Desde el palco

Atlético San Luis, momento de recobrar identidad. Columna de Paco Rodríguez

DESDE EL PALCO.

lastrisimas

El presente texto fue escrito originalmente en 2013 y salvo ligeras actualizaciones, se presenta de nuevo para demostrar que, a pesar del tiempo, no ha perdido actualidad.

Atlético San Luis es el nombre oficial. Los ‘Reales’ el último mote, ¿Cómo exigir que el equipo oriundo de esta tierra posea un nombre que lo identifique si el mismo bautismo del territorio fue una extraña mezcla de importaciones? Un Santo Rey del otro lado del charco combinado con el nombre de unas minas bolivianas que muchos nunca conoceremos nos entregan un nombre tan único como ajeno: San Luis Potosí ¿Porqué asustarnos que el equipo de futbol tenga mil nombres y propietarios?. Si Arusha fue Mumbay y hoy la Martinera son ‘Los Maderos’,  es de lo más potosino que los Gladiadores sean Reales cuando antes fueron Cachorros y en otros lados les digan tuneros, al final sabemos que en esencia todos son lo mismo.

¿Porqué apoyar al San Luis? Un equipo cuyo mayor logro ha sido salvarse de un descenso y caer de rebote en una final que la mayoría en el futbol mexicano quisiera olvidar. Un equipo cuyo principal clásico es contra un equipo que repentinamente se convirtió en el nuevo rico del barrio, que se dio el lujo hasta de contratar a ‘Ronaldinho’. Un equipo cuyo estadio está en eterna construcción y tiene el nombre de alguien – Alfonso Lastras- a quien la mayoría de los jugadores no conocen. Un equipo que en menos de 10 años ha pasado de ser finalista, superlider y representante de México en torneos internacionales a no calificar en Liga de Ascenso. Un equipo que entrena en instalaciones prestadas, ¿por qué irle a un equipo así?. La respuesta es que un aficionado del San Luis no dice: “Le voy a San Luis” los de verdad te gritan: “Soy de San Luis, de San Luis soy yo”

Y es que uno de los  principales íconos de la ciudad es intangible, no se toca; se grita y, para variar, nos lo regaló un tapatío. La clave de nuestra “potosineidad” son las primeras seis palabras de una canción…  “YO SOY DE SAN LUIS POTOSÍ” y con eso debiera bastar.  El potosino va por el mundo defendiendo su terruño con esta frase como principal argumento, de una ciudad y estado; eternamente emergente, eternamente con harto potencial, eternamente en el eje del desarrollo nacional y eternamente con la esperanza de que algún día, ahora sí, San Luis será grande.

En futbol el aficionado potosino quiere creer que invadirá un estadio, llegará por la puerta de atrás será subestimado dirán que el equipo juega feo pero al final, por fin;  podrá gritarle cara a cara a quién se le plante: –Si, así soy yo. Soy de San Luis, de San Luis soy yo-. Los equipos potosinos bien recordados poseían esa característica; subestimados, ninguneados y en ocasiones, despreciados.

Hace poco un compañero de Morelia, Michoacán, me preguntaba si en San Luis Potosí  ya teníamos ‘Cable’, supongo que piensa que vivimos entre dos nopales una tuna y empanadas de “Don Lalito” y es ante esta percepción donde cobra fuerza la razón de ser de una afición como la potosina que sabe perfectamente que la naturaleza del equipo no es ganar, si no ser un equipo que debe salir con el cuchillo entre los dientes a morirse con la suya ante los grandes y pequeños, que cuando no gane, arrebate. Una tribu de desesperados a la cual el rival le tema por pura supervivencia. Esa es la ESENCIA del San Luis, ojalá algún día una directiva la identifique y con base en ella construya una auténtica imagen.

Pero no solo podemos vivir anclados del pasado, se debe trabajar en el presente para construir un futuro (aunque suene a eslogan político). Se debe definir desde la directiva ‘¿Qué se quiere ser?’ y no dejar que la identidad se construya conforme vuela el viento o los -igual de  caprichosos- resultados deportivos .

¿Qué pasará en el futuro del futbol potosino? Solo sé que el cambio será la única constante, seguirán habiendo dimes y diretes hoy y dentro de seis meses. Durante todo el primer semestre 2016 seguirán habiendo rumores y voces de ventas, inversiones, sociedades y demás ‘exclusivas’, personajes perversos y hervidero en redes sociales.

Hay cosas que el dinero no puede comprar y una de ellas se llama identidad. La industria del deporte posee la complejidad maravillosa de que nada, ni siquiera la inversión más millonaria, te puede garantizar el éxito deportivo. Por supuesto que el dinero es importante, pero más importante será la sensibilidad para gastarlo, construir una identidad requiere palpar y sentir como late el corazón de tu afición y vincularlo emocionalmente con una institución que lo represente. Que en el equipo vea reflejada su lucha personal por ser mejor cada día y colocar a San Luis Potosí en el lugar que se merece, tanto en el deporte como en el contexto nacional. Despertar a ese gigante dormido que alguna vez llamaron el ‘Centro estratégico del desarrollo nacional’.

El día que el aficionado potosino, el directivo potosino, el jugador potosino y el periodista potosino le den más importancia al fondo que a la forma, al espíritu que al resultado, al contenido que al empaque, a la esencia que a la imagen y a San Luis que al equipo de futbol. Ese día el Atlético San Luis, o el San Luis Athletic Association o como se llame en ese momento, será un equipo grande, arraigado, popular y hasta será negocio.

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