#4 TiemposColumna de Óscar Esquivel

Discapacitado es… quien presume no serlo | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

 

Nos hemos dado cuenta que todos en el país nos llamamos ignorantes, nos gritamos nacos, indios, huarachudo… hacemos cosas inauditas; pasarnos el alto, tirar basura, no barrer nuestras calles, contaminamos, tiramos el agua, y todo ¿por ignorantes?, me parece que no. El ignorante carece de información para realizar algún acto, el que tiene poca consciencia es ignorante de su falta, el consciente, es ignorante cuando se hace el loco.

La vida del país está sumida en lo que queríamos ser y en lo que ahora no queremos ser. Veámos un poco los acontecimientos, en el transcurrir del día a día, nos daremos cuenta que el mexicano quiere vivir como en Estados Unidos, no que sea este país ejemplo de virtudes y el estándar perfecto para vivir, pero allá vamos.

Algunos optan salir como migrantes, casi 40 millones de mexicanos visitan aquel país, hay quienes van por estudios y los peores, de shopping… ¿Por qué los peores? Por ser los de mayor poder adquisitivo que presumen de ser cultos y leídos, presumen civilidad del “otro lado”, cumplen y respetan leyes, ordenan sus compras, reclaman impuestos y los pagan, no se estacionan en sitios prohibidos para discapacitados o para las tomas de agua de los bomberos… vamos pues, se convierten en ciudadanos ejemplares, pero apenas cruzan la frontera, y ya le “mientan la progenitora” al policía aduanal por exceso de fayuca, van por la carretera y avientan la servilleta de Mc Donald’s  o el pañal del niño en la carretera, acumulan basura, corren en sus “camionetitas” en calles donde existen escuelas. Así, miles de ejemplos y nos preguntamos ¿por qué ese cambio?

Algunos dirán que las leyes se respetan y no hay impunidad, se castiga a quienes cometen una infracción. Esto sería una razón válida, más no concluyente.

Los mexicanos, aunque nos duela, somos proclives a la autodestrucción, lo material que no es mío, calles, jardines, monumentos, preferimos que lo cuide el gobierno y no hacerlo nosotros, nos comportamos como lo trogloditas que somos, nos duele que nos digan malinchistas, pero eso somos en la realidad.

El sistema de educación en nuestro país no permite que el civismo, permeé en los niños y jóvenes, hemos hecho de nuestra tierra un paraíso de insolentes, con aquello que nos pertenece.

Hace unos días se celebró el Día de la Discapacidad y nos encontramos que la discapacidad, para convivir armónicamente la tenemos todos. Una persona con derechos ganados es discriminada, a un joven con síndrome de Down lo llaman niño y eso lo margina de la convivencia con otros jóvenes, condenándolos a la soledad, al igual que al autista, tratado como un impedido físico.

En alguna ocasión asistí a una fiesta que organizaba una asociación de un colegio muy renombrado en la ciudad, invitaron a jóvenes y digo jóvenes, pero eran mayores de 18 años, a una fiesta “disco”, transcurrió con alegría, música y baile de los muchachos, que se divirtieron en libertad con compañeros y compañeras del colegio. Transcurrieron 4 horas de buena y sana diversión, se conocieron entre ellos, luego de un tiempo, uno de los invitados, un joven de 25 años con autismo, se cruzó con una joven de aquel colegio en un restaurante, iba con otras amigas también participantes de la fiesta, el joven la reconoció en el instante y se acercó para saludarla, y ella solo se limitó a mirarlo y a decirle ¡hola!, y se retiró como si aquel encuentro la avergonzara.

Se aplaude que muchachos, y no digo todos, organicen reuniones, fiesta para personas con discapacidad, sobre todo en esta edad, pero el resultado sería mayor en la inclusión, fuera de un evento así y, evitaría que los jóvenes con discapacidad regresan condenados a la soledad por el resto del año, pues no hay nunca una llamada, nunca un saludo y mucho menos una invitación al cine o al antro.

Como sociedad se agradece la intención, pero el verdadero sentido de la inclusión es en la vida cotidiana, no al confinamiento, ni a las actitudes de poses sociales para que  “vean qué buenos somos” el auténtico compromiso social debe y exige inclusión sin fronteras de religión, sexo, discapacidad, física e intelectual.

Sin embargo, a pesar de todo existen jóvenes que sin importar los reflectores siguen luchando por la igualdad de todos. Entonces, ¿quiénes somos los verdaderos discapacitados?

Los indiferentes son ellos, los que ven de reojo, aquellos que les atemoriza ver y les avergüenzan quienes su cuerpo no controlan. 

Aquellos irrespetuosos de la convivencia con el que camina entre obstáculos, en dos ruedas y les roban su espacio, les invaden las banquetas con sus autos… no son ellos los discapacitados.

Discapacitados aquellos que hablan despectivamente y condenan a la soledad al invidente, al sordo, al Down por su aspecto, por su falta de intelectualidad, o porque simplemente son diferentes.

Discapacitado el gobernante que aprovecha la “foto” y no hace casi nada por la inclusión, solo queda en el discurso.

En fin, la discapacidad es un estado de consciencia, es un impedimento físico e intelectual, más no debería ser la indiferencia.

MI reconocimiento a todos aquellos que aportan su vida a despejar los caminos, a quienes padecen una discapacidad y abren la mente a la sociedad.

Nos saludamos pronto.

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