Sólo para débiles

Curiosos a bordo. Columna de Eduardo L. Marceleño

SÓLO PARA DÉBILES.

Una de las excepcionales situaciones que deja viajar en transporte público dentro de una ciudad pequeña es la coincidencia. El patrón momentáneo que pudiera definir el caos del público en un camión se armoniza en rutas matutinas.

La coincidencia se vuelve una elección mística y la rutina una norma con sorpresas, la aporía de los camiones urbanos. En más de una ocasión he coexistido con desconocidos personajes en la misma ruta del público que me lleva al periódico donde trabajo.

Una muchacha con insignias de universidad sube y baja en el mismo sitio que yo. Con ella surgen dos especulaciones: uno.- se trata de una docente suficientemente joven para dar clase a personas apenas cuatro años menores que ella, o, dos.- una universitaria, acaso retrasada en su carrera, que perfecciona su maquillaje con el cuidado de la experiencia en urbanos.

Compartir un viaje entero con la muchacha todos los días sirvió para que yo empleara, en mis mañaneros trayectos diarios, un último gesto de amabilidad ciudadana: siempre le cedo el paso al bajar. La cortesía natural que pudiera darse en lo fortuito, se ha convertido en un rito coloquial de silenciosa interpretación: ambos sabemos quién debe descender primero.

Teorizar la profesión de mi compañera abordo ha sido consecuencia de la repentina constancia en que hemos coincidido (de 10 viajes, la encuentro en 8). En el camino, los pasajeros son parte un tiempo dentro del tiempo, una isla de la introspección, la expresión del subconsciente que se estimula en el golpeteo de los baches. Se piensa en cualquier cosa menos en el destino de la ruta.

La interpretación de cada persona pertenece a la temática de los observadores, el desconcierto de no saber quién viene al lado. ¿Qué es la confusión sino el mejor comienzo para la especulación? El mundo se llena de curiosos que viajan en camión todas las mañanas.

La vida es una ronda de nimiedades básicas. La percepción se convierte en juez ineludible del contexto. El periodismo está hecho de acontecimientos que se narran a partir del estado de ánimo, la conducta de las masas. El curioso es la piedra angular dentro de esa disertación: quien ve primero la noticia decide cómo hay que contarla.

El transporte público representa una pequeña muestra del comportamiento sociedades. En una ciudad como la nuestra, la representación itinerante expresa patrones de coincidencia secuenciales. Nos sometemos a encuentros involuntarios con desconocidos dentro de una actividad voluntaria. Entonces, coincidir comienza a ser una situación de normal entendimiento. Las rutas de la ciudad obedecen a personas constantes.

Faltaban tres cuadras para bajar, llevaba tiempo considerable para dar un paseo y llegar con tiempo al trabajo. Timbré antes para no tener que enfrentar la fastidiosa situación de cortesía diaria. El incómodo ademán de la caballería que ya se había vuelto rutinario. Esta vez yo bajé primero.

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