#4 TiemposColumna de Jessica Tristán

Ausencia | Columna de Jessica Tristán

Las simples cosas


“Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón…”

Ha pasado un año desde que escribí por primera vez esta columna, apenas 9 entregas. Acepto la (ir)responsabilidad por no haber escrito más y en mi defensa afirmo que en cada una dejé trozos de espejo y agua salada. No es coincidencia que me encuentre aquí de nuevo, o tal vez sí aunque prefiero creer que se trata de una nueva causalidad, de esas que sólo se comprenden a días de que el movimiento telúrico pasó.

–¡Ay, Jess… tú de veras no entiendes!

365 días después de esa primera vez el recuento de los daños es considerablemente menor, al menos, distinto, hay menos niebla en mis pulmones pero más fuego en las entrañas, “los años no pasan en balde”, repite la “gente de antes”.

Hasta la ausencia se cansó de dormir a mi lado, dejó la cama tendida, se deslizó lejos de la pared, se me escapó de las manos, de la vista… tal vez huyó por la ventana.

El problema, es que se escondió en la memoria, ¡oh, indomable y traicionera! Maldito inconsciente que aún sin ella ocupando mis espacios invades mis sueños y no me dejas descansar, y devuelves a la cama, a las manos, a la pared, a la vista… los escombros que quedaron tras el sismo.

Es una noche joven después de caminar bajo la lluvia, sospecho que de las pocas que me quedan en esta ciudad… heme aquí, otra vez, preparando las maletas para partir sin estar segura siquiera de tener el coraje para hacerlo. Y es que cuando llevas tanto tiempo huyendo, te preguntas si algún día encontrarás un sitio al cual pertenecer.

“Sabía que nadie puede verdaderamente comenzar de nuevo; no en balde existen el trauma y la memoria, no en balde existen las cicatrices. Pero la reinvención a partir de las cenizas es privilegio exclusivo del inmigrante, del exiliado, del extranjero”.

Resta decir una verdad absoluta: ¡Chavela Vargas no ha muerto! Se encuentra esta noche a mi lado, confesando algo acerca de la enorme distancia… está junto a ti, susurrándote que ojalá te vaya bonito, se pasea por alguna cantina cansada de llorar y que no amanezca, evocando el amanecer entre tus brazos, y por nuestro bien, diciendo adiós.

Nota: Agradezco a La Orquesta por permitirme retomar este espacio. Los siento, amado líder, sabes que lo mío es escribir desde las tripas y eso es imposible de programar.

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