Rudeza necesaria

¿Cómo se entrevista a un ídolo? Columna de El Mojado

RUDEZA NECESARIA.

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Ninguna regla periodística me impide emocionarme por una posible entrevista.

Es decir, cada entrevista acerca de cualquier tema lleva un poco de emoción, eso lo ha demostrado mi aún incipiente carrera periodística: aquella que parecía difícil de conseguir, las de temas muy interesantes, las que revelan información. Todas.

También estas columnas tienen emoción, cada una de ellas.

Todos los intentos por escribir esta Rudeza Necesaria nacen desde la pasión por un tema, desde la admiración a algún personaje o desde la indignación por el actuar de alguien.

No siempre existe la misma emoción, esa es la verdad y muchas otras veces no he podido plasmarla en el teclado de la forma que yo quisiera.

En pocas ocasiones, sin embargo, he estado tan emocionado por una entrevista como la que posiblemente se dé el próximo sábado.

Atlantis, el luchador que es mi ídolo desde hace 23 años, visitará San Luis Potosí y es probable que pueda hablar con él.

La realidad es que admiro a mucha gente en la lucha libre, a algunos otros les profeso idolatría, como a Atlantis, pero ninguno como él tiene el poder hipnótico de devolverme a los cinco años, cuando empezaba a adorarlo.

cartelaclantis“¿Vas a chambearle?”, preguntó mi amigo Memo Pacheco. De esa forma nos referimos a tomar fotografía en una función de lucha libre, aunque en realidad no trabajemos para los luchadores, ni con ellos, sino junto a ellos, al menos espacialmente, pero distantes de su actuación en el ring.

Por momentos me ilusionó chambearle a Atlantis, algo que no hago desde hace más de cinco años, pero después decidí que no, que sería un espectador más en esa función, en la pequeña Arena San Felipe, en aquella colonia de la ciudad.

Atlantis no estaba en San Luis Potosí desde el 1 de julio de 2012, en la ahora extinta Arena Coliseo, aunque en aquella ocasión no pude ir a verlo, porque yo trabajaba como capacitador en el que entonces se llamaba IFE y justo ese día fueron las elecciones.

No quiero ser fotógrafo en la próxima visita de mi ídolo porque no sé cuántas oportunidades más tenga de verlo como luchador en activo y mucho menos en plenitud de sus facultades, como lo está ahora pese a su veteranía de 53 años de edad y más de 30 de carrera.

Aunque a Atlantis lo vi luchando en septiembre de 2013 y 2014, en la Arena México del DF, creo que debo honrar cada vez que pueda presenciar su actuar en el ring, ya sea en un escenario pletórico, espectacular, como aquellas últimas dos veces, o en un local más pequeño y mucha menos tradición, como será este sábado.

A la lucha libre le debo mis primeras lecciones de periodismo, aunque la mayoría de las veces fueron acerca del quénohacer, antes del quehacer periodístico.

También en la lucha libre tuve mis primeras entrevistas, mis primeras fotografías y notas publicadas. Encontré una forma de aprender mientras me divertía con esto a lo que terminaría dedicándome años después.

Ahora le debo a la lucha una oportunidad más. Eso me emociona. De todas las entrevistas que he hecho en mi vida, nunca he hablado con fines periodísticos con alguien a quien idolatre de la manera en la que idolatro a Atlantis.

Me está permitido ponerme nervioso, es una licencia que acabo de otorgarme.

Aún desconocemos las condiciones de la entrevista. Si será antes o después de su lucha, si será frente a frente o lado a lado, de pie o sentados, rápida o extensa.

Lo que sí sé es que no quiero hacer las preguntas obvias y para salir del paso: “¿Cómo te sientes/sentiste en tu regreso a San Luis Potosí, después de tres años?”, “¿cómo viste a tus rivales potosinos?”, “¿qué viene para Atlantis?”

Tal vez termine haciendo una de esas preguntas, eso es verdad, pero no deben ser lo más importante.

También me está permitido emocionarme por hablar con Atlantis.

Lo que no puedo permitirme es quedarme sin hacer preguntas relevantes, interesantes, que demuestren el cariño que le tengo al luchador y de pasada, a la persona detrás de la máscara.

No puedo quedarme sin la gran pregunta que quiero que Atlantis responda.

Aún no sé cuál es.

 

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