#4 TiemposMosaico de plumas

Cerrar la puerta | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

El fin de año es un pretexto para cerrar ciclos. Es momento de tomar el aguinaldo e irse. Buscar nuevos caminos. Dejar ese empleo que nos brindó satisfacción por años, pero que hace un par que no combina con nuestros pensamientos. Es el tiempo ideal para dejar a esa pareja que no nos llena, pero que calienta nuestra cama. Esa pareja que elegimos cuando  teníamos diecisiete y creíamos que el amor todo lo puede. Alejarnos familiares incómodos que restan vida en cada comentario. Esos parientes que harán un silencio incómodo entre los bocados del pavo. La familia es un volado que podemos no jugar. Al igual que cada uno de las oportunidades de la vida.

Decir adiós no es fácil. Los recuerdos saturan el alma. Las lágrimas se acumulan y las palabras se cortan en el filo de la garganta. La rutina y el aprecio son más fuertes que la razón. No hay palabras para las despedidas. Los abrazos largos serán resultado de meses y meses de confianza. De cariño no dicho, pero expresado en cada tarea solicitada. Aunque la verdad es otra, por más amor a un empleo; el banquillo de actividades serán sustituidas por las manos de otro. Y tú, serás olvidado lentamente. Por más que tus allegados digan que eres inolvidable, el sistema se encargará de borrarte. Nadie en este mundo es indispensable mucho menos para la industria.  

En ese sentido solo queda guardar en el baúl del corazón esas charlas con los compañeros. Al igual que los aprendizajes de los colegas. Esos regaños que terminaron en enseñanzas por parte de nuestros superiores. Esas risas espontáneas quedarán en la memoria de los involucrados por más que el destino marque caminos diferentes. Esos consejos se llevarán en las acciones futuras más allá del currículum. El tiempo invertido es una inversión que ni siquiera los políticos se podrían robar. Cada coraje realizado frente al computador será de mañana una sonrisa de la juventud perdida.

Hay que crecer, lo gritan las voces importantes. Los procesos se vuelven sistemáticos. Las horas de clase durante la vida escolar se tiran a la basura. El aprendizaje se vuelve monótono. Las ganas de aprender reaparecen más allá de la comodidad. Los perezosos se quedarán en el mar de la comodidad del trabajo seguro. Los ingenuos estarán con la esperanza que las familias cambien que los tíos interesados se llenen de empatía y amor. Solo los valientes escucharán esos gritos internos que piden un cambio.

No es fácil y nunca será cerrar las puertas que por años nos alimentaron y a el alma también, pero el esfuerzo para abrir cerraduras es el mismo. Los amigos serán pocos, pero serán mejores. Los trabajos siempre serán miserables por el simple hecho de ser trabajos. Las familias compartirán ADN, pero no la admiración, esa que se reserva para los maestros de la vida. El ciclo volverá a empezar del mismo modo que la vida misma. En palabras de Elton John es el ciclo sin fin.

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