#4 TiemposColumna de Óscar Esquivel

Confucio y el señor presidente | Óscar Esquivel

Desafinando

Gobernar con carácter o no gobernar

 

El sentido de la moral debe ser el atributo más íntimo del hombre como especie, el sentir amor, sentido de pertenencia de manera natural, sentir afecto por quienes nos rodean, es una expresión muy alta de la moral del ser humano. “El sentido de la justicia es el reconocimiento de lo que es recto y propio”, el honrar la sabiduría que transmite de una persona, reconocerle su valía, sería una expresión inconfundible de justicia.

Formando una base social moral que nos haga establecer un vínculo de honorabilidad y justicia, reconocimiento de fallas y aciertos, autocrítica que no censure el poder de discernir, disminuir las diferencias sociales para crecer sin enconos, nos permita la reconciliación construida, como dijimos, en bases morales, un gobierno del pueblo sería imposible de pensar, sin moralidad.

Hace dos mil quinientos años un hombre con conocimiento de la vida basado en la observación de la conducta del hombre en sociedad y los gobernantes en su trayecto político, Confucio en su filosofía llamada Confucianismo y en su charlas Analectas, manifiesta como esencia principal de sus enseñanzas, la buena conducta social, el buen gobierno, bajo las virtudes de la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo, a los débiles y el reconocimiento de la historia y sus antepasados.

La sociedad próspera, tiene sus bases en la armonía colectiva. Si el gobernante es virtuoso, seguramente el pueblo lo será igual.

“Un hombre que aspire a ser gobernante deberá regular su conducta y su carácter”. Si le gusta el dinero, que sea por su esfuerzo particular y no del pueblo, si le gusta la hipocresía, la adulación, el poder por el poder su conducta será improcedente. Si el gobernante está formado con carácter de principios morales, seguramente no será vulnerable a las tentaciones, por el contrario, si se preparó en la banalidad, sin aterrizar sus ideales en el pueblo como un conjunto social, al recibir el mandato, simplemente se convertirá en un arrogante administrador.

El que no arriesga no gana, dice el dicho. Un país que hace más de 30 años fue sometido a los caprichos del capitalismo y las reglas financieras del Fondo Monetario Internacional, aunado a la gran corrupción desatada desde tiempos de Echeverría y después López Portillo, quien no recordara la “colina del perro” monumento a la corrupción y al despilfarro, o a la llegada de Miguel de la Madrid conde comienza la pesadilla neoliberal dando inicio la escalada del incremento de la pobreza en México; Hereda una presidencia a Salinas De Gortari, sumida en el descrédito por la incompetencia del manejo de las finanzas y la incapacidad gubernamental que se tuvo, ante los acontecimientos trágicos del terremoto de 1985.

Salinas inicia el desmantelamiento de la propiedad nacional, inicia la venta de Telmex, Carlos Slim paga una suma ridícula de 442 millones de dólares cuando su valor sería de 8000 millones de dólares, se subasta Ferrocarriles, se comienza con la privatización de caminos y carreteras, el amasiato de la derecha panista con PRI hizo posible, posteriormente, con Fox y Calderón, la continuidad del sistema económico que ha dejado 52 millones de pobres.

Se puso a Pemex en la bancarrota, no se modernizó, ni en la extracción, ni las refinerías, pero si engordó la nómina, se mantuvo el sindicalismo charro “liderado” por el corruptísimo Romero Deschamps.

Llegamos al hoy y vemos hacia atrás un poco más de 6 años, el país esperaba un cambio, se vislumbraba un futuro mejor para todos, un joven político se asomaba en la contienda por la presidencia de la república, Enrique Peña Nieto, parecía el hombre que realmente pondría el punto final a la corrupción, al descrédito presidencial, a la enorme carga que dejó Calderón en la guerra contra la delincuencia organizada.

Peña al tomar posesión al tercer día, firmaba lo que sería el pacto por México, nacerían las famosas Reformas estructurales con el aval de las fuerzas políticas en un mal entendido pacto federal, el primer gran descalabro, habrían dejado a un lado la opinión de la sociedad, de expertos, universidades, académicos, ahí selló lo que sería el tortuoso camino de 6 años, donde los equilibrios se rompieron, se corrompió a la clase política, a los grandes empresarios todo al pequeño nada, la impunidad y la permisibilidad de la corrupción han sido el icono característico de esta administración.

El saliente presidente, ha solicitado que su sexenio se evaluado de manera cuántica, es decir en números; bien las 11 reformas estructurales, que generaron 58 modificaciones a la constitución política, 81 leyes secundarias, casi todo fue a parar a buenas intenciones, faltó el sentido común que da la política y profesionalismo a que viven de ella.

114 mil asesinatos en lo que va del sexenio sin contar los 112 mil del sexenio calderoniana, 40 mil desaparecidos, 12 mil secuestros, es la cuenta pendiente, son los números que se han dejado de contar, son la sangre que se derramó, son miles de víctimas… lo cuántico sí da resultado.

Andrés Manuel López Obrador, ha urgido a la recomposición social, a la formación de una nueva República, fundada en los principios de moralidad del gobierno y lucha frontal contra la corrupción, si realmente será así, ¿por qué despertar zozobra, incertidumbre? Pareciera que se da a la tarea de desgastar un gobierno que no inicia, siento que su sistema de comunicación se ha visto rebasado tras los embates de la sociedad cada vez más combativa e informada; si bien es de todos conocido de donde se promueven las embestidas al presidente electo, también la sociedad con la razón que le asiste, está confundida.

Cada día es diferente, la política es de momentos y de espacios, es también de visión futura, trabajo diario y movimiento, pero como ejemplo, ¿qué gana López Obrador con invitar a Nicolás Maduro a la toma de posesión? Solo desató el avispero, sin motivo alguno sabiendo que el pueblo de México rechaza total y absolutamente su presencia, Maduro es el antagónico de lo que pregona nuestro próximo presidente.

A unos días, a una horas, el país cambiará de modelo económico, un modelo que debe ser implementado bajo los principios de igualdad de oportunidades en la educación, la salud, en el esparcimiento, a un empleo digno bien pagado que rompa con la pobreza laboral y otorgue las bases para un México más próspero…el sistema socialdemócrata, la izquierda mexicana tiene la oportunidad de demostrarnos a todos que bajo el principio de “no mentir, no robar, no traicionar al pueblo” se pueden resolver los problemas.

Se logrará sin ambigüedades.

 

Nos saludamos pronto.

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