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De la oposición al poder… ¿AMLO cumplirá?

El presidente tendrá que maniobrar entre las dinámicas del mercado y sus compromisos de gobierno   

Por El Saxofón

El pasado sábado Andrés Manuel López Obrador, pronunció su último discurso desde la oposición. Ya con la banda presidencial sobre el pecho, y la responsabilidad del país sobre los hombros, comenzó su mensaje haciendo un reconocimiento al presidente saliente Enrique Peña Nieto, pero no por su desempeño en el cargo, sino por “no haber intervenido, como lo hicieron otros presidentes, en las pasadas elecciones presidenciales”; al mismo tiempo hizo un reproche por el fraude electoral del que se ha dicho víctima desde el 2006.

Lo que siguió fue una diatriba contra el neoliberalismo y una filípica contra quienes impulsaron aquel modelo económico. Ante el Congreso de la Unión en pleno, con invitados de diversos países, el hombre de 65 años, los últimos 13 de ellos bregando por llegar a la presidencia, hizo el juicio sumario de quienes lo precedieron.

El recinto permaneció en silencio durante los largos minutos en los que López Obrador hizo el recuento de fracasos, aludiendo en todo momento a los responsables. Nadie se levantó a defenderlos, nadie tampoco, aplaudió lo que decía el presidente. Las realidades enumeradas, caían sobre el público como el peso de un terrible diagnóstico.

El neoliberalismo, resumió, “llevó al país a la informalidad, la migración y la delincuencia”.

El recién ungido mandatario, sostuvo que la crisis de México no se originó solo en el fracaso del modelo neoliberal, sino que tuvo amplia base en la corrupción, que “se convirtió en la principal función del poder político”.


PRIMERO VINO EL REGAÑO

El tabasqueño criticó, que gracias al neoliberalismo, “la economía ha crecido en 2 por ciento anual”.

“Se ha empobrecido a la mayoría de la población hasta llevarla a buscarse la vida en la informalidad, a emigrar masivamente del territorio nacional o a tomar el camino de las conductas antisociales”.

“La política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad… antes del neoliberalismo producíamos y éramos autosuficientes en gasolinas, diesel, gas, energía eléctrica. Ahora compramos más de la mitad de lo que consumimos de estos insumos”.

Luego vino el perdón, López Obrador señaló que no habría una cacería de funcionarios salientes, puesto a que “no apostamos al circo ni a la simulación”, sentenció, mientras la nueva oposición, encabezada por los legisladores panistas, iniciaban las protestas.

“No habría juzgados ni cárceles suficientes”, dijo y, en este punto, la transmisión oficial alcanzó a captar la risa nerviosa del ya ex presidente, Enrique Peña Nieto, que en todo momento mantuvo el gesto adusto, y parecía contestar con parquedad lo que (vaya usted a saber) le decía sonriente el senador Martí Batres.

“Y lo más delicado, lo más serio, meteríamos al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación, y ello nos llevaría a consumir tiempo, energía y recursos que necesitamos para emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México”.

Sin embargo, zanjó: “Pero la ciudadanía tendrá la última palabra, porque todos estos asuntos se van a consultar a los ciudadanos”.

Luego, como ya sabrán los que leyeron las crónicas periodísticas, se refirió que él no será corrupto “me comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario o hacer negocios al amparo del poder público”.


UNA LARGA LISTA DE PROMESAS

Durante el acto de toma de protesta, AMLO dijo estar comprometido con el desarrollo del país y dijo que “se acabará la vergonzosa tradición de fraudes electorales, no habrá necesidad de incrementar impuestos… no aumentarán los precios de los combustibles más allá de la inflación. Tampoco vamos a endeudar al país. Se respetará la autonomía del Banco de México y vamos a impulsar proyectos productivos con inversión pública y privada, nacional y extranjera”.

En el discurso, también habló de los proyectos que se tienen previstos para su gestión, como el tren maya; la nueva refinería en Dos Bocas, Paraíso, Tabasco; Una vía para tren de carga en el Itsmo de Tehuantepec; el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, con dos pistas adicionales en la Base Aérea de Santa Lucía.

“La zona libre a lo largo de los 3 mil 180 kilómetros de frontera con Estados Unidos, en esta franja se reducirá el IVA del 16 al 8 por ciento, becas a estudiantes, pensión a los adultos mayores”.

 

MILITARIZAR LAS CALLES


El problema de la inseguridad no fue abordado de manera directa. Sin embargo, al hablar de la creación de la Guardia Nacional, vino otro regaño, esta vez para la Policía Federal: Para López Obrador, la corporación creada hace 20 años “es en la actualidad un agrupamiento de apenas 20 mil efectivos, que carecen de disciplina, capacitación y profesionalismo.

El mandatario señaló la actuación de las policías estatales y municipales y habló sobre las condiciones en las que trabajan “los agentes ministeriales y los cuerpos policiales estatales y municipales, se debe reconocer, sin generalizar, que muchos están movidos por la corrupción y no por el deber del servicio público, y que su descomposición los pone bajo el dominio de la delincuencia”, dijo.

Ya como presidente, López Obrador justificó la militarización del país, por medio de la creación de la Guardia Nacional. “Sé que es un tema polémico, pero tengo la obligación de expresar mi punto de vista con realismo y argumentos”, dijo.

“Añado que según nuestras leyes el titular del Poder Ejecutivo es el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas y reafirmo el compromiso de que el presidente de México nunca dará la orden de reprimir al pueblo ni será cómplice o encubridor de eventuales violaciones a los derechos humanos”.

¿Y las víctimas?

Cabe hacer notar, que en ningún momento en su discurso, López Obrador habló directamente de las víctimas de la delincuencia.

El pasado 14 de septiembre, después de escuchar por horas el testimonio y las exigencias de familiares de víctimas de la violencia, el todavía presidente electo, aseguró: “Les digo en lo que corresponde a mi responsabilidad, en el momento que llegue a la Presidencia, le voy a pedir perdón a todas las víctimas de la violencia”

Al menos en su primer discurso, no lo hizo. Ni siquiera se refirió a ellas, a no ser por el momento en el que los legisladores panistas empezaron a hacer el recuento de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, a lo que el presidente hizo una pausa, dejó que el conteo llegara al 43 para recordarles que se conformará una Comisión para investigar y hacer justicia en este caso.

La ceremonia que se vivió en el Congreso de la Unión el pasado sábado, fue el acto protocolario de cambio de poderes, pero también fue un cambio de papeles: Andrés Manuel López Obrador pasó de la oposición al poder. A partir de ahora, todo lo que ha criticado en otros, pasará a ser su responsabilidad. López Obrador inicia su mandato con un nivel de aprobación muy alto: el 63 por ciento, pero también hay que decirlo, asume la tarea de dirigir el destino del país en medio de dos narrativas fuertemente arraigadas: la de la esperanza y la de la incertidumbre.

 

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