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Cuando los políticos arruinan la literatura | Columna de Xalbador García

Vientre de cabra

(Este texto apareció originalmente en vientredecabra.wordpress.com)

La democracia en México puede resumirse en las siguientes líneas: unas personas dicen que son de izquierda; otras, de derecha; los despistados, se califican de centro; otros carecen de ideología y ni siquiera les importa tener alguna; los más, le entran al despapaye sólo para obtener recursos federales. Entre todos arman un juego que se trata de presentar anuncios en radio y televisión, y hacer mítines masivos. Los candidatos se visten como para su primera comunión y se comportan muy civilizados, igualito que en el primer mundo. Gana el que mejor haga fraude y compre más votos.

Ante tales circunstancias es imposible escribir novela política en el México actual. Obras como Conversación en la catedral o Por quién doblan las campanas, El poder y la gloria o Rebelión en la granja se quedan desabridas ante los últimos años de nuestra historia. Lo más idóneo para asir nuestras circunstancias es el género policiaco, porque la prudencia nos falta y las balas nos sobran.
A continuación propongo bocetos para escribir dos novelas políticas ajustándose a las actuales circunstancias nacionales (nota: siéntanse con la libertad de plagiar cualquier idea):

I

Una bildungsroman política en México tendría tintes deportivos. El protagonista, llamado Cuauhtemotzin White, es un joven con talentos sobresalientes para el béisbol. El conflicto de la trama: ha nacido en uno de los barrios más conflictivos del norte del país. Lucha todos los días por sobresalir en el deporte hasta alcanzar su sueño: ser parte de las Güilas Amarillas del México, la escuadra más odiada y putrefacta del país. Unas voces, que sólo él escucha, lo alientan en los momentos más agrestes de la narración.
Sus buenas hazañas lo hacen llegar a las Grandes Ligas, pero nuevamente el destino le escupe en la cara: un caribeño resentido le da un pelotazo en el rostro. La lesión derrumbará sus deseos de gloria en el extranjero. Regresa al país y, tras jugar 90 temporadas en diversos equipos, piensa que es hora de hacer un cambio social.
Busca la alcaldía de un pueblo con aspiraciones de ciudad que, además, es acosado por la delincuencia organizada. Sin embargo, la desgracia lo persigue. No gana la presidencia municipal. Sus enemigos políticos lo humillan. Él no se da por vencido y logra ser diputado estatal, porque nadie se había dado cuenta que el deportista aparecía entre los primeros cuatro candidatos plurinominales que proponía su partido para el Congreso local. La última escena de la novela debe ser esperanzadora: en medio de un parque de béisbol, Cuauhtemotzin White escucha las voces que lo han perseguido desde su niñez: “Constrúyelo y ellos vendrán”. “No mamen”, les contesta el héroe. Fin.

II

Un payaso, conocido como Lagrimero, entra a la competencia electoral. Gana la gubernatura de su estado utilizando la técnica Marcel Marceau: no digo nada para que no me tachen de pendejo. Rumbo a los comicios presidenciales tendrá que enfrentarse a Manolillo Asco Capello, mandatario de un estado sureño que le gusta cachetear a sus amantes en público.
La novela debe tener matices de intriga amorosa. Posiblemente Lagrimero y Asco luchen por el amor de una actriz que ha trabajado por años en la industria porno del país, empresa conocida como Telepinga. Ella se debate interiormente, cual Madame Bovary del siglo XXI, entre los dos hombres que le ofrecen su amor, su dinero, pero más importante, la presidencia.

En una competencia como nunca antes vista en el país, los candidatos exponen sus mejores ideas políticas. Incluso Lagrimeo, payaso al fin, menciona que, si logra el triunfo, mejorará la situación social del país. La revista Times lo nombra el político mexicano más innovador de los últimos 50 años por ese ideario sin precedentes en el México moderno. La narración llevaría un ritmo vertiginoso. El último capítulo sería el más importante. Se sabrá quién es el triunfador en el amor y en las elecciones. Al final, gana nuevamente el PRI.

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