#4 TiemposMosaico de plumas

Aroma a navidad | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

El aire gélido de las mañanas se siente en los huesos. Las chamarras salen del fondo del armario. Su aroma a polvo contribuye a mantener el calor. Las flores de los panteones se empiezan a marchitar. Un par de luces brillan en la casa del vecino, parece la nariz de Rodolfo. El chocolate se convierte en la bebida de temporada. El pan se vuelve en desayuno y cena. La báscula empieza a marcar tres kilos más. Las tiendas llenan el pasillo central de arreglos navideños. Y sí, por las calles se empieza a escuchar el burrito sabanero. El camino a Belén se encuentra a solo siete lunes de distancia.

La nostalgia empieza a brotar en ti. El cercano 2 de noviembre te trajo de vuelta a los que se fueron. Los que no estarán en la cena esta navidad. Hasta la tía que iniciaba la pelea familiar, se extrañará. No se puede lanzar convocatoria para sustituir a un abuelo, mucho menos a un padre. La abuela no preparará los buñuelos esta navidad ni las próximas. Los propósitos no cumplidos te retumban en la cabeza. Devoraste 12 uvas sin razón. No perdiste esos 10 kilos que te matarán en 20 años cuando un paro cardiaco consecuencia de tu obesidad termine con tu vida.

No fuiste más amable como lo prometiste. Ni siquiera saludaste a don Pedro al de la tienda cuando fuiste por el arroz cocido porque tampoco cumpliste tu propósito de aprender a cocinar. No perdonaste a tu amiga por no asistir a tu boda hace ya diez años. Tampoco llamaste para felicitar a tu tío (él que llevaba siempre movía la piñata en tus fiestas de aniversario) por su cumpleaños en febrero, ahora crees que es demasiado tarde. De igual manera que es tarde para cumplir el resto de los propósitos. ¿Ya para qué? Mejor me espero al próximo año para esa vez sí lograrlo.

Piensa positivo, el aroma manzana canela no es tan malo, has vivido toda tu vida sin cumplir los propósitos del nuevo año que una vez más no importa. Así que, disfruta cubrir tu cuerpo con las cobijas hasta medio día. Fuma un par de cigarrillos en la mañana para calentarte. Y si no fumas, finge cuando la exhalación salga en forma de humo tal como lo hacía cuando eras niño. Prueba y disfruta el café mexicano todas las mañanas. Conoce las panaderías de tu ciudad. Aprovecha que ese par de kilos se esconderán debajo de tu chamarra. Ya vendrá enero para preocuparse por el peso.

Saborea los tamales que aparecerán en tu cocina gracias a los rosarios en honor a la Virgen. No te quejes de la pirotecnia, tus quejas no harán que desaparezca, disfruta los colores en el cielo. Aprovecha el tiempo decorando la casa para estar con tu familia. Deléitate con el sabor de tejocote en tu paladar, esa fruta a la cual nadie le importa durante once meses, pero se extraña en el ponche. Nunca sabes cuándo una bala perdida el 31 de diciembre puede caer sobre ti.

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