#4 TiemposColumna de Óscar Esquivel

El amor político | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

Con amor todo se puede… hasta la presidencia

 

Las viejas enseñanzas: desde los tiempos de la antigua Grecia, donde la filosofía ha convertido hombres virtuosos de bien, con instintos superiores del pensamiento y no solo por el acaparamiento material; sino entenderse con la naturaleza, el arte, la diversión. Casi todos coincidían en algo fundamental: “sociedad que sólo atienda las necesidades materiales básicas, sería una sociedad demasiado violenta y sin esperanza”, pues el hombre necesita también satisfacer otras tendencias de su naturaleza, en los sentidos, el amar lo no tangible, que mostrara la cara de lo espiritual.

La vida común de las personas, viviendo en una ciudad o país, no se limita comenzando en lo estrictamente económico, ni a la producción de bienes. Por el contrario, debe esta comunidad encaminarse a hacer posible una vida feliz.

Según Sócrates, “en una Ciudad Ideal deberán existir, todo tipo de productores de bienes”, como en la época actual: obreros, campesinos, industriales, etc; de modo que todas las necesidades básicas queden garantizadas. En una ciudad ideal no puede faltar nada, pero a medida que la sociedad urbana aumenta en número de ciudadanos, los recursos necesitan ser ampliados: obra pública, salud, educación, seguridad y los “guardianes de la ciudad” o sea la policía y cuerpos de seguridad interior.

Para llegar a la ciudad ideal, según nuestro filósofo, faltaría determinar quiénes serán los encargados de gobernarla. Si lo vemos bajo la perspectiva antigua de las diferentes clases, estarían la fuerza de trabajo, los artesanos y los guardianes; a esto hemos de añadir la tercera clase, bautizada por ellos mismos como “VIP”: la clase de los gobernantes, los cuáles serán elegidos de entre lo mejor de los guardianes, que serán llamados desde entonces “auxiliares”. Hoy, bien aplicado a nuestra realidad, el término de guardianes está reservado para la clase de los “gobernantes”.

Actualmente los gobernantes se personifican en un poderoso ser, debido a su gran responsabilidad y a las elevadas tareas, por lo cual han jurado enaltecer su encomienda que el pueblo le ha conferido. Platón nos indica que el camino de una ciudad debe regirse bajo “el buen gobierno y el consiguiente beneficio del conjunto de la sociedad”. Normas muy básicas y adelantadas a su tiempo: tratar de establecer unas ideas de la consolidación de una República. “Los gobernantes tampoco tendrán acceso a la propiedad privada nacida del cargo conferido, ni al beneficio de la familia, debiendo velar únicamente por el buen gobierno de la ciudad”. “Deberán centrarse en el estudio, a fin de conocer lo bueno para gobernar adecuadamente la ciudad, por lo que su vida estará alejada de todas las comodidades innecesarias para cumplir su función”.

La palabra ciudad para ellos es un país, una región. Si adecuamos estas filosofías milenarias a nuestros tiempos, sería casi imposible encontrar algún “auxiliar” gobernante con este pensamiento. Más bien, hoy por hoy parece ser que la filosofía política está en desuso, letra muerta.

En nuestro estado los gobernantes no se ponen de acuerdo en cómo resolver los problemas comunes: un ayuntamiento peleándose con el gobierno del estado, por ganar el crédito del Distribuidor Juárez. Las calles parecen un valle lunar, por orgullo o por revanchismo. El gobierno del estado no entra en el tema urbano y el ayuntamiento de la capital no lo exige, mientras tanto, los ciudadanos somos los “paganos” de este celo.

“Velar por los suyos”: frases de campaña. “Atender los compromisos”: palabras tristes. A los que sabemos poco de política, nos causa ciertas dudas el comportamiento singular de no atender la voz del pueblo. Por ejemplificar un poco, y dando un seguimiento a distintos medios de comunicación, el sistemático comportamiento de los “presidenciables” es el de amor y paz, como dice AMLO, aunque él mismo establece violencia verbal contra quien no le favorece en sus columnas periodísticas. Amor es “sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno”, y López parece ser rejego con el amor. Paz es quietud, voluntad de mantenerse en un estado de plenitud, y Obrador, parece general en batalla permanente. Mejor queremos escuchar cómo le va a hacer con la protección a periodistas, que últimamente por realizar su trabajo han sido asesinados cobardemente: eso queremos oír.

Ricardo Anaya, cuando la razón le asiste, casi busca hablar a solas y al oído a Meade, en aquel discurso que lo elogia hasta casi convertirlo en el amor a primera vista, un amor incontrolable, decirle cuánto lo admira, porque el amor también es admiración, El Cerillo -de cariño-, con su candidez de juventud, solo sonríe, (propaganda solo para militantes y seguidores del Frente).

Poco después, bajo su vocabulario fluido en el idioma de Shakespeare, le pide al innombrable gringo, rubio, ojo claro, copete ondulado, sonrisa en mueca y demás bellezas, que proteja a los Dreamers, o sea los hijos de migrantes nacidos en Estados Unidos, 600 mil muchachos. Por Dios, Trump es como las mujeres cuando deciden dejarte: te dejan y punto. ¡No! Mi bien distinguido orador, Don Ricardo, queremos saber cómo nos prepararíamos ante una supuesta repatriación de estos jóvenes, si enfrentaríamos a los Estados Unidos en cortes internacionales, si el país de las pocas oportunidades, o sea el nuestro, podría ofrecer un desarrollo profesional, económico y de seguridad.

Es una costumbre que los gobernantes y paleros se llenen la boca en dar a conocer los millones de dólares que recibimos anualmente de nuestros migrantes, en lugar de ver con visión de estado cómo hacerle para que su fuerza laboral se quede en México, porque también ellos son hijos de México.

Y Pepe Toño Meade, está harto de peleas. Como en palenque los gallos, quiere armonía, civilidad y someter su campaña a propuestas claras, que ayuden a mejorar la vida de los habitantes del país, ¡bravo! Pero ¿con quién lo va hacer? Los mismos de siempre, suponemos, con las cúpulas que se están acomodando en las candidaturas plurinominales para conseguir fuero, esa cúpula responsable del deterioro de la calidad de vida, donde se incluye a la militancia quien también es pueblo, responsables de la marginación del proceso por las candidaturas a los diferentes puestos de elección popular, primero hay que ganarse a la gente priista, para que con su voluntad pueda, impulsar al Meade.

DE SENADORES Y OTRAS COSAS

El precandidato Luis Mahbub al Senado de la República, ¿será sometido al examen del Icadep, o se lo perdonará el Dedo del Señor?, ¿pondrá a prueba su conocimiento del PRI? Y a todo esto… ¿el Icadep potosino puede mostrar los exámenes a quien lo solicite para comprobar si los aspirantes aprobaron o no?  

El expresidente Felipe Calderón, ahora asesor no oficial de José Antonio Meade, está muy proactivo, promoviendo candidaturas al Senado en el panismo potosino, ¿lo habrá consultado con Anaya o con quién?

Nos saludamos pronto.

Caminante369@yahoo.com

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