas web, sin embargo, no hay un medio, al menos de forma evidente, que cumpla con la función de masificar. No existe explicación manifiesta de cómo una canción llega a ser escuchada por millones, pinchada en bodas, antros y fiestas caseras.

Esto es aún más misterioso si se considera que el vértigo de la información vuelve todo fugaz: un amigo de unos cuarenta años, vinculado con las artes, en una ocasión comentó que mi generación y todas las que están detrás somos tan superficiales que las bandas dejan de gustarnos cuando sacan su primer disco, en ese instante pareció una exageración, pero unos meses después volví a pensar en la afirmación cuando reflexioné en que Los Blenders, una banda de Coapa que me encantaba, había dejado de gustarme justo cuando sacaron su primer disco.

No he encontrado una solución convincente a mi duda, si alguien la sabe por favor dígame. Por lo pronto, veo algo positivo y es que los gustos se han atomizado tanto que en el futuro será difícil identificar artistas como el rostro de una época, lo que abrirá el reconocimiento a más. Lo malo es que los mediocres también tendrán mayor oportunidad.

@LuisMorenoF_ 

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