Tercera Llamada

A desnudarse en la fuente | Columna de Jorge Saldaña

 

Los partidos políticos están haciendo justamente lo que una mujer potosina tuvo a bien hacer en una fuente pública hace unos días:

Desprendiéndose del pudor y la vergüenza (además de sus ropas), una higiénica y valiente potosina se dio un buen baño en una fuente pública en el fraccionamiento Lomas 2ª sección de la capital potosina.

Sin mayor empacho, la bañista de Montes Blancos dejó atrás los prejuicios y con jabón, shampoo y hasta toalla en mano, se dio un duchazo ante la mirada de algunos puritanos transeúntes.

Lo mismo están haciendo los partidos políticos en México, que en un acto urgente por limpiar sus sucios rostros y aprovechando la tragedia nacional, decidieron encuerarse ante los ciudadanos.

Acudieron a la fuente de la moralidad, la solidaridad, la ética y la buena cuna para lavar sus más indecentes recovecos.

“Estamos renunciando a los recursos ordinarios y de campaña del 2018” gritaron orgullosos, como si de quitarse la camisa se tratara y esperaban aplausos.

Unos empezaron con pudor y ofrecieron dejarse en paños menores pero los más temerarios ofrecieron quedarse sin nada. Al 100 por ciento sin dinero.

Muy bien, pero al quedarse desnudos vimos sus miserias, y es que, si nos ajustamos a la realidad, los partidos quedaron evidenciados: los recursos públicos (miles de millones de pesos) no los necesitan, simplemente porque nunca los necesitaron.

Le explico Culto Público:

Quien haya trabajado en una campaña política, sin importar del tamaño o color del partido, sabrá que el común denominador en temas financieros es el mismo: nunca hay dinero.

La propaganda la piden fiada: “Te la pago cuando ganemos”

Los diseños se consiguen con algún entusiasmado: “Llegando te damos chamba”.

Eso sí, enseguida llega una casa productora de gran renombre que hace y deshace con los mensajes y estilos de campaña, de las que cobran millones de pesos pero que nunca se pagan con recursos del candidato; es decir, vienen ya pagados por algún “gobernador amigo”.

A los colaboradores partidistas se les marea con el mismo cuento: “Llegando ganamos todos”

A los más técnicos, y por tanto no partidistas, se les convence con la esperanza de futuros contratos.

Los vehículos son prestados por amigos empresarios, generalmente constructores, y las gasolinas sacadas a crédito a cuenta de algún benefactor.

Las casas de campaña son prestadas, los servicios no se pagan, el mobiliario se renta, los espectaculares son regateados, las lonas en abonos o con cartas de crédito firmadas con saliva y un interminable etcétera.

 

¿Dónde se usa, pues, el dinero?

Esas cantidades estratosféricas que provienen del patrimonio público y que hoy los mexicanos exigen a los partidos sean destinados a un mejor fin, casi siempre se usan, ya lavadas con algunos procesos de facturación, y acumuladas a las maletas provenientes de los gobernadores vecinos, en el día de la votación.

Ese día el efectivo fluye a raudales, las maletas de dinero son casi siempre insuficientes pero cumplen su objetivo:  corromper y comprar votos. Los políticos profesionales le llaman “la movilización” que no es otra cosa que adquirir miserablemente la voluntad ciudadana a cambio de mendrugos.

Los pagos de proveedores, colaboradores, asesores y demás insumos se hacen –si es que se hacen– durante ejercicios de gobierno, cuando el candidato alcanza el puesto, o cuando se acomoda a gente “clave” en puestos que no merecen.

El pago también se convierte en grandes favores a los empresarios que apostaron al candidato y que aseguran contratos de cualquier especie y que bajita la mano significan un retorno de 10 a uno contra lo que prestaron o ayudaron en campaña.

Corrupción porque no se paga casi nunca durante la campaña. Corrupción porque cuando se paga es con dinero de otro presupuesto y corrupción porque se paga a través del favoritismo y la ilegalidad.

Esa es, lamentablemente, la fórmula de las campañas en México. Por eso no necesitan el dinero. Por eso lo regresan tan gentilmente. Por eso están dejando ver su enferma y sarnosa piel. Por eso les urge lavar sus llagas.

En realidad nunca necesitaron el dinero, excepto que para “desviarlo” porque dinero para campañas sobra y proviene del mismo gobierno.

¿Ya vio, Culto Público, el tamaño del riesgo de dejar que estos harapientos se laven en la fuente de la generosidad?

¿Ya vio la enorme ventaja que tendrán si liberan los topes de aportaciones privadas?

 

Al no tener obligación de comprobar el destino de los recursos, estarán legalizando su corrupción, cosa que ya hacían, claro, pero también estarán abriendo las puertas al dinero público ilegal y al privado ensangrentado.

 

No, Culto Público, que no nos sorprendan con el aspecto de recién bañados y que quede constancia de que se encueraron solitos.

 

BEMOLES

 

¿GALINDO ALCALDE?

La encomienda presidencial que cumple el potosino Enrique Galindo en el estado de Morelos, lo posiciona aún más en la palestra política local que ya lo consideraba como un contendiente serio para el 2018. Muchos piensan y apuestan que el maestro y ex Comisionado de la Policía Federal estaría buscando una de las posiciones de la fórmula del PRI al senado, lo cual es probable. Sin embargo, no se debe descartar la posibilidad de que busque la presidencia municipal capitalina, escenario que merece un análisis por separado ya que, por lo que se sabe, el acuerdo tanto de Octavio Pedroza como de Ricardo Gallardo con Galindo es el de no ser adversarios. Por lo tanto esta encrucijada política sería más delicada que dos cables de alta tensión pelones y encima de una cubeta de agua #YaVeremos

 

Frida, la prima mexicana de Timmy O´Toole | Columna de Jorge Saldaña

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