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#Crónica | Futuro Festival y la movida potosina

Fotos cortesía de: Ernesto Chato

Por: Carlos López Medrano

Desde su primera edición el Futuro Festival tenía muy claras las intenciones. Se podría percibir desde su nombre: se trataba de un proyecto que pretendía apuntalar la escena musical de San Luis Potosí desde una dinámica que no escatimó en ideas ni en atrevimiento, bajo la evidente conciencia de que el público recompensa las propuestas de calidad.

Si ya en la primera edición Futuro Festival había dejado su impronta como un movimiento importante con la presencia de un headliner como Javiera Mena y la reivindicación del Teatro Alarcón como un sitio donde la vida era posible, la consolidación absoluta llegó con la segunda edición ocurrida el sábado 24 de marzo de 2018.

Se trató no solo de un paso, sino de un salto adelante en lo que se refiere a los festivales en San Luis Potosí. Y no solo eso, fue la muestra definitiva de la ciudad como un punto emergente y en notable crecimiento a nivel cultural en la región. Una plaza con mucho potencial que puede ser aprovechada por otros productores e inversores que sepan cómo sacar jugo de una población ávida de esparcimiento, baile y un grado de locura.

En vez de subestimar al público con una oferta complaciente y anclada a una tradición ya desgastada, el Futuro Festival buscó refrescar y poner bandas que así como atrajeron la atención de una parte de la audiencia, supusieron un descubrimiento para quienes acudieron al acontecimiento de forma casual.

Pero el festival tampoco cayó en ese error tan frecuente de los eventos alternativos en donde existe una manía por apelar a bandas oscuras como si se tratara de una competencia de exclusividad o elitismo sonoro, más preocupada por mostrar la erudición de quien elige que por ofrecer un cartel seductor y disfrutable para los asistentes.

La curaduría Futuro Festival equilibró a bandas locales con extranjeras, lo célebre con lo de culto y el ruido con las melodías. Y más que eso, significó un menú sólido que por sí mismo  conformaba una oferta digna. Un acercamiento a sonidos no habituales en eventos de su tipo en en el estado, pero con el acierto añadido de no tener una pretensión de aleccionar a los escuchas, sino con un respeto pleno hacia ellos, sin otro ánimo que mostrar que el crecimiento es compartido, se da en sintonía de organizadores y asistentes, quienes se pueden potenciar el uno a otro siempre y cuando exista un respeto recíproco.

Fue así que el line-up alternó a bandas de notable arrastre popular como Little Jesus  con otras de arraigo histórico como The Make-Up, a los que hay que sumar la presencia de Mujercitas Terror con su magnetismo garage, Drab Majesty y el porvenir hipnótico, así como el talento local de XIII, que pese a los problemas técnicos continúa palpitando gracias a una sólida base de admiradores y un sonido de excepción en la comarca.

Y, pese a todo, lo más relevante fue que el festival se sostuvo en algo que trascendía a la música y que cubrió otros aspectos claves como el recinto, la atención, la seguridad y la oferta gastronómica. Una combinación de elementos que parecen sencillos pero que en realidad es muy complicado de conjugar con la soltura que se vio esa tarde/noche. Todo se puede resumir en una palabra: armonía.

The Make-Up

El servicio que ofrecen los conciertos es invaluable y pone en perspectiva la naturaleza de los seres humanos a quienes, lejos de mayores complicaciones,  les basta en última instancia con música, compañía y alguna bebida para pasar un buen rato y rescatar la semana entera.

Reconocimiento aparte merece el comportamiento del público, mismo que se mostró civilizado y a la altura de un evento lleno de magia. No hubo papelones, mal ambiente ni mayores ridículos. Hubo, sobre todo, convivencia de altura y educación.

Contrario a lo que opinan algunos esnobs y los eternos detractores de lo local (quienes viven obsesionados con menoscabar lo propio con tal de aparentar finura y cosmopolitismo, revelando más bien así sus complejos y estrechez mental), San Luis cuenta con una escena, si bien incipiente, nutrida y cada vez más avezada en lo cultural. Las generaciones más jóvenes se complementan bien con las que ya no lo son tanto en un cóctel lleno de vida y emoción. Una movida donde hay estilo y encanto.

Lo anterior fue patente más que nunca en el Futuro Festival. Una verdadera fiesta que marcó un punto de inflexión en la organización de eventos en la ciudad. La elección del foro fue un acierto de alcance mayúsculo que cualquier de los presentes pudo dimensionar. Luego de lo experimentado el sábado pasado, no queda otra que felicitar a quienes hicieron posible aquella jornada. Desde el equipo de trabajo hasta el último de la fila, mostraron lo que San Luis Potosí es capaz de impulsar. Esperemos que el ejercicio se repita (y vaya aún a más) el año próximo y que otros empresarios y productores tomen nota  de lo sucedido.

@Bigmaud

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