#4 TiemposMosaico de plumas

Del sentimiento de ser foráneo | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?

-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.

-¿A tus amigos?

-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.

-¿A tu patria?

-Ignoro en qué latitud está situada.

-¿A la belleza?

-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.

-¿Al oro?

-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.

-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?

-Quiero a las nubes…, a las nubes que pasan… por allá…. ¡a las nubes maravillosas!

Charles Baudelaire, El extranjero

 

Uno adquiere la etiqueta de foráneo en el momento que toma sus maletas, cruza el umbral de la puerta de su hogar y toma su boleto con destino a su nueva ciudad. Puede ser que la ciudad se encuentre en el mismo estado, o no. Puede ser que sea dentro del mismo país o fuera del continente. Aunque la verdad es única, uno no es de allá por más años que uno lo habite. Las razones pueden ser muchas. Desde seguir la idealización del amor o perseguir el sueño de convertirse en un mejor profesionista. Uno sólo deja el lugar donde creció por un futuro mejor. El miedo del porvenir es mayor que el temor de dejar lo conocido. Valientes aquellos que lo enfrentan.

El ser foráneo se vuelve un estatus de por vida, nunca eres de acá y ya no eres de allá porque te fuiste. Los modismos te delatan por más que trates de ocultarlo, ese acento regio o chilango no se ocultan por más que una credencial te respalde. La elección de comida es la prueba más fuerte sobre tu origen. Un oriundo conocerá los lugares más ricos y baratos de la ciudad. Tú, foráneo, solo conocerás los alimentos mejor puntuados en alguna aplicación. Tu calidad de extranjero te limitará de los placeres gastronómicos reservados sólo para los nativos. Nunca conocerás la verdadera historia de la ciudad, podrás leer libros y artículos sobre tu nueva ciudad que te darán los datos más relevantes. Estadísticas de población y geografía, pero jamás mencionará esos accidentes automovilísticos que cimbraron la ciudad, la visita de algún artista importante o las espectaculares inundaciones que propiciaron el ingenio mexicano. No sabrás de los cines viejos y sus historias de ultratumba, por más que asistas a todas las noches de leyendas. Esas leyendas son solo para los niños que se criaron en tu nuevo sitio. Nunca podrás tocar la esencia del alma de tu nueva ciudad.

Pero no todo es negativo. Al llegar a una ciudad donde no habitan tus compañeros de escuela tendrás la ventaja de salir en las mejores fachas al súper sin el miedo de ser criticado por tus conocidos; pero a cambio asumirás la desventaja de no tener con quien compartir las tardes de futbol. Desarrollarás la capacidad de socializar abruptamente. Aunque parece sencillo crear amistades si el motivo de tu desplazamiento fue estudiantil. No ocurre lo mismo si tienes más de 25 años. Las personas solo hacen amistades en Facebook porque en la cotidianidad, ya tienen su lista de compadres de hacer más de una década. No tendrás que inventar pretextos para declinar invitaciones a eventos sociales, pues al principio, tus invitaciones serán nulas. No te aflijas, el aroma a forastero se puede detectar fácilmente. Los foráneos se huelen o más bien, se escuchan sus acentos y se atraen como polen a las abejas. En un par de meses te darás cuenta de que no eres el único que dejado todo por un mejor futuro. Se unirán para fundar una sociedad de fuereños. Una sociedad con una gastronomía única; mezcla de sazones y productos que por naturaleza se repelen. Compartirán anécdotas y palabras formando una propia habla. Convirtiéndose así en un oasis en medio de tu soledad.

También lea: Enseñar a leer | Columna de Andrea Lárraga

Nota Anterior

CEDH seeks Gender Alert for three more municipalities of SLP

Siguiente Nota

Au revoir les enfants | Columna de Juan Jesús Priego