#4 TiemposContrapunto

Detrás del capote | Columna de León García Lam

Contrapunto

¿Usted recuerda cuando en la cumbre trilateral de Ottawa nuestro presidente, don Enrique Peña Nieto, con uno de sus más encarnizados discursos atacaba al populismo y, llegado el turno al micrófono del presidente Obama, este le respondió con un “Yo me considero un populista”?

No es que quiera defender a nuestro presidente, pero populista en castellano significa algo muy distinto que en inglés. En español, populista es un demagogo. En inglés, como lo explicó muy bien Obama, se refiere al dirigente preocupado por las causas del pueblo y como de esos no hay en México, pues ni sabíamos que podrían estar en el idioma.

Populista, demagogo o psicofanta, es aquel vendedor de espejitos; aquel que ofrece réditos sin esfuerzo; los negocios en pirámide, por ejemplo: gane mucho, invierta poco; las respuestas meliponas, azucaradas, es decir, las que dicen lo que queremos escuchar; ¡con un click cambias al mundo! Los aduladores, los sofistas, y muchas veces los políticamente correctos son todos ellos populistas. Ejemplos hay muchos, porque el populismo es un vicio común de la democracia; así que lo encontramos en todos los partidos, en todos los presupuestos, en todas las instituciones e ideologías…

Como el populismo se dirige a las masas, atiende a emociones, particularmente al miedo. Incita los temores, los enciende y los convierte fácilmente en odio o en rencor. El populismo no acepta mediaciones, matices, está muy seguro de lo que es bueno y de lo que es malo. Se sienta en la silla del juez y reparte castigos: corta cabezas y regala dulces a los bien portados.

Sin embargo, el populismo o las conductas populistas suelen ser muy tolerantes consigo mismas. No soportan la crítica y son absolutamente incapaces de autocuestionarse. Al principio, son condescendientes consigo mismas, omisas y, generalmente, si se les deja crecer lo suficiente, terminan regodeándose en su propia injusticia, aniquilando a su oposición.

Es decir, el populismo tiene dos caras aparentemente opuestas: es durísimo contra sus opositores, pero blando hacia sí mismo.

¿De quién hablamos? ¿De Maduro persiguiendo a sus opositores mientras baila salsa? ¿de Trump recurriendo al muro cada vez que necesita congraciarse con su electorado? ¿De Peña Nieto, a propósito de su informe de gobierno? ¿De López Obrador diciendo a Monreal “hay que saber perder”? ¿De la Kichner intentando recuperar el gobierno argentino? ¿De los Calderón advirtiendo del peligro de López Obrador? ¿De Gallardo regalando mochilas amarillas? ¿De los “activistas” que no se cansan de cambiar al mundo a clickazos desde change.org? ¿De los conservadores que defienden “la familia”? ¿De los supremacistas que alzan las banderas confederadas? ¿Del Teletón…? (Sí, ahí viene otra vez).

El populismo ni siquiera necesita estar encabezado por una persona. Muchos movimientos populistas son pura masa, una moda que aparenta tener la razón. Pero no la tiene, porque la razón no opera con emociones (por eso es razón), ni se contagia por masas, ni opera por modas.

Para combatir al populismo, dicen, se necesita educación crítica, o bien instituciones fuertes. Como en México y en San Luis Potosí, no tenemos ni una cosa, ni la otra, para atender, la proliferación de populismos, le propongo 5 actitudes:

  1. Aprender a decir No. De vez en cuando, hay que decirle tantito no a nuestro líder, no hay que mal acostumbrarlo. No aceptarlo todo, pues la incondicionalidad es la peor enemiga de cualquier relación, incluso de las personales. Con la incapacidad de decir no, se corre el riesgo inminente de terminar pintado de amarillo.
  2. Huir de las masas. O como Nietzsche decía: “el mal gusto de coincidir con todos”. Recuerde que el priismo es institucional.
  3. Desconfiar de lo fácil. ¡Los regalos desinteresados, lo barato y las soluciones mágicas generalmente no existen!… o como decía don JC: detrás del capote está la espada.
  4. Desconfiar de los sentimientos y emociones. Muchas personas afirman “tengo el corazón de pollo”. Son las primeras víctimas de los populismos y después, los primeros en declararse desilusionados.
  5. Conceda razón a los oponentes. ¿Habrá alguien que cuente con la verdad completa? Tomar en cuenta el punto de vista opuesto es de lo más saludable.

Abrazos y buen inicio de semana.

@guaname

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