#4 TiemposDesde mi clóset

Coco y la colonialidad del poder | Columna de Paúl Ibarra Collazo

Desde mi clóset

 

Un profesor de cine una vez dijo en clase: ver una película es como votar. La decisión impactará por un buen tiempo tu vida. Ya que, invertir de dos a tres horas en una sala de cine no es cualquier cosa. Esta semana decidí acudir a ver la nueva película de Disney-Pixar, la verdad sólo por el morbo de saber por qué tanta gente lloró. Este fue el resultado:

De la opresión a los placebos coloniales

La colonialidad está representada en todos los aspectos de nuestra existencia actual, tanto psicológicos, económicos, sociales, culturales, incluso ambientales. Aníbal Quijano acuñó este término en los noventa para caracterizar un patrón de dominación global proveniente de Europa al inicio del siglo XVI, donde el mundo moderno capitalista se encontraba en una suerte de Cruzada que a toda costa redimía idólatras. En la actualidad, la colonialidad se traduce en esa necesidad frenética, por ejemplo, de perpetuar un TLCAN que sólo jode la economía mexicana; o en tratar de obtener un mayor puntaje en la prueba PISA.

De acuerdo con Quijano, la colonialidad es un elemento que constituye el patrón global de poder capitalista. Por tanto, si Disney “nos regala” un poema en forma de largometraje animado, no sólo tendríamos que pensar en las emociones que nos causa la película, sino también en los motivos del Tío Sam detrás de este hecho. “La colonialidad del poder se funda en la imposición de la clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder”, y manipula todos los ámbitos de la vida cotidiana y pública. Qué decir de los excesivos clichés presentes a lo largo de la película que lo único que hacer es hacer una distinción clara entre la clase dominante y los excéntricos latinoamericanos que vienen del sur del Río Bravo.

Coco es una suerte de apología de la colonialidad del poder. Ya que, incluso la “tradición” a la que hace referencia, no es la originaria de las poblaciones mesoamericanas. El día de muertos, tal y como lo conocemos hoy en día, es un híbrido que trajo consigo la Colonia Española. En el antigua civilización mesoamericana no existían ni Cristos, ni cruces, y el mundo estaba repleto de deidades, no había un único dios. Por tanto, el Día de Muertos también es un claro ejemplo de la forma en la que la colonialidad atraviesa los cuerpos, las relaciones y la cosmovisión de quienes vivimos en el Abya Yala.

Con el sur en la mente

Cuando lograr poner al Sur en el horizonte, la perspectiva se modifica. Yo no lloré con Coco ya que es además una apología a los roles de género tradicionales que perpetúan la dominación patriarcal. Habrá quien intente refutar asegurando que una mujer llevó la vida de la familia Rivera, cual matriarcado. Nada más inexacto que eso. (Spoiler alert) Casi al final de la cinta, mamá Imelda “perdona” a Héctor, en un derroche de mitos del amor romántico. Lo cual es la evidencia tangible de la forma en la que se busca afianzar la existencia de un solo tipo de familia, la tradicional, monogámica, heterosexual, nuclear. Que si atendemos a las estadísticas del INEGI, es la minoría en este país.

Tampoco lloré porque la película resalta el poder adultocentrado. La violencia hacia las infancias es un problema social, Coco, de una de las tantas apologías que ostenta, la dedicada a la violencia contra niñas, niños y adolescentes es una de las más graves.

La apuesta es el tránsito hacia una filosofía transcultural, Josef Estermann afirma que “una filosofía intercultural crítica y liberadora debe desarrollar una crítica que toma en cuenta las tres variables de ‘clase social’, ‘cultura/etnia’ y ‘género’. No resulta nada fácil conjugar una teoría intercultural que articule estos tres campos principales de subordinación, dominación y violencia estructural. Si bien es complicado, podemos empezar a pensar desde el sur, decolonizarnos y tratar de liberarnos del yugo opresor del Tío Sam, hoy en día disfrazado del bonachón Walt Disney y compañía.

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