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“Del pene y otros pasivos” | Columna por Paúl Ibarra

Columna “Desde mi Clóset”

Por Paúl Ibarra.

“No por poseer un falo en medio de las piernas autócrata y complaciente se es más viril y poseedor de poder, este se acuña como un medio de control absoluto ante los más sumisos”, Gerald le discaurd.

La violencia ha sido desde siempre un arma del hombre para someter. De la misma forma, la sexualidad es un motivo de represión en casi todas las culturas.

La represión de la sexualidad a través de la violencia ha sido a lo largo de la historia un común denominador en las distintas “civilizaciones” que han poblado la Tierra. El común denominador es: EL PENE.

Vivimos en una cultura falocéntrica, el pene es la principal herramienta de dominación. Lo ha sido desde siempre. ¿El pene? Sí, la verga, reata, pajarito, pilín, polla, Omarcito, Raúlin, como quieras llamarle, ese órgano tan insignificante que tantos placeres te ha dado en la vida, pero también tantas insatisfacciones y decepciones es un instrumento de poder. La cultura egipcia, por ejemplo, tenía una deidad en la que exaltaba el poder de este órgano. Los obeliscos son una muestra de la importancia del pene en la vida del hombre. Este tipo de estructuras arquitectónicas se pueden encontrar en todas partes, desde las antiguas ruinas egipcias, hasta el capitolio en los Estados Unidos, pasando claro está por la plaza de San Pedro en El Vaticano donde una gigantesca figura fálica se muestra onerosa al centro de la capital política de los católicos.

Existen diversos mitos en los que se asemeja al Sol con la fertilidad, por lo tanto con el pene. Uno de los más conocidos es el dios Min. Antiguo dios de la sexualidad que dejaba al descubierto su bien dotada virilidad. En la antigüedad, la sexualidad estaba menos reprimida que ahora. Era vista como una cualidad innata al ser humano.

Hoy todo es asunto de represión, de la cultura religiosa que tiene como objetivo dormir el pensamiento. La cultura que da respuestas, no las busca, dios las tiene. Una cultura que no indaga, mucho menos discute, sólo asume. Patrañas. Viles engaños que han reprimido al hombre para el ejercicio libre de su sexualidad. De disfrutar de la vida sin remordimiento alguno.

El discurso doble moralista de la religión y de todas las instituciones de poder se basa en el sometimiento. Someter, sinónimo de agachar la cabeza, de penetrar. Shazamm!!! Otra vez el pene. Freud pensaba que todo tenía una connotación derivada del placer sexual, que se trata de reprimir a través de las instituciones de poder. Tal vez no tenia del todo la razón pero… qué rico ¿no creen? que todos fuesen tan libidinosos como decía Freud. Sin embargo no es así, no todo es placer sexual, así que ya deja el Rexonna en aerosol o al menos ponle mucho lubricante. Sin embargo la sexualidad y su libre ejercicio son una cualidad humana, por lo tanto un derecho. Cada individuo puede disfrutar de ella como mejor le convenga. Según sus deseos, necesidades, fantasías y hasta perversiones siempre y cuando no afecten a terceros.

Violencia, discriminación, son casi sinónimos de ser mujer, homosexual, niño, indígena, negro o persona con discapacidad. Los hombres machotes con un pene con disfunción eréctil o eyaculación precoz, han intentado desde siempre tener el poder. Someter, penetrar, violentar. Ahh, pero eso sí, nos dan cucharadas de equidad e igualdad, con sus “iniciativas” y los discursos mediáticos. Patadas de ahogado de un ente que pierde credibilidad. Celebran una supuesta independencia que yo no veo por ningún lado. Nos muestran a niños genio que al menos en las escuelas públicas ni privadas no están, “todo el mundo cree que saben” pero ¡cuazzzz! tienen un guión. Supuestas iniciativas para festejar la revolución, etapa que aún no se ha superado. Cualquier persona con más de dos dedos de frente se da cuenta que las instituciones son las mismas, las políticas también. Criterios en su totalidad rebasados por una sociedad en constante cambio. A veces callada, a veces con destellos de resplandor por sectores sociales que buscan un espacio.

Pero dejemos atrás la fatalidad en la que está nuestro país. Estábamos en la verga. Me siento a pensar e indago. Cómo es posible que ese pequeño miembro, a veces flaco, a veces negro, a veces largo, a veces tieso, pueda provocar tanto. Mientras buscamos la respuesta disfrutemos de él. Como todo objeto desechable exprimámoslo hasta consumirlo. Que se preocupen los activos.

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