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Corazón de curioso | Columna de Alma Barajas

La capitana #13

 

La Orquesta da la bienvenida a Alma Barajas como su nueva columnista. A excepción de hoy, martes, todos los lunes en la versión impresa y digital de este medio, nuestro #CultoPúblico podrá encontrar sus aventuras futboleras y de vida, que en ocasiones se traslapan.

 

La curiosidad es parte del desarrollo humano. Aparece en el momento oportuno. Sin ésta, la humanidad no contaría con un futuro, tampoco con un presente.

¿Qué es? ¿Para qué sirve? Fueron las preguntas que surgieron la primera vez que un balón de fútbol apareció en la vida de una niña de 6 años. Está tan vívido el recuerdo. Es de nunca olvidarse.

Pentágonos negros y blancos adornaban aquella preciosa esfera que generaba una terrible necesidad de ser pateada, imitando el movimiento de los jóvenes varones presentes que sonreían al hacerlo.

Gracias curiosidad, por introducir el futbol a una vida joven, muy joven en realidad, pero que nunca lo dejaría ir.

¿Por qué las personas pensaban que las mujeres no eran virtuosas para este deporte? Qué tontería. Tantos inútiles varones en las líneas de las terceras divisiones ganando dinero por hacer algo maravilloso como jugar, mientras las mujeres, muchas de ellas mejores en habilidad, técnica, fuerza y otros atributos deportivos, son reprimidas por la sociedad conservadora y machista.

Esto no es un tema feminista, que flojera pensar que lo es. Es una duda simplemente: ¿qué diferencia marca la sociedad en general, entre la mujer y el hombre con respecto a este deporte? Hay tanto debate que rodea esta historia, es un cuento ya muy largo.

Qué bello recuerdo aquel del balón. Qué lástima que la frase “no, pequeña; te puedes ensuciar tu vestidito”, mermó la ilusión de aquel pie ansioso de iniciar una nueva aventura.

Nuevamente, intervino entonces un acto social. No sé si conservador, pero algo no estaba bien ahí, desde un punto de vista personal claro. Querían cuidar un vestido que para empezar, estaba horrible, era muy incómodo y ya estaba sucio, por culpa de la soda de naranja. ¿La reacción hubiese sido distinta de haber sido varón? No se puede saber, pero, gracias a eso, la curiosidad creció, y nunca se fue. Incluso con el paso del tiempo, logró desarrollar un amor por ese deporte, algo inusual para una niña que, por cierto, tenía dotes para esto. Era buena con los pies, veía el campo como si tuviera trazos matemáticos que marcaran las trayectorias posibles del viaje del balón para que llegara a los pies de las compañeras.

Gracias a aquella curiosidad, a aquel momento incómodo con esos jóvenes “cuidadosos”, el fútbol inició una emoción desbordante en la vida de esa niña. Y como cualquier hombre adulto, joven o niño lo diría, ¡amo el futbol! desde que tengo memoria.

A través de este espacio, espero relatar, compartir o informar, datos, historias y momentos que envuelven a este maravilloso deporte, a este acto que nos ha regalado la misma sociedad. Mi vida está llena de futbol y no me la imagino sin él.

Muchas gracias por darse un tiempo para leer esta breve iniciación, vamos a disfrutar del futbol. Gracias, curiosidad, de verdad muchas gracias.

BIO: Videógrafa que respeta toda ideología que no afecte la libertad. Enamorada del futbol, del cine animado, de Studio Ghibli y de la Oreja de Van Gogh. Alguien que solo intenta compartir un poco con ustedes.

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