#4 TiemposColumna de Dalia García

Cambio de ruta | Columna de Dalia García

Divertimentos


La vida me ha dado la bienvenida a un episodio nuevo de “Cómo aprender a ser adulto”.

Cuando las cosas comenzaban a tornarse estables para una pareja de recién casados, nos sedujo el cambio y la improvisación que tanto practican los jazzistas (vaya paradoja: practicar lo espontáneo).

A partir de ahora estos divertimentos serán pensados desde otro suelo, desde otra ciudad, la de la eterna primavera  ⎯título que, según dicen, sigue vigente a pesar del cambio climático⎯.

¿Por qué las personas aceptamos cambiar de entorno, de vecinos, de lugares favoritos, de costumbres ⎯por aquello de “Al lugar que fueres, haz lo que vieres”⎯? ¿Por qué aceptamos abandonar la comodidad de la que nos hicimos con un poco de esfuerzo; la coraza que construimos a partir de experiencias, preferencias, sentimientos, emociones y características del lugar en el que hemos crecido? El motivo de tal cambio debe ser mayor al deseo de quedarse; y así lo es en mi caso, en nuestro caso.

Nos vamos para alimentar ese aspecto del ser humano que nutre su espíritu y lo mantiene enfocado y emocionado. Nos vamos para renovar nuestras habilidades e ideas. Nos vamos porque necesitamos aprender en un contexto diferente. Nos vamos para seguir construyendo nuestra forma de vivir a partir de nuevos retos, circunstancias y oportunidades. Nos vamos también para descubrir las fortalezas de nuestra familia. Nos vamos para compartir algo de nosotros en otro rincón.

La aventura ya está en marcha; comenzó cuando inicié los trámites de postulación al posgrado: realizar un proyecto, recibir los resultados, pasar a la segunda etapa y recibir los resultados finales; buscar una casa, encontrarla; valorar la posibilidad de llevar mudanza o llegar sin nada; y, finalmente, estar a un día de salir a carretera, acompañados de la mascota de nuestra vida: la rescatada, la amorosa Mila.

Siete horas de camino no son poca cosa, pero todo es más sencillo cuando se tiene la compañía de un cómplice que también lo deja todo para acompañarte, y que tiene fe en que el porvenir será generoso con la familia.

Es así como se agrega un destino más a mi ruta, que comenzó en la Ciudad de México, continuó en San Luis Potosí, tomó un libramiento a Bogotá, regresó al sitio anterior y ahora va camino a Cuernavaca. Desde allá seguiré escribiendo.

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