#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Apología de Arjona | Columna de Ricardo Sánchez García 

 

Sin partitura

Siempre nos han recomendado no discutir de política, futbol o religión porque se corre el riesgo de perder amigos. Son temas en los que se acrecientan las pasiones y reuniones amigables suelen no terminar bien. En la música sucede lo mismo, sin embargo, a propósito de las polémicas levantadas por declaraciones de Aleks Syntek, considero pertinente recordar algunas otras confrontaciones. ¿Qué entendemos por el fino gusto y la buena música? En el marco del derecho a la educación artística de calidad es imprescindible poner a su consideración este par de ideas.

Ricardo Arjona ha sido uno de los blancos más atacados por su propuesta musical. No obstante, los comentarios de sus retrógradas muchas veces atentan contra la persona y no contra su creación. Hacer una crítica musical implicaría mucho más que usar en forma peyorativa una tendencia de ciertos sectores de la sociedad que se auto consideran intelectuales. Peor es cuando los comentarios son encaminados de forma clasista hacia las personas que gustan escuchar al cantautor guatemalteco.

Músicos y usuarios de la web han pretendido minimizar el trabajo del autor de Jesús es verbo no Sustantivo, caricaturizándolo al transformar su apellido en infinitivo. Las propuestas en redes aseguran es fácil mezclar un sinsentido de ideas con la obligación de que rimen, pero lo hacen sobre líneas musicales del mismo autor a quien critican. Los comentarios en general se basan en clichés, sin reflexión ni argumentos. Refuerzan la falacia de que basta no escuchar a Arjona para pertenecer al privilegiado grupo de quienes han recibido una educación artística de calidad.

Las críticas de Aleks Syntek sobre el reggaetón parecerían pertinentes, pues hace uso de un derecho a manifestar su hartazgo, incluyendo sus reflexiones sobre el ritmo, lo repetitivo de los temas y su diferenciación entre lo porno y sensual. El asunto es cuando afirmó el origen simiesco del género, agregando de forma errónea a lo que originalmente era una crítica musical comentarios sobre la forma de hablar y vestir, así como el depile de cejas y otras manifestaciones culturales que responden a idiosincrasias y no al fondo del asunto. En ese momento su reflexión se tornó clasista, etnocentrista y un tanto discriminatoria. Pero ojo, gustosos del jazz y la erróneamente llamada música clásica, el autor de Sexo, Pudor y Lágrimas está dispuesto primero a meterse a esos géneros, antes que hacer reggaetón.

El rock es cultura y lo demás basura, dicen algunos, condenados a arrepentirse de no haber bailado cumbias por andar de rockerillos, dicen otros. A estudiar solfeo pregonan los académicos “para no terminar tocando trova en un oscuro bar”; y los trovadores reducen el rock a sólo un par de secuencias. Los románticos del bolero consideran la música ranchera “campirana” y fácil por no llevar más de tres acordes. Lo popular de la música grupera no le resta calidad afirman unos, pero ser multitudinaria tampoco le otorga mérito artístico señalan los demás. Retrógradas del blues consideran al jazz verdaderamente valioso, mientras que los más puritanos señalan que no todo lo que se pregona por jazz lo es. Parece que la buena música podría atravesar varios géneros y la mala también.

El asunto de lo que entendemos por buena música y buen gusto se torna más complicado. La capacidad de apreciación musical y la atracción por ciertos géneros se puede explicar desde las influencias familiares en la infancia, los amigos de la adolescencia y la región o país de origen, entre otros elementos. Citando al maestro Gutiérrez Sáenz “cada persona capta la realidad que lo rodea a través de sus propias estructuras noéticas, las cuales han sido aprendidas y asimiladas a lo largo de la vida gracias al efecto de la educación recibida”.

Durante años, los gobiernos priistas al frente de la SEP nos han negado el derecho a una educación artística de calidad. Quizá porque les parece no necesaria o poco importante. Quizá porque se ha dicho “el pensamiento artístico y la apreciación musical una vez inscrita en nuestro tuétano nos harían personas más pensantes y por ende más libres”.

A Pitágoras se atribuye haber descubierto la naturaleza numérica de las notas, para Platón la música era un alimento de la virtud y veía en ella un camino hacia lo sublime. Por su parte Aristóteles le confería la utilidad de divertir o ayudar en el descanso. Ya el Estagirita nos alertaba aseverando que unos ritmos nos inducen emociones vulgares y otros nos llevan hacia la perfección. 

Mientras los griegos vieron a la música como parte trascendente en la educación de la niñez, nuestro proyecto educativo carece de un incentivo para la creación artística. Muchas personas logran encontrar su vocación creativa después de años de sufrir estudiando otras licenciaturas, perdiendo la mejor edad para aprender y crecer en la producción de una obra original.

La educación artística debe ser primordial en cualquier sistema educativo. En México los maestros están obligados a dedicarles apenas una hora semanal en el nivel básico. De la secundaria usted conocerá mejor la historia, pues llevamos generaciones recibiendo clases de flauta, con todo respeto para Horacio Franco quien gracias a su empeño, sacrificio y dedicación logró reivindicarla como un instrumento mayor y grabó con Eugenia León El Relojito.

La educación artística es un derecho humano negado durante años. Nos han atrofiado la capacidad de producción y apreciación musical. Según Samper el reto es conseguir una educación musical democrática, con alta calidad, o sea, gozosa, significativa, favorecedora de la expresión creativa, respetuosa de la diversidad y cargada de experiencias estéticas profundas.

Para quien pregone tener buen gusto musical, sépalo, pertenece a un grupo privilegiado y cuando sus comentarios desacrediten otras preferencias, lo hacen desde el poder o quizá sólo padezca ceguera axiológica, entendida como la incapacidad de reconocer valores estéticos o culturales en obras determinadas y sus contextos sociales.

@DDHHSamuelRuiz 

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