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Es raro decir que, con el nivel de impunidad y los muy importantes casos que tienen que resolverse en el estado, el principal reto del recién electo fiscal general del estado, Federico Garza Herrera, será conseguir un cambio desde la raíz en la Fiscalía y comenzar un proceso de purificación, hasta alcanzar la verdadera autonomía.

La elección de Garza Herrera entraba en el terreno de la lógica. Se sabía, desde que se conoció la terna que envió el gobernador Carreras al Congreso del Estado, que habría poca oposición para el ahora fiscal general del estado. Lo que sí sorprendió fue que lo hiciera por votación unánime. Ni un solo diputado de oposición, mucho menos las bancadas, votó en contra de Federico Garza para pasar de procurador a fiscal.

No hubo ni siquiera una abstención o voto nulo. Nada. Meses y meses de partidos peleando contra el pase automático, en San Luis Potosí y a nivel federal, para que al final fuera concedido en una votación sin contras.

Que Federico Garza sea el primer fiscal general del estado tiene sentido. Ya tiene dos años en un puesto que, mientras se armonizan las leyes y reglamentos secundarios, tendrá las mismas funciones que las del procurador. Además, debe fungir como un fiscal de transición. El último de los procuradores, que conoce ya las carencias que tenía la PGJE y que fue nombrado por el gobernador, como se había hecho siempre, tendrá que utilizar ese mismo conocimiento para cambiar desde las bases a la Fiscalía. No sé si él era el ideal para el puesto, pero tenía esas ventajas y ahora tendrá que hacer valer el voto de confianza de los diputados. Si es que eso fue.

El primer lugar en el que Garza Herrera deberá revisar y empezar la limpia será en la Policía Ministerial del Estado. Sobre ella no solo pesan fuertes acusaciones de vínculos con el crimen organizado, inexplicables para una institución dedicada a investigar crímenes. La Ministerial además cuenta ya con dos homicidios extrajudiciales en apenas dos años, la de Alondra, una adolescente de Villa de Arista y el de Enrique Gómez, en Las Julias.

Garza Herrera también tiene pendientes por resolver varios delitos: la desaparición de Zoe Zuleica, el de la perito María Guadalupe y su hijo, la muerte de Quique Gómez, esclarecer los feminicidios de los últimos ocho años, el asesinato del fotorreportero Daniel Esqueda Castro y hasta el homicidio de su yerno, Eugenio Castañón.

Pero no solo los temas de primera plana deberán ser tratados por el fiscal, sino que debe promover un sistema que permita reducir al mínimo posible la impunidad en el estado.

Federico Garza también tendrá que acelerar la investigación sobre la ecuación corrupta, el juicio contra el exdiputado Enrique Flores, sobre la anterior administración de la Auditoría Superior del Estado y desahogar todos los casos de posibles desvíos de recursos en administraciones municipales y estatales en todo San Luis Potosí.

Ya de pasada, Garza Herrera debería proponer que se reforme la figura del vocero de seguridad pública del estado, hoy a cargo de Armando Oviedo Ábrego, para que no sea solo una labor de cifras alegres, como se ha manejado hasta ahora, sino que de verdad funja como enlace entre las autoridades y la ciudadanía, en situaciones de riesgo.

A eso hay que sumarle la intensa labor que el nuevo fiscal deberá asumir para garantizar la verdadera autonomía de la Fiscalía. Un buen comienzo sería presentar un documento en las próximas semanas en las que indique un plazo máximo en el que la transición de la Procuraduría General de Justicia a la Fiscalía General del Estado pueda estar completa.

El problema para Garza Herrera es que la limpia, la resolución de crímenes, la reconfiguración del trabajo actual y la búsqueda de autonomía, todo, debe ser realizado desde el principio y de manera simultánea. Aiwei.

Federico Garza ya recibió el voto de confianza. Ahora debe mostrar que valía la pena.

@TormentoMarin

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