#4 TiemposSan Luis en su historia

El amor materno en la historia | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

Testamento de una mujer  pobre que vivió durante el siglo XVII en San Luis Potosí.

 

Lo normal es pensar que todas las madres del mundo aman a sus hijos y ese amor lo demuestran sacrificándose por ellos hasta lo indecible. La madre que odia, o cuando menos, desprecia a sus hijos, sin duda es una desquiciada. Por ello es que los hijos vemos en nuestras respectivas madres belleza física y moral y la personificación de todas las virtudes.

En este sentido, hay un caso a destacar. En el protocolo (mutilado) que resguarda el Archivo Histórico del Estado en el fondo de Alcaldía Mayor del Escribano Francisco Santos García, se encuentra, entre otros, el testamento de María de León Viuda de Aguado, quien lo otorgó el día 23 de febrero del año de 1640 y comprende las fojas de la 89 a la 92. Aquí, transcribo solamente algunas de sus cláusulas en donde nos revela que se trata de una mujer profundamente cristiana y piadosa como la mayoría de los habitantes de la Nueva España durante el virreinato; por sus comentarios podemos deducir la calidad social a la que pertenecía y en consecuencia su situación económica por un lado y por el otro, el amor que sentía por sus hijos en general, y en especial por su hija que quedaría desprotegida y sola luego que ella muriera, porque a más de ser mujer era la menor de todos sus hijos, así que en una de las cláusulas de ese testamento, demuestra el deseo manifiesto, de que su hija, al quedar sola fuera amparada por sus hermanos mayores.

Así pues, damos inicio al testamento en la parte que nos interesa: “Ytem. [esta expresión latina significa: “también” y se consigna a partir de la segunda cláusula ya que en la cláusula inicial dice con todas sus letras “primera”] declaro que fui casada y velada según el orden de la Santa Madre Iglesia de Roma con Francisco Aguado, tiempo de veinte y siete años, poco más o menos, y al tiempo y cuando contraje el dicho matrimonio con el susodicho no trujo (sic) ningunos bienes, respecto de que  [debido a que] era gachupín y recién venido a estas partes”. [Esta es una de las pocas veces que en los protocolos aparece el adjetivo gachupín. Considero que aquí por el contexto y en la forma que está usado claramente se advierte que no era aplicado para referirse a todos los españoles en general, sino al que no tenía fortuna. Esta deducción, que me parece sólida, echaría por tierra la teoría de que a los españoles se les calificó con este adjetivo en forma despectiva].


“Ytem Declaro que durante el dicho matrimonio, entre ambos dos, los susodichos hubimos y procreamos por nuestros hijos legítimos y de legítimo matrimonio a Juan Aguado de León y a Catalina de León e Isabel de León, María de León y a Lorenzo Aguado de León, Diego Aguado de León y a Juana de León [nótese como los hijos varones tienen los apellidos paterno y materno y las mujeres sólo el materno. Por este y otros documentos virreinales se ve claramente que no había una norma fija para el uso de los apellidos y así encontramos algunos hermanos, hijos del mismo padre y madre que no usan los apellidos de éstos sino que usan los de los abuelos paternos y otros los de los abuelos maternos, es decir son hermanos con apellidos completamente diferentes]. Declárolos por tales [Es decir los reconoce como hijos suyos y de su marido] y de legítimo matrimonio.

Ytem. Declaro que yo no tengo, ni me pertenecen, que yo sepa, ni tengo noticia, ningunos bienes muebles ni raíces. Declárolo así para descargo de mi conciencia.

Ítem. (también) Declaro que todos los bienes muebles que hay actualmente están dentro de mi casa, aunque son de poca entidad y cantidad, todos ellos pertenecen a mi hija Juana de León, doncella, y, que la susodicha los ha adquirido y buscado mediante su solicitud [su trabajo de] costura y granjerías de hacer chocolate [el oficio de elaborar chocolate] y otros ejercicios que para buscarlos [obtenerlos] ha tenido, con mi licencia y voluntad, respecto de que con ello nos hemos sustentado yo y la susodicha, con otros socorros que he tenido así de parte de los dichos mis hijos. Declárolo así para descargo de mi conciencia.

En la cláusula que acabamos de transcribir se ve la difícil situación por la que estaban atravesando estas dos mujeres, que para subsistir recurrieron al trabajo, la más joven mediante las labores manuales ofreciendo luego, en venta, sus productos al público, y mientras tanto la anciana estaba dedicada exclusivamente a las labores del hogar, recibiendo también el socorro por parte de sus hijos. Continúa el testamento diciendo:  

Ytem. Pido y ruego a los dichos mis hijos que mediante [por el hecho de] morir tan pobre, como les consta, por el mucho amor y voluntad con que siempre les he querido y amado, tengan cuidado de encomendarme a Dios y hacer el bien que pudieren por mi alma, para que Dios después [sea] quien haga otro tanto por ellos cuando de este mundo [se] vayan.

Otrosi [además también] les pido y ruego que por amor de Dios nuestro padre, tengan particular cuidado de amparar, socorrer y favorecer, en todo aquello que cada uno pudiere, sin quitárselo a sus hijos, a la dicha mi hija Juana de León y su hermana hasta tanto que sea Dios Servido de darle estado. Esto les pido que hagan como buenos hijos que además de hacerlo, yo les pido, como madre, tendrán la paga de Dios Nuestro Señor.      

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