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Des-información electoral y pseudo periodismo | Columna de Alex Valencia

Balcón Vacío

Este año ha sido el peor en cuanto a transmisión de información en México. Y peor lo que nos falta todavía. El proceso electoral de este año ha liberado lo peor de nosotros mismos en cuanto a la transmisión de información; si ya de entrada las elecciones de 2018 pintan para ser las más sucias en la historia reciente, nuestra intervención como divulgadores de notas falsas, rumores absurdos y verdades tergiversadas ya sea para favorecer o denostar candidatos, nos convierte, a medios y ciudadanos comunes, en parte protagónica de tal destino.

Medios de comunicación que sin pudor exhiben su venta hacia tal o cual campaña, la aparición de fanpages y cuentas de Twitter de carácter seudo informativo y la visceralidad exacerbada de los usuarios de redes, llevan a pensar de nueva cuenta en periodismo e información en la actualidad, un tema que parecería no relevante, pero cuyo impacto social es tan fuerte que ha suscitado, por ejemplo, la crisis de Facebook por el mal uso de datos vendidos a Cambridge Analytica, aunque ese es una parte del caso que no abordaré ahora.

La errónea idea acerca de que gracias a internet todos podemos ser periodistas se ha convertido en uno de los enfoques centrales en torno a la reflexión sobre la ética en el periodismo contemporáneo. La capacidad de estar conectados a todo el mundo a través de la red ha motivado a muchas personas a difundir cuanto consideran es noticia y a partir de hacer tal ejercicio cotidianamente es como han nacido algunos portales informativos.

El problema con dicha formación empírica radica en que la falta de preparación académica y profesional también involucra a la formación ética y todo deriva en la subjetividad a partir de los valores particulares de cada uno de los reporteros cibernéticos, aunque también hay quien pese a haber hecho carrera en los medios de comunicación tradicionales, al abrir sus portales parecen considerar que la libertad de prensa pierde toda restricción deontológica al difundir información en la cual se pierde la perspectiva de imparcialidad, en ambos casos para convertirse en militantes, seguir abiertamente fines particulares, publicar datos no confirmados o rumores como noticia cierta, promover el sensacionalismo, tergiversar el contenido de las notas con su encabezado y en general soslayar a los géneros periodísticos.

La inesperada velocidad del desarrollo e influencia de las redes sociales en los años recientes ha tomado por sorpresa al periodismo en todo el mundo. Cuando apenas se estaba destrabando el dilema de comprender las posibilidades de plataformas múltiples, las redes sociales los obligaron a meterse a la corriente bajo riesgo de perderse en la orilla. Ya en 1980 Alvin Toffler había predicho la vorágine de la infoesfera en su libro “La tercera ola” con la masificación de la comunicación e interactividad mediática, lo cual viene a desembocar en un descontrol en la producción y distribución de información que al parecer no ha permitido a los medios de comunicación –mexicanos al menos- tomarse un tiempo para pensar en los fundamentos deontológicos del periodismo y como adecuarlos a su nueva forma a través de internet.

En ese camino, supuestos relevantes como la hipertextualidad han sido socavados en los medios mexicanos, que en su mayoría rozan escasamente con la multimedialidad; es decir, apenas hacen enlace entre el texto impreso, el electrónico y algún recurso audiovisual y no han entrado de lleno a la posibilidad de vinculación en cadena de las notas producidas.

En noviembre de 1983 tras una reunión de asociaciones internacionales de periodismo en la UNESCO se emitió el documento “Principios Internacionales de ética Profesional del Periodismo”, nueve puntos en los cuales se resumen las principales líneas globales, de manera independiente al propio código de responsabilidad de cada medio. Revisándolos se puede ver que prácticamente todas son vulneradas cotidianamente en la prensa cibernética, aunque dado el enfoque de este texto, me remito al punto 5 del código, Acceso y participación del público: “El carácter de la profesión exige, por otra parte, que el periodista favorezca el acceso del público a la información y la participación del público en los medios, lo cual incluye la obligación de la corrección y el derecho de respuesta.” Redactado años antes de la revolución del internet, el punto cobra particular relevancia ahora, cuando la interacción entre medios y usuarios se ha diversificado al grado de abrir la posibilidad ilimitada al periodismo empírico.

La hipertextualidad de las noticias ya no se limita a la reproducción verbal o escrita de las mismas por los lectores, sino que tienen la capacidad de redimensionarse a partir del uso, compartición, transformación o elongación por parte de quien la recibe, máxime cuando proviene de una fuente generada por la propia sociedad.

La responsabilidad social parece así una de las líneas fundamentales sobre la cual habrían de detenerse a pensar quienes lo ejercen, replantear el escenario a fin de conseguir a la par del aprovechamiento de las herramientas tecnológicas, una dinámica mediante la cual se establezcan las normas de interacción para con los usuarios de internet y los medios de comunicación que permita reivindicar el rol del periodismo en el desarrollo de la sociedad.

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