#4 TiemposSan Luis en su historia

Crimen en el Ayuntamiento | Columna de Ricardo García López

San Luis en su su historia

En la primera parte de este artículo comentaremos brevemente una causa que hoy llamaríamos penal y que en la época en que se cometió, es decir el día 4 de julio de 1692 se denominó: Causa criminal de oficio, de la Real Justicia en contra de Pascual Sotelo, mulato por haber hecho una muerte a Martín Romero, mestizo hombre viejo y mendigo. Y que no es otra cosa que el asesinato de una persona a las afueras del Palacio Municipal.

Aquí solo se transcriben algunos detalles, porque el expediente completo es sumamente voluminoso y ocuparía un gran espacio. Quien pretenda conocer el caso en forma completa deberá acudir al Archivo Histórico del Estado y consultar el fondo denominado Alcaldía Mayor, en la sección que se titula: causas, y consultar el legajo 1695- 3- 5 que consta de 25 fojas.
Este expediente, en algunas de sus partes dice:

«En la ciudad de San Luis Potosí en 4 días del mes de julio de 1695 años, el señor Francisco Eusebio del Castillo y Saavedra alcalde mayor de esta ciudad y su jurisdicción y teniente de capitán general de las fronteras chichimecas de esta Nueva España y proveedor a paz y guerra en ellas por su Majestad dijo que por cuanto ahora que eran las 12, hora del mediodía se le ha dado noticia de que un mulato hirió bajo los portales de estas Casas Reales a un hombre viejo e impedido, mendigo que anda pidiendo limosna de puerta en puerta para su sustento por lo viejo e imposibilitado que está de poder trabajar para conseguirlo, y que luego que lo hirió con un cuchillo, el mulato se introdujo a la Iglesia parroquial de esta ciudad (hoy catedral) y para saber y averiguar este caso y lo que en él pasó, y saber quién es el mulato, y como se llama, y el herido, y por qué causa y motivo le hirió, mandó se examinen los testigos que del caso supieren y se le tome su declaración al herido y se dé fe de la herida y se proceda a las demás diligencias que convenga para la buena administración de la Real Justicia».

Debemos recordar que el Alcalde Mayor era la primera autoridad en la ciudad y que en la alcaldía había un juzgado y, en este caso, el alcalde, estaba actuando en calidad de juez y que las Casas Reales es lo que hoy es el Palacio Municipal, y para que no se confundiera, esta denominación con la de Cajas Reales, a éstas se les denominó Reales Cajas o Real Caja que es ahora el recinto universitario que está en la esquina de las calles Francisco I Madero y Aldama y que indebidamente se le llama actualmente: Caja Real.

El Alcalde para poder dictar justicia procedió a las investigaciones de la manera siguiente:
«Incontinenti en dicho día mes y año, el señor general y alcalde mayor en prosecución de las diligencias de ésta causa, en compañía de mí, el presente escribano vino a este convento y hospital de San Juan de Dios de esta ciudad en donde trajeron a curar al hombre , y estando en la enfermería del hospital, se le recibió juramento acostado en una cama y dijeron ser el mismo que habían herido hoy en los portales de las Casas Reales y juró por Dios nuestro Señor y la señal de la Cruz, en forma de derecho, bajo cuyo cargo prometió decir verdad y siendo preguntado, ¿como se llama y de donde es natural? Dijo que se llama Juan Romero y que es mestizo y vecino de esta ciudad casado con Juana de la Cruz, loba que está ausente en la ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, hace cuatro años, también dijo que estando hoy como a las once, sentado bajo los portales de las Casas Reales, esperando la limosna que dan a, los mendigos, cada sábado, llegó un mulato prieto y dijo a este declarante: ¿está allí el señor general? A lo cual no respondió nada, y el dicho mulato se fue para adentro de las Casas Reales y salió por la puerta trasera de la cochera, y volvió a entrar en los portales, y se puso ha hablar con los presos que estaban en la ventanilla de la cárcel, y cuando este declarante se levantó de las puertas de las Casas Reales en donde estaba sentado, se fue el mulato hacia este declarante, con un cuchillo en las manos, y sin haberle dado causa ni motivo alguno, le dio con dicho cuchillo, una herida en el vientre, de que le sacó las tripas tirándolo en el suelo de la dicha cuchillada, diciéndole: ¡este hereje me lo ha de pagar!, y que al mulato no lo conoce ni sabe como se llama ni de donde es, porque no lo ha visto sino hasta hoy en los portales, y que esto es lo que pasa y la verdad para el juramento que tiene hecho, y declaró que aunque el dicho mulato le hirió, no por eso ha faltado a la verdad, no supo decir su edad, al parecer, por su aspecto es de más de sesenta años y no firmó porque dijo no saber escribir, y habiéndosele dicho si quería querellarse del dicho mulato que le había herido que lo hiciese y se le haría y guardaría justicia en lo que la tuviere. Respondió que si se querellaba y que por ser pobre lo deja en manos de su merced dicho señor general y alcalde mayor y lo firmó su merced de que doy fe = Don Francisco Eusebio del Castillo y Saavedra = ante mí Francisco de Pastrana escribano público y real».

Después, el juez mandó al médico (legista) al hospital de San Juan de Dios que estaba al lado del templo que todavía lleva el nombre de San Juan de Dios y Nuestra Señora del Rosario, donde se ubica el museo Federico Silva, para que examinara al herido. Cumpliendo con la orden el médico declaró lo siguiente:

«Declaración del cirujano. El alcalde mayor, para dar inicio a las diligencias de ésta causa, hizo llamar al maestro Andrés Ibáñez de Villanueva, vecino de esta ciudad, maestro cirujano, aprobado, examinado y boticario para efecto de que reconozca la calidad y estado de la herida que se le dio a Juan Romero mestizo, y para efecto de que le cure de ella. Siendo preguntado por el estado y calidad de la herida dijo: que la herida que tiene el dicho Juan Romero, es penetrante, hecha con instrumento cortante, cuchillo, machete u otro tal en la parte baja del vientre, inclinante al lado derecho, comparte del omento redaño, fuera en que manifiesta haber salido parte de este miembro, que la herida es penetrante y no carece de peligro. Y que esto es lo que siente en su conciencia y alcanza su leal saber y entender y la verdad para el juramento que tiene hecho».

En la próxima entrega contaremos el desenlace de este crimen.

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