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Confundiendo términos: del feminismo a feminazi | Columna de Marcela del Muro

Mujer al agua

 

Tal parece que para un sector de la población en México el término feminismo es sinónimo de odio a los hombres. Si bien la afirmación anterior puede parecer un lugar común, me atrevo a sostenerlo pues hace unas semanas en redes sociales me topé con una publicación de la revista Tvnotas con el título: “Feminazis, la lucha por el trono”.

El contenido es desafortunado por los errores garrafales, pero habituales para definir el feminismo y la comparativa sexista que tiene este movimiento con el machismo y misandria. A raíz de esto, he puesto mi atención en los comentarios generales sobre el feminismo y ha sido más frecuente leer o escuchar: “ni machismo ni feminismo” o “el llamarse feministas es aceptar la desigualdad y el sexismo”. Ante esto, lo único que puedo decir es que estamos malinterpretando lo que es el feminismo y lo que este movimiento ha traído a nuestras vidas como sociedad.

El feminismo es un movimiento de transformación sociopolítico y cultural que promueve el cumplimiento efectivo de la igualdad de todas las personas, no solo de la mujer. Este movimiento no lucha contra los hombres; la batalla es contra la misoginia, discriminación, injusticia, violencia, prejuicios, estereotipos de género, entre otros aspectos que también incluyen a los hombres y los hacen víctimas de habitar en un país machista.

El feminismo no es nuevo, la premisa de este movimiento surgió en el año de 1623 con la obra “De la igualdad de dos sexos” por Poullain de la Barre, quien analizó la relación de los géneros y la idea de anular la inferioridad femenina, esta obra es de suma importancia pues le da un lugar primordial a la educación para un progreso social y la emancipación, además de afirmar: “La inteligencia no tiene sexo”. El término adquirió carácter de sustantivo en el último tercio del siglo XIX, para significar la defensa de los derechos de las mujeres.

Con cada paso que el feminismo da hacia la equidad, provoca reacciones descalificativas y esto tampoco es nuevo. El discurso antifeminista es tan viejo como la palabra misma, uno de los primeros en utilizar el término fue el escritor francés Alexandre Dumas hijo, en su libro “El hombre-mujer” en el año 1872, donde sostuvo el término con intenciones peyorativas: “Las feministas, perdón por el neologismo, dicen que todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón”. Actualmente en México, la descalificación ha sido abanderada por lo medios masivos de comunicación, donde se ha expandido la idea de que el feminismo es una ideología extrema, en busca de la anulación de las capacidades del varón y dando un papel primordial al tan conocido discurso de género donde se da igualdad por medio de las diferencias, atrayendo características de la misoginia donde la mujer se basa por su destino natural y esto da su identidad.  

En México aún quedan aspectos por los cuales levantar la voz, situaciones que hacen que ser mujer sea motivo de vulnerabilidad, desigualdad en grupos minoritario y gran desinformación; necesitamos el feminismo en nuestra sociedad, dejar de apoyar la campaña de desprestigio y entender que igualdad en la sociedad nos permitirá un mejor funcionamiento de las instituciones y de la vida en general.

Los derechos de los que ahora gozamos las mujeres han sido adquiridos por un arduo trabajo del movimiento feminista, por grandes luchadoras sociales que nos han otorgado voz a lo largo del tiempo. Gracias a ese trabajo tenemos posibilidades de elegir lo que sea mejor para nosotras.

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