Contrapunto

Aspirantes y profesionistas | Columna de León García Lam

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Esta semana, estimado lector, será una de las más nerviosas e importantes en la vida de los 13,600 aspirantes a ingresar a la UASLP: jovenzuelos llenos de alegre ingenuidad que serán azotados con brutalidad casi policíaca contra el muro mejor conocido como realidad. Un poco menos de la mitad de ellos tendrán que esperar otro año, para obtener una segunda, tercera o enésima chance, en un escenario académico y laboral que cada vez se complica más.

No solo hay que decir que el tema es complejo, por lo menos hay que distinguir las distintas y filosas aristas que conforman el problemón que tenemos enfrente: por ejemplo, preguntarnos por qué no todos los ciudadanos tienen derecho a acceder a la educación superior; o bien, cuestionar si los que ingresarán a la Universidad tendrán la capacidad para funcionar como profesionistas; si los procedimientos de selección son los idóneos y justos; y si, como sociedad, contaremos con el suficiente presupuesto para que estos individuos se desarrollen en su profesión; pues de otro modo, para preparar especialistas en Nietzsche, nos salen muy caros los taxistas.

De acuerdo con la página del Observatorio Laboral del Servicio Nacional de Empleo, en San Luis Potosí hay 163 mil profesionistas, muy lejos del Top ten mexicano (por lo menos 250 mil), pero por encima de la media nacional. Sin embargo, menos de la mitad se dedican a una actividad económica relacionada con sus estudios.

Si nos preguntamos, por qué los profesionistas no se dedican a actividades relacionadas con sus estudios, tendríamos columna para rato: que el capitalismo, que la competencia, que las oportunidades, que la vocación, que el éxito y ser “alguien en la vida”, que el que “nace para maceta…”, “que, aunque la changa estudie un doctorado, changa se queda…”, etc.

Por eso, mejor dejo aquí una serie de consejos e ideas para esos jóvenes aspirantes a profesionistas:

¿Te necesitamos como profesionista? Sí. Urgen médicos, ingenieros, abogados, maestros, antropólogos, diseñadores, bibliotecarios, veterinarios, comunicólogos, historiadores (y un largo etcétera) que estén realmente enamorados de su profesión y que no les cueste dedicar su vida entera a los proyectos que enfrentarán. Lo que no necesitamos son profesionistas que solo busquen dinero o una posición social, porque para eso está el Congreso del Estado y para llegar ahí, pues francamente no se necesita estudiar nada. Ver la columna de El universitario que quería ser magnate, escrita por Blakely Morales para este medio.

¿Si entras a la Universidad debes continuar hasta el final? A lo mejor no, es probable que, al primer o segundo año, te des cuenta que, esa carrera que estudias, no es lo que esperabas: quizá haya que prestarse a acciones horribles como escribir con acentos, o peor aún, leer. Puedes nadar de muertito toda tu carrera y al final, pues está el Congreso o Gobierno del Estado.

¿Si no entras a la máxima casa de estudios debes desistir? No se sabe. Quizá sí, quizá no. Muchos, la mitad de los que ingresen no se titularán y más de la mitad de los titulados no ejercerán. Otros, insistirán toda su vida: estudiarán lo que les interesa, así los hayan rechazado muchas veces, y ejercerán su profesión frente a todas las adversidades: personales, económicas, políticas o sociales.  Esos son los que interesan y no necesitan consejos, porque generalmente, no los siguen.

 

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