#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Deseos de Año Nuevo | Columna de Ricardo Sánchez García  

Sin partitura


Colgado en la pared de la casa de mi tía Nina, desde niño miré el cuadro que decía “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”, palabras que llamaron mi atención aunque entonces no comprendía el fondo de su sentido. Tuvieron que pasar muchos años cuando leí El Principito y de repente, entre líneas, encontré la célebre frase. Posteriormente estudié filosofía y pude reflexionar un poco más sobre conceptos fundamentales. Con la llegada de cada año nuevo se renuevan los propósitos y repensamos nuestros valores, concluyendo ante las adversidades que lo importante en la vida es la salud, pero ¿bajo qué supuestos vale la pena poner en entredicho este y otros deseos?


En su Metafísica, Aristóteles hablaba de “esencia” como aquello que no cambia, lo que hace que las cosas sean lo que son y lo diferenciaba de lo accidental, es decir, lo que se ve, aparece y se puede modificar. Lo esencial permanece oculto, mientras lo accidental puede estar o no y no altera la sustancia.

 
En otros contextos, esencial se comprende como aquello contrario a lo superficial o se define como lo imprescindible. En ciertos escenarios se difunde la idea de que son valores esenciales la salud, la familia, el amor e incluso virtudes como la justicia, por encima de la riqueza, la diversión o la concupiscencia llegando incluso a confrontarlos como opuestos que no se pueden dar en el mismo tiempo y lugar.  


La mayoría de las felicitaciones el último día decembrino van encaminadas a desear felicidad en el nuevo año. El resto de los deseos, sea salud, éxito o mucho amor, son sólo medios para alcanzar lo que Aristóteles llamó el fin último del hombre. Pero, para el discípulo de Platón, es imposible alcanzar la felicidad si no se tiene acceso a los bienes materiales suficientes para tener una vida digna. En eso consiste la importancia de pertenecer a una comunidad primaria llamada familia y a otra más elaborada llamada Polis o ciudad. Es en el seno del Estado donde debemos construir las bases para satisfacer nuestras necesidades esenciales, o sea: abrigo, vivienda, alimento y seguridad.  


Cuando deseamos salud a un ser querido pocas veces lo vemos como un derecho. Al desligarlo de la capacidad económica de cada familia olvidamos que, mientras un niño puede morir por falta de una pastilla con un valor inferior a 20 pesos, sea en el Altiplano potosino o en la ciudad de Tapachula, existen personas cuya longevidad está asegurada por su acceso a servicios médicos de vanguardia en el mundo. La enfermedad, curable o no, puede mermar la tranquilidad en una familia, pero las capacidades económicas en contextos sociales diferentes podrán devolver un poco de felicidad o negar de facto este derecho.  


Salud, dinero y amor, como esos bienes en la cúspide de la escala de los deseos no se logran por actos de magia o como consecuencia de un abrazo fraternal. Deben estar acompañados de una transformación estructural en las condiciones que los producen. Para la salud se requiere dinero suficiente para viajar a otros países, o instituciones públicas con infraestructura suficiente y capacidad de atención a los derechohabientes. Para obtener dinero se requiere la creación de fuentes de empleos con salarios dignos y el respeto a los derechos laborales, para el amor, lo dejo a su consideración y será motivo de una reflexión próxima.


Al hablar de esencia, J.P. Sartre señala que las personas tenemos capacidad de auto describirnos. No somos entes terminados, antes bien, nos vamos construyendo con nuestros propios actos. Nos definimos a partir de lo que vamos siendo, en ese devenir continuo. Cada persona tenemos posibilidad de construir nuestra propia esencia, según las acciones que vamos realizando. Por ejemplo, en la relación obrero-patrón el hombre se comporta como obrero y así es como se construye. Pero no hay naturaleza que lo condene a serlo siempre. Contrario a lo que afirmaba Aristóteles respecto de los esclavos, el obrero un día puede dejar de trabajar para un patrón y ofrecer un salario por un trabajo. En ese momento, sus acciones cambian su esencia. Las personas nos construimos todos los días a partir de nuestros actos. La esencia no está terminada, agotada, arrojada o impuesta por una naturaleza inmutable.  


Sobre nuestras formas superficiales de valorar a las personas también debemos reflexionar. Antoine de Saint-Exupéry, en su obra citada, nos invita a no guiarnos por las apariencias. No enamorarnos solo de las flores, sino ver las raíces, porque un día llegará el otoño, las flores ya no estarán y entonces no sabremos qué hacer.  Así de cruda la realidad, pero cuando hay buenos cimientos, basados en sentimientos profundos, aún el otoño cobra sentido.  


No se debe renunciar necesariamente a un bien para obtener otro. Lo que debemos tener claros son los medios para lograr nuestras metas. Salud, dinero, amor, amistad, familia, libertad, justicia, son bienes deseables que podemos lograr sin traicionar nuestra jerarquía axiológica.  


Con el corazón y un poco de conciencia social podremos ver la necesidad de realizar cambios esenciales. Feliz Año Nuevo, que viene con una oportunidad electoral de transformar de fondo las condiciones para materializar los eternos deseos de la ciudadanía.

@DDHHSamuelRuiz

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