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El deseo de Bill | Columna de Adrián Ibelles

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Con el Draft en puerta, y luego del cumpleaños 66 del HC de los Pats, reimaginemos el día en que todo cambió para la historia moderna de la NFL 

Esa mañana de abril, Bill se despertó con una certeza: iba a ser un buen cumpleaños. Su vida iba bien. Había renunciado a una oportunidad en NY, y eso le había ganado un ascenso en su trabajo en Boston, tenía un sueldo muy decente, una linda familia y a sus 48 años ya había pocas cosas que pedirle a la vida.

Aunque tenía un buen trabajo, no era uno de esos donde pudieras faltar en tu cumpleaños. Algunos trabajos son tan apasionantes que no logras dejarlos ni en esos días especiales. Y como Bill tenía además un puesto muy importante, dejó de lado la celebración para ponerse su traje y salir a brillar. Antes de salir, Linda, su esposa, le preguntó qué sabor prefería para su pastel de cumpleaños. Bill, sonriente, le dijo «Sorprendeme».

Un salón repleto de hombres como Bill esperaba la siguiente constelación que desfilaría frente a sus ojos, prospectos del futuro, ya con un destino predefinido tras horas y horas de negociaciones. Un mercado de talentos.

Bill revisó cuál era la orden del día. Había pocas deficiencias en su planteamiento. Había llegado a acariciar la meta de la empresa antes de su ascenso y creían en él para obtener los objetivos. La tenacidad de Bill era por todos conocida. Incluso temida, como dijo Ian O’Connor. 

Y ahí estaba. En su cumpleaños. Usando traje. Listo para cumplir con sus obligaciones. Listo para firmar un par de papeletas, estrechar algunas manos y regresar a casa con los chicos.

Habían sido largas jornadas y quería descansar. 

2000 NFL Scouting combine Tom Brady

Le toca el turno 199. La sexta ronda. Ya sabe qué va a hacer. Pennington, Bulger y Redman han sido seleccionados. Pero queda el chico de Michigan. Flacucho,  demasiado alto, un poco lento, un brazo hábil, algo de talento. Un talento que Bledsoe y él podrían trabajar. Incluso usar como moneda de cambio. Es el año 2000 y los tiempos han cambiado. Los Pats deben pensar en el futuro. Olvidar las derrotas, los viejos fantasmas.

Bill piensa en Kurt Wagner. En cómo sería el momento preciso en que se le eligió para ser el campeón de ese año con los Rams. Piensa en el Señor Kraft, que le ha regalado unas mancuernillas más caras que su traje. En la papeleta la foto del chico delgado. Una nota. Let’s do it.

Y Bill piensa que puede pedir un deseo. Uno que le dé la suerte que su equipo necesita. No pide mucho. Llegar a postemporada, ganar la división, quitarse el peso de Parcells. Hacer un poco de historia. Solo un poco.

El chico sonríe. Él quería ser un 49er. Pero ellos se llevaron a Carmazzi.  Bill espera que tener 4 Quarterbacks no le traiga demasiados reclamos en el futuro por parte de sus jefes.

Al llegar a casa se encuentra con un delicioso pastel de chocolate y nueces. Solo hay una vela. William Stephen Belichick sopla. Ya pidió su deseo.

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