Mejor dormir

El caso de Noel Gallagher | Columna de Carlos López Medrano

Mejor dormir

La historia es famosa. Noel Gallagher escribió la letra de “Live Forever” poco después de escuchar un tema de Nirvana titulado “I Hate Myself and Want to Die”. El mensaje de la canción de Kurt Cobain no le gustó mucho al británico, quien era incapaz de entender la visión tan pesimista que una persona puede tener sobre sí misma y el mundo que le rodea. A fin de cuentas vida solo hay una, y aunque tiene momentos bastante duros, también es la única oportunidad que tenemos para disfrutar y soñar.

De ahí salió uno de los grandes clásicos del britpop. Una oda a la subsistencia. La invitación a marcar distancia y a guardar optimismo por lo que viene. Pareciera que Noel Gallagher la dedicó a su propia madre, pero el tema tiene un cariz universal. Ya desde las primeras líneas merece un monumento:

Maybe I don’t really wanna know

How your garden grows

‘Cause I just wanna fly…

Lo maravilloso de Oasis como banda, con todo y sus evidentes defectos y limitaciones, es que evoca un montón de sentimientos, la mayoría de ellos positivos. Los hermanos Gallagher son dos tipos surgidos de la clase baja que padecieron en serio durante su infancia y juventud. El sufrimiento fue a todo nivel; en lo familiar, en lo económico, en lo sentimental. Y pese a ello, tomaron la determinación de responder de la mejor manera posible, sin tirar la toalla ni dejarse hundir. Optaron por salir adelante y dar pelea. De nada les servía encerrarse a lloriquear en una habitación. Tampoco guardar un rencor que les envenenara las tripas. Si querían abandonar el infierno tenían que brillar, voltear hacia arriba. Y así lo hicieron, con canciones que producen adrenalina, que apelan encarar lo que hay como sea y mirar de frente sin complejos.

La historia nos mostró que la actitud de Kurt Cobain era honesta. No fue una simple pataleta para llamar la atención. Su destino trágico, como el de otras figuras del grunge, invita al análisis. La depresión es un tema delicado que debe atenderse por profesionales. Quienes la padecen tienen que recibir toda la ayuda y comprensión que les podamos dar. Por fortuna hay avances en la materia y con un tratamiento adecuado hay formas de mantenerse a flote.

Por otro lado, está el engaño de ciertos músicos que hacen de la tristeza un mero recurso para hacerse de aplausos y aumentar las ventas de discos. Se inventan algo de lo que no adolecen en realidad. Un despropósito. Es lo que sucede con algunos supuestos artistas que se hacen los sufridos en el escenario, donde hacen berrinche por cualquier cosa, pero que al cabo de un rato se van entre risas de regreso a una mansión donde gozan de lo lindo sin ningún empacho. Deleitarse no tiene nada de malo: frivolizar y lucrar con un falso desaliento sí lo es. El público, por desgracia, no tiene escapatoria alguna. Esa música impostora los contamina y prolonga su pesar. Y a diferencia de lo que pueden permitirse aquellos farsantes, ningún viaje a las Bahamas puede aliviar el abatimiento que les agobia.

En cambio lo de Noel Gallagher es de admirar. Nunca quiso sacar tajada de los pesares que tuvo. Nunca quiso transmitir malas sensaciones a los demás. Ni siquiera quiso darle vueltas. Hizo lo mejor que podía hacer. Siguió caminando y no le dio gusto a todos aquellos que en su momento trataron de derrumbarlo. Rompió con el círculo de desdicha y no fue rehén de las circunstancias. Y así su valor logró levantar a miles de seres que lo escuchaban desde sus propios infiernos personales. Almas que en vez de llorar cantan en su honor.

 

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